De la documentación editorial y los editores: dos pinceladas

Juan Miguel Sánchez Vigil

Toda crítica sobre la indiferencia en cuestión documental en este campo resulta ya inútil. La mayoría de las editoriales clásicas han sufrido la destrucción de sus archivos. Sorprendentemente, en la sociedad de la información, cuando la gestión del conocimiento es una clave del desarrollo, la documentación no está en el paquete de “preferencias” (toda rentabilidad no inmediata no se contempla). Pero el fenómeno de la “invisibilidad” de los documentos; es decir, de la desaparición de los mismos, es reciente. Hasta finales de los años setenta del siglo XX, gran parte de las empresas guardaban sus memorias. ¿Qué ha pasado entonces? En una primera reflexión pensemos en la concentración de las editoriales, en la globalización. La suma de todos compone una nueva empresa, pero las características de los “todos” se ignoran o se pierden.

Hablemos ahora del editor. El llamado fenómeno de rotación en las librerías se ha vivido, se vive, exactamente igual en las editoriales. Si escribiéramos en un papel los nombres de los editores y los de las editoriales, y trazáramos líneas rectas desde los nombres propios a los de las instituciones, compondríamos el más intrincado de los laberintos. Aquel estuvo allí y hoy está aquí; este no es de acá sino de allá… ¿Consecuencia? El miedo a ser borrado de la lista y el “silencio de los corderos”; esto es: “Quien se mueve no sale en la foto”. Respuesta de los implicados (lógica y acertada visto lo visto): sigamos la corriente y dejemos que se cumpla el ciclo hasta que el responsable de contenidos cambie de firma. Un par de meses de respiro y otra vez a sufrir hasta que alguien se de cuenta de que tampoco ese era su puesto…

Juan Miguel Sánchez Vigil

(Juan Miguel Sánchez Vigil y Manuel Durán Blázquez impartirán el curso Gestión y documentación editorial: un artefacto llamado libro los días 23 y 24 de marzo en las aulas de SEDIC).