Pay per view versus acceso masivo a recursos

En la sesión de tarde de la I Jornada Técnica de Bibliotecas de Ciencias de la Salud me ha llamado la atención el contraste entre las apuestas profesionales de los centros de documentación de las empresas farmacéuticas frente a las bibliotecas públicas del sistema sanitario.

El sector público quiere dar a sus investigadores acceso libre a la ingente cantidad de recursos que ofrecen las grandes multinacionales de la edición científica. José Manuel Báez, Director de Infraestructura de la FECYT, manifestó con claridad que el proyecto de la BECYT de compra consorciada de licencias nacionales sólo adquiere pleno sentido si incluye a la gran mayoría del sistema I+D español, incluido los profesionales de la Salud. Un gran acuerdo para un acceso masivo. A ello se añade la apuesta de entidades públicas por materiales de acceso gratuito, como la colección open access de Scielo (presentada por Elena Primo) o la digitalización de fondo histórico de la UCM en el proyecto Google Book Search (presentado por Juan Carlos Domínguez). Todo parece dirigido a aumentar la oferta documental para el usuario final sin que tenga que asumir ningún coste por el uso.

Por el contrario, los documentalistas de empresas del sector parecen ver su rol profesional desde una óptica totalmente contraria. Gonzalo Marco, responsable de la Unidad de Fuentes de Información en GlaxoSmithKline, defendió la alternativa del sistema pay-per-view, para una gestión más eficaz. Aunque el coste por artículo suba, permite asegurar que se paga por calidad no por cantidad. Este sistema se adapta a comunidades pequeñas que desean planificar sus recursos.

En el sector público se apuesta por la integración de todos los recursos con el catálogo de la biblioteca en una única herramienta metabuscador + servidor de enlaces. María Goretti Misas presentó la aplicación de la Universidad de Málaga, un sistema muy similar al que van evolucionando todas las bibliotecas universitarias. Su objetivo es aumentar el uso de la gran cantidad de recursos electrónicos de que se dispone.

Por el contrario, en el sector privado se apuesta por sistemas de reducción de la oferta. Su leit motiv: “pagar sólo por lo que necesitamos”. Ángeles Flores, Directora del Departamento de Documentación de Lilly, expuso la experiencia de su empresa con el agregador de Ovid, para construir una base de datos personalizada. Se integran diferentes fuentes bibliográficas pero extrayendo un conjunto determinado por una amplia estrategia de búsqueda previamente establecida. El documentalista o bibliotecario de un centro especializado ha de gestionar los filtros para dar una oferta a medida, depurar, no aumentar la oferta de posibles documentos.

Se juntan dos factores que caracterizan la función del documentalista en el sector privado: el económico (énfasis en la contención y justificación precisa de costes) y la personalización para comunidades muy concretas de usuarios (adaptación a perfiles muy concretos). Una filosofía de trabajo muy diferente a la del sector público, más igualitaria, más abierta, pero que también corre el riesgo de masificar en exceso su oferta de recursos.

Tema del mes de marzo 2007: Información relacionada con la salud

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  1. Estupendo análisis de la situación, Luis.

    Yo que trabajo en un centro de documentación privado, aunque en el sector legal y no médico, observo una situación muy similar. Por un lado, desde el punto de vista de mi empleador se prefiere la pertinencia antes que la exhaustividad. Todo el mundo trabaja con plazos muy ajustados y no pueden dedicar mucho tiempo a investigar los temas así que casi te piden la frase exacta que necesitan. Y respecto a la compra de contenidos sucede lo mismo.

    Y desde el punto de vista de los profesionales en mi sector observo una autarquía extrema. Cuando hablas de cooperación o de compartir experiencias te suelen mirar con cara rara. Personalmente considero que estos dos conceptos no son incompatibles con trabajar en el sector privado pero aún queda bastante camino por andar.