Makerspaces y aprendizaje colaborativo

Learning by doing, un término tan de moda en educación, puede encontrar en los makerspaces sus mejores aliados. Aprender haciendo, cometiendo errores, colaborando… Ya, en el S. XVIII, Pestolazzi, pedagogo suizo, defendía el aprendizaje a partir de la actividad personal. En el sistema educativo actual el foco se proyecta en el alumno y el docente se convierte en un facilitador del proceso de aprendizaje. ¿Cómo debe demostrarse este aprendizaje? Mediante la práctica, el trabajo en equipo y desde una perspectiva global.

¿Qué papel pueden jugar los makerspaces? Un papel clave si saben aprovechar las oportunidades que les brinda el ámbito educativo. Los makerspaces surgen en Estados Unidos, en el ámbito de la cultura o movimiento maker. Se conciben como unos espacios físicos para hacer cosas, compartir recursos y conocimientos. La revista Make, considerada la publicación central del movimiento, recopila proyectos del tipo Do It Yourself (DIY) o Do It With Other (DIWO).

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En Estados Unidos, este movimiento surgió fuera de la comunidad académica y luego se ha ido implantando en diferentes instituciones educativas: Whale Lab del Weaton College, FabLab de la Stanford University, Thinkbox de Case Western Reserve University…; incluso se han desarrollado proyectos como Students as producer en la Lincoln University (Reino Unido).

En España, el término ni siquiera se ha traducido al español. Las primeras iniciativas parten de movimientos que, luego, se han configurado como asociaciones del tipo Makespace Madrid.

¿Por qué no han calado en la Universidad siendo el entorno académico un lugar tan propicio para el desarrollo de este tipo de espacios? Quizás por los costes económicos que, a corto plazo, supondría su implementación pero, a largo plazo, se verían superados por los beneficios.

La Universidad sería un lugar idóneo para la implantación de este tipo de espacios en los que los alumnos podrían desarrollar un aprendizaje basado en la investigación. ¿Qué beneficios aportarían?

  • Se podrían convertir en laboratorios de investigación y experimentación, en los campus universitarios, permitiendo la colaboración e intercambio de ideas entre alumnos de diferentes áreas.
  • Permitirían generar sinergias con otras universidades, trabajar de forma colaborativa en proyectos conjuntos, vincular Campus.
  • Favorecerían el aprendizaje colaborativo.
  • Potenciarían el emprendimiento.
  • Permitirían a los alumnos la creación de productos que podrían interesar a los futuros empleadores.
  • Las actividades realizadas por los alumnos podrían contabilizarse como créditos.

Las posibilidades y oportunidades que ofrecerían serían múltiples.

¿Cómo implantarlos en las universidades españolas?

Jefa de Procesos e Información Especializada en la Biblioteca de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Miembro de la Junta Directiva de SEDIC.