La Inteligencia Competitiva: una asignatura pendiente en España

En los últimos años ha comenzado a adquirir una especial relevancia el concepto Inteligencia Competitiva que la SCIP, la Sociedad de Profesionales de la Inteligencia Competitiva (sociedad creada en Estados Unidos en 1986) viene a definir como el proceso de conocimiento y análisis del entorno competitivo enfocado a una toma eficaz de decisiones. En este proceso sólo cabe la recogida de información legal (por tanto se excluye el espionaje) que una vez analizada y enviada a los centros de decisión de una organización permite tomar la decisión adecuada.

Sin embargo, aún siendo esta terminología más o menos novedosa, el conocimiento del entorno para la toma de decisiones ha sido materia de preocupación desde siempre. En España, por ejemplo, a finales del siglo XVIII en el Correo Mercantil y sus Indias, publicación que inicia su andadura el 1 de octubre de 1792, Gallard, su editor, nos indicaba en la presentación de la misma que los comerciantes que alcanzaban un mayor éxito en sus empresas eran aquellos que conocían lo que ocurría a su alrededor y, por ello, les recomendaba tener en cuenta:

los temporales, las cosechas, el aumento y disminución de consumos, la abundancia o escasez de frutos en los pueblos, sus variaciones en gustos, sus diferentes tratos y alianzas, sus providencias económicas, sus empresas mercantiles, su progreso en las artes.

Siendo, por tanto, una disciplina que entronca directamente con la gestión de la información, se hace extraño que su presencia en los planes de estudio de los títulos de Diplomado en Biblioteconomía y Licenciado en Documentación haya sido poco más o menos que anecdótica, o que en el diseño del título que Grado que comienza a implantarse, y que sustituye a los anteriores, podamos decir lo mismo.

Las figuras en las que los titulados en documentación pueden desarrollar las labores de búsqueda de información en el proceso global de la Inteligencia Competitiva son muchas, y en muy diversos lugares, ya sea dentro de determinadas organizaciones (como Cámaras de Comercio, asociaciones empresariales, centros tecnológicos), dentro de muy distintos departamentos de las empresas (y no sólo en los departamentos de I+D) o como consultores independientes.

Habría sido necesario, en el proceso de diseño del nuevo título de grado, un debate profundo acerca de las innumerables salidas profesionales que la gestión de la información conlleva en todos sus frentes. En ocasiones parece que las posturas de defensa de determinados ámbitos tradicionales van en contra de otros nuevos ámbitos que nos han traído la Sociedad de la Información y del Conocimiento, más bien vistos como un enemigo a batir en lugar de un eficaz aliado. Estas disputas generan un cierto asombro ya que vendría a ser algo así como si en Medicina los defensores del estudio de una parte del cuerpo humano no reconocieran o vieran con recelo a los estudiosos de las otras partes del cuerpo ¿qué pensaríamos del mundo de la Medicina?

Así, parece lógico pensar que desde los estudios que tienen como objetivo la gestión de la información en todas sus fases y en todo tipo de organizaciones (aunque no siempre muchos profesionales y docentes lo hayan entendido así) comiencen a planificarse materias sobre vigilancia tecnológica e inteligencia competitiva en todos sus ciclos.

El pasado mes de febrero nos reuníamos en Madrid un grupo de personas para constituir la Sociedad Española de Promoción de la Inteligencia Competitiva (ASEPIC), presidida por Carlos Blanco, presidente nacional de Eulen, y que ha fusionado en una única asociación a entidades anteriores como la SEPIC, Sociedad Española de Profesionales de la Inteligencia Competitiva que ha dirigido desde su constitución Eliana Benjumeda.

España tiene un conglomerado muy diverso y heterogéneo de centros de información de todo tipo, desde públicos a privados, y muy dispersos, debido a que la España de las Autonomías conlleva un modelo descentralizado en muchas políticas de información, incluidas las de la información empresarial. Curiosamente en ese modelo tan variado al empresariado le cuesta llegar a esa información.

El estudio “Propuestas para la mejora del sistema de transferencia de tecnología al tejido empresarial valenciano” realizado por la Confederación Empresarial Valenciana y la Fundación Bancaja en 2001 señalaba un cierto desencanto por parte de los empresarios valencianos acerca del consumo de información. Los empresarios incidían en la falta de información en materia de innovación para ser aplicada a sus empresas, debido en parte a que la dimensión de las pymes les impidía tener en muchos casos personal capacitado para absorber esa información y aplicarla a la producción. También la escasa conciencia por la innovación como un valor estratégico y la percepción muy individualista del trabajo manifestada en el rechazo a compartir conocimientos, y el miedo a ser copiado.

Personalmente entiendo que algunas razones de peso que han dado lugar a esa percepción y actitudes del empresariado se encuentra en la dimensión tan reducida de la empresa española y en la formación del empresariado español. De hecho si se analiza la estructura empresarial española, a partir del tamaño de la empresa, se observa una elevada atomización o concentración. Algo más de la mitad de las empresas no tienen asalariados (51%) y el 43% tiene menos de 10 trabajadores. Estas cifras sumadas nos indican que el 94% de las empresas españolas o no tienen asalariados o tienen una plantilla muy escasa. Además, el 5,79% corresponde a empresas con plantillas entre 10 y 200 trabajadores. Y si sumamos el número de empresas que se encuentran por encima de los 200 trabajadores, el porcentaje total de empresas se sitúa en España en el 0,18% del total.

Una situación que requiere unas políticas de apoyo informativo a las PYMES diferente a la de los centros de investigación, con un profesional cercano a las mismas. Pienso que la figura del agente que visita a las empresas, ya como consultor independiente, o como agente de plantilla de las Cámaras o de las innumerables asociaciones empresariales, en sus diferentes ramas, puede ser una solución.

En una de las publicaciones sobre los servicios de información técnica de la Fundación COTEC, que tanto está haciendo en España por la difusión de la innovación (en su más amplio sentido), se mencionaba el estudio que en 1973 un grupo de expertos de la OCDE realizó sobre la situación de la información científica y técnica en España, en la que estos expertos se extrañaban de que mientras en nuestro país existía un servicio modélico en el sector agrario, como el Servicio de Extensión Agraria (lamentablemente ya desaparecido), no hubiese sido posible instaurar algo similar en el sector industrial.

Si además nos fijamos en el profesional que trabaja dentro de la empresa, no hay que pensar en la figura del bibliotecario y/o documentalista en la empresa, al menos en su concepción tradicional, como una figura eficaz. En un seminario de la desaparecida FID al que asistí en Granada en 1994, Karl Kalseth, que era presidente del Comité FID/II (Información para la Industria) apuntaba que las destrezas del bibliotecario no satisfacían en absoluto las necesidades de la empresa, y que los empresarios y/o directivos requerían de especialistas que supieran gestionar con fluidez y competencia la información buscando el “conocimiento mejorado”, de tal manera que era el centro de información el que debía adaptarse a la empresa, y no al revés.

Como todos sabemos “no hay nada nuevo bajo el Sol”, así que miremos fuera de España para ver, por ejemplo, cerca de nuestro país, lo que están haciendo nuestros colegas franceses de la ADBS, de la FEPIE -Fédération des Professionnels de l’Intelligence Economique-, de la Association Française pour la Promotion de l’Intelligence Economique et Concurrentielle (SCIP France), o del Institut Français de l’Intelligence Economique (IFIE).

Además, en España diferentes informes han puesto de manifiesto la necesidad de transformar la economía española, desde un sistema productivo basado en el “ladrillo” a una “economía del conocimiento”, donde la investigación, y en general los procesos de innovación (no sólo la innovación tecnológica), conformen las bases de la economía productiva. Amar Bhidé, profesor de la Universidad de Columbia, en su obra The venturesome economy incide en que el crecimiento de los países procede de la capacidad de innovar más que de la inversión en tecnología. De manera que en épocas de crisis, con escasos recursos financieros, la innovación basada en la creatividad y en equipos motivados permite conseguir mejoras sustanciales en el tejido productivo. Pensemos qué papel juega el conocimiento del entorno y la información en estos procesos.

En mi región, la Administración regional extremeña, en el contexto de su programa Innoveex destinado a potenciar la innovación en el tejido empresarial extremeño va a desarrollar en 2009 una estrategia específica de Inteligencia Competitiva. Así, la vicepresidenta económica de la Junta de Extremadura señaló en una jornada el pasado 12 de marzo de 2009, que dentro de Innoveex se está desarrollando un sistema de vigilancia estratégica con el objetivo fundamental de introducir el concepto Inteligencia Competitiva en el tejido empresarial extremeño.

Bien, tenemos la disciplina, tenemos el ámbito natural de desarrollo académico de la misma (los estudios de información y documentación), tenemos la posibilidad de incentivar un nuevo profesional y el apoyo de todas las Administraciones que impulsan políticas de innovación en la empresa, en las que la información se convierte en parte del proceso

¿A qué esperamos? Además, 2009 es el Año Europeo de la Innovación

Antonio Muñoz Cañavate
Facultad de Biblioteconomía y Documentación
Universidad de Extremadura

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  1. Interesante, cada vez aparecen más definiciones de inteligencias… será que una definición única es algo que se nos escapa.

  2. Durante esta última semana de marzo se presentó el Primer Master Interuniversitario en “Analista de Inteligencia”, organizado por conjuntamente por la Univerisdad Rey Juan Carlos y por la Carlos III de Madrid. Donde muchos de los docentes pertenecen a Facultades y Departamentos de Biblioteconomía y Documentación.
    El objetivo principal es formar profesionales capaces de trabajar como analistas en unidades de producción de inteligencia, servicios de estudio, análisis y prospectiva o gabinetes de planificación estratégica de entidades públicas o privadas.