Juan Marsé: solamente un narrador

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Fotografía: Instituto Cervantes

“…procura tener una buena historia que contar,
y procura contarla bien…”

Juan Marsé

Rosario López de Prado

El 23 de abril, Día del Libro, en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, los Reyes de España le entregaron a Juan Marsé el Premio Cervantes de Literatura en lengua castellana. Una vez más, SEDIC estuvo allí.

Sin concederse demasiados méritos, pero sin excusas, Marsé reconoce buscar refugio en el realismo más escueto, en la verdad directa. Confiesa que arma sus obras con la paciencia artesana y laboriosa del aprendiz de joyero que un día fue: “No me siento a gusto manejando teorías acerca de la naturaleza o la finalidad de la ficción […] Bastante trabajo me da mantener en pie a los personajes, hacerlos creíbles, cercanos y veraces”.

Nada menos. Tan habituados estamos a la vanidad, que a menudo perdemos de vista lo cierto. En literatura (y en tantas otras cosas), se confunde lo incomprensible con el genio, cuando es justamente lo contrario. Lo único más difícil que contar una historia verdadera, es que parezca cierta.

Para varias generaciones de españoles, Juan Marsé ha sido quien, con la rara virtud de lo concreto, nos habló de infancias y juventudes extraordinarias en su normalidad. Todos éramos Juan Marsé, todos sus libros eran nuestras vidas. Tebeos, “aventis”, cine, novelas, historias y más historias. ¿Quién no tuvo una prima Montse, quien no se cruzó con Pijoaparte, quien no conoció un Java que le contara fábulas? ¿Quién no padeció las baladronadas de un teniente Bravo? ¿Quién, en fin, no corrió por las calles y las plazas de su Guinardó particular?. Todos estamos en sus páginas, todos nos conocemos y reconocemos. Por eso, y sólo por eso, el pasado Día del Libro, le daban el Cervantes a uno de los nuestros.

En el discurso de agradecimiento, Marsé habló de las posibilidades de haber sido otro, de lo que debería haber sido y lo que hubiera hecho si no hubiera sido el que es. De tantas posibilidades de haber sido otro y de tantas esperanzas puesta en quien no era. Y de quien es en realidad: alguien que sólo se representa a sí mismo. Solamente un narrador.

Le parecerá poco.

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