Arte e identidad en la red, o cómo las bibliotecas del Goethe Institut salieron de su zona de confort

«A ver, necesitaré 8 cables 0,3 VYY con conexión jack-minijack, y un amplificador de auriculares Samson C-QUE8, que da más calidad que el de Behringer. Sí, la estructura medirá unos tres metros de alto y la performance tendrá lugar en el foro K.»

Cuando empecé a trabajar en una biblioteca la verdad es que nunca pensé que frases como la anterior formarían parte de mi día a día. Y sin embargo, teniendo en cuenta la evolución no sólo de las bibliotecas, sino en particular de la red de bibliotecas de la que formo parte, estoy cada vez más convencida de que no será una experiencia aislada.

Empecemos por el principio: trabajo para la biblioteca del Goethe-Institut Madrid. El Goethe-Institut es el instituto de cultura de la República Federal de Alemania, equiparable al Instituto Cervantes o al British Council, y su meta es transmitir una visión amplia y actual de Alemania por medio de información sobre la vida cultural, social y política del país. En concreto, las bibliotecas, según nuestra página web oficial, «facilitan informaciones acerca de aspectos actuales de la vida cultural, social y política en Alemania.»

© Goethe-Institut Madrid, Foto: David Sirven.

© Goethe-Institut Madrid, Foto: David Sirven.

Pero tod@s, o por lo menos tod@s l@s que estamos leyendo este texto, sabemos que hace ya tiempo que las bibliotecas hacen más que eso. Aunque la colección y las bibliotecas presenciales a las que los usuarios pueden venir a informarse, educarse y entretenerse siguen siendo la base de nuestro trabajo, las actividades de las todas las bibliotecas, grandes y pequeñas, incluyen ya presentaciones de libros, proyecciones de películas, charlas, actividades con niños y familias, juegos, exposiciones y mucho más. Y no sólo eso: desde hace unos años, las bibliotecas de la red mundial del Goethe-Institut se han hecho cargo de las actividades en red y en redes sociales de los institutos. En la práctica, eso significa que los webmaster, redactores web y encargadas de redes sociales de todos los institutos Goethe del mundo no son un departamento aparte, sino que son parte del departamento de biblioteca.

Esta decisión vino, como imaginaréis, acompañada de mucha polémica: ¿se trataba de una estrategia para ahorrar en costes de personal y formación? ¿Era el primer paso de un plan a largo plazo para convertir en prescindibles y obsoletas las bibliotecas presenciales? ¿O era una oportunidad para lograr al fin la visibilidad que nos merecemos? Las bibliotecarias, también en el Goethe-Institut, siempre sometidas a la absurda presión de tener que justificar nuestra utilidad y existencia, no lo veíamos claro.

Hasta que, en alguna reunión de bibliotecarios Goethe de algún rincón de Europa, surgió una idea: si las bibliotecas van a ser el nexo de unión de toda la presencia en red del Goethe-Institut, propongamos un proyecto digital tan innovador y tan creativo que demostrará de una vez por todas lo que valen y lo que aportan las bibliotecas.

straming-egosY así surgió, tras muchas más reuniones, litros de café y también alguna que otra cerveza, Streaming Egos. La idea era, sin duda, original y relevante: seis países europeos explorando diferentes aspectos de la relación entre la red y la identidad, a través del arte, el activismo, la conversación, la reflexión. Llevarla a la práctica ha venido acompañada de una serie de retos y experiencias que sin duda han chocado con lo que podríamos llamar el trabajo bibliotecario de base. Estos han sido algunos de los aspectos más destacados y sorprendentes.

  • Creación y creadores: proponer a un artista la creación de una obra de arte, aunque sea ajustándose a una serie de pautas técnicas y de contenido, siempre conlleva una incertidumbre respecto al resultado. En nuestro caso, en muchas ocasiones las creaciones no se correspondían en nada con lo que nosotros habíamos imaginado, lo que nos planteó el siguiente desafío: ¿reconducimos las obras, planteando a las artistas pautas más específicas? Así nos acercaríamos más a los resultados deseados, pero inhibiríamos la libertad de expresión de los artistas. ¿Dónde termina la imagen corporativa y la identidad de nuestra institución y dónde empieza la censura?
  • Interacción con el público: ¿cómo hacer que nuestros usuarios se interesen por un proyecto tan alejado de todo lo que la biblioteca les ofrece normalmente? ¿Cómo podrían participar activamente? Se plantearon una serie de retos en cuanto a manejo de redes sociales, configuración de páginas web y colaboración con otros departamentos e instituciones.
  • Infraestructura: normalmente, los requisitos para un evento organizado por la biblioteca se limitan a unos micrófonos, quizá un proyector y, en nuestro caso particular, la instalación de traducción simultánea. Con este proyecto nos vimos aprendiendo la diferencia entre una performance y una intervención en el espacio (no, no es lo mismo), consultando con transportes de arte y reflexionando sobre la diferencia de peso que puede haber entre el oleo y el acrílico.
  • Multitasking: y todo esto lo aprendíamos mientras seguíamos seleccionando pedidos, catalogando, atendiendo a usuarios, organizando presentaciones de libros y atendiendo la página web y las redes sociales del instituto.
Video Flag, by Nam June Paik.

Video Flag, by Nam June Paik.

El proyecto no ha terminado: el 16 y 17 de enero se presentarán los resultados en el NRW-Forum en Düsseldorf, Alemania, y allí, entre todos, en un proceso abierto discutiremos sobre el futuro del proyecto. Sin embargo, sí puede ser el momento para plantearse un primer balance. ¿Ha merecido la pena? ¿Es necesario que las bibliotecarias nos salgamos hasta este punto de nuestra zona de confort? ¿No corremos el peligro de alejarnos nuestra profesión, de nuestras raíces, de lo que el público realmente espera de nosotras? ¿No hay otros profesionales, museos, galerías, blogs, instituciones culturales para desarrollar este tipo de proyectos? En resumen: ¿por qué nosotros?

Para mí la respuesta está clara: porque nosotras tuvimos la idea. Porque, si no lo hacemos nosotros, ¿quién lo va a hacer? Porque las bibliotecas hace mucho que dejaron de ser meros repositorios de documentos para convertirse en participantes activos de la sociedad. Porque el tema de las redes y la identidad nos interesa particularmente. Porque queremos aprender, evolucionar, cometer errores y ser valientes, no necesariamente en ese orden. Porque, ¿por qué no?

Me encantaría que dejarás vuestras opiniones, preguntas o reflexiones en la sección de comentarios.

6 comentarios Escribir un comentario

  1. En los tiempos en que vivimos, alejarnos de la zona de confort no es solo absolutamente necesario, sino totalmente enriquecedor. Enhorabuena por la valentía, esto es sólo el primer paso 😉

  2. Las nuevas tecnologías forman parte de nuestra vida y no se les puede dar la espalda o ignorarla. Yo estudié en una Escuela universitaria muy pequeña, con una biblioteca más pequeña todavía y con escasos o nulos recursos. Encontrar un libro era casi misión imposible, porque o bien no lo tenían o estaba tan solicitado que para cuando te llegase el turno, podía darse que ya hubieras terminado la carrera. Por eso me tocó recorrer todas las bibliotecas de otras facultades en busca de los libros que necesitaba.(Ahora con Internet, ese problema ya no existe. Un click y lo tienes todo). Sin embargo, yo que he recorrido muchas bibliotecas, en los años que estudie en la EOI solamente fui una vez a la biblioteca de la EOI, y en los años que estudie en el Goethe ninguna. Y no es porque no haya ido a biblioteca durante estos años, que he seguido yendo y mucho. Tal vez el problema es la visibilidad , el uso y el desconocimiento de este tipo de bibliotecas más especializadas,el que hace que en vuestro caso renovarse o morir sea una máxima.

    • Tienes mucha razón, Sonia, en el caso de bibliotecas especializadas, es especialmente difícil llegar al público interesado. En nuestro caso ofrecemos unos fondos y servicios muy accesibles, ni si quiera hace falta saber alemán y no son sólo de aprendizaje de idioma, hay películas, novela negra, muchos libros en español… el problema, como siempre, es la comunicación. Las nuevas tecnologías ayudan, pero por otra parte todas estamos ya saturadas de información… En fin, que hay que seguir arriesgandose y probando cosas nuevas, aunque salgan mal. Moverse o morir…

      • Ea cierto lo que dices sobre las nuevas tecnologías y hay algo que internet de momento no tiene, una persona que te puede aconsejar sobre los libros, darte su opinión y hasta desearte un buen día. Haceis muy bien en arriesgar y salir de vuestra zona de confort y seguro que os va a ir muy bien, porque lo que proponeis parece interesante y lo único que puede hacer es sumar y enriqueceros y enriquecernos. A moverse!! 😉

  3. No conocía esta iniciativa pero me alegro descubrila. Estoy 100% de acuerdo con Ud en lo que concierne el papel de las bibliotecas hoy en día. Es necesario experimentar nuevas cosas porque, claro, las tareas de antes se están desapareciendo.