De comediscos, transistores y e-books

A raíz de un breve que envié a IWETEL la semana pasada sobre el despegue de los lectores de e-books en EE UU, hemos podido leer algunas sabias reflexiones sobre el asunto de Francisco Tosete y J.M. Gálvez. Mi primera impresión es que va a ser difícil inventar un aparato para la lectura mejor que un libro, más ergonómico y portátil, más cálido y perfecto como objeto.

Los libros digitales son tan antiguos como la música digital, pero los reproductores han vivido una vida completamente distinta. Mientras que para “asuntos sonoros” se ha avanzado con botas de siete leguas, con la lectura no ha sido así. Si comparamos iPods y similares con los transistores “pegaos a la oreja” de la infancia o los flamantes comediscos que lucíamos con orgullo, el avance es espectacular. Nada que ver con los lectores de libros y, francamente, creo que es porque no han conseguido crear aún un compañero tan perfecto y portátil como el libro de bolsillo.

En EE UU los reproductores de e-books están empezando a despegar gracias a una tecnología de pantallas que no emiten luz, como antes, sino que reflejan la luz ambiente, talmente como el papel. Esto parece importante para una generación lectora que aún suele imprimir para leer. Hay otras ventajas que allanan el camino a los lectores de e-books, como la alta capacidad de almacenaje de las tarjetas digitales, la creciente autonomía (7.500 páginas) y la posibilidad de descargar libros electrónicos sin cables y sin la intermediación de un ordenador. Eso, además de la enorme ventaja que supone poder llevar una buena pila de libros en un solo “aparato”.

Precio aparte, creo que la tecnología abrirá nuevas puertas a los libros agotados, descatalogados y de dominio público. Respecto a la biblioteca, creo que los lectores de e-books pueden llegar a ser aliados en las campañas de promoción de lectura y, por qué no, en el ahorro de costes. Para el mercado del libro, la extensión de los dispositivos de e-lectura va a suponer un gran desafío, así como para las entidades de gestión de derechos de autor. Las normas que regían la vida del libro tradicional no podrán ser aplicadas en este caso, y habrá que moverse en un entorno similar al de la música digital, tan permeable a la piratería…

Veo ventajas enormes e indudables en la extensión de unos reproductores de e-books cómodos y asequibles, pero para los que amamos la materia de los libros solo puedo imaginar un futuro donde lleguen a convivir en paz con el libro tradicional. Y además pienso, ¿cómo podría dedicarnos un libro electrónico nuestro autor favorito?

María Jesús del Olmo
IRC director
Information Resource Center
Embassy of the U.S. of America, Madrid