Código deontológico, identidad profesional y derechos humanos

Esta mañana, la Red de Bibliotecas del Instituto Cervantes celebraba su II Jornada Profesional, en cooperación con SEDIC y la revista Educación y Biblioteca, con un amplio programa sobre cambio y tradición en la identidad profesional. Por la tarde, la Facultad de Documentación de la Universidad Complutense de Madrid convocaba una mesa redonda sobre la relación entre bibliotecas, archivos y derechos humanos, con motivo de la conmemoración del aniversario de la Declaración Universal. En ambos actos coincidió la participación de la actual presidenta de la ALA, Camila Alire. En el plano de las ideas también hubo coincidencias; en los dos eventos se reivindicó la necesidad de desarrollar un código deontológico, para reforzar la defensa de los derechos humanos en las bibliotecas (José Antonio Magán) y como consolidación frente a la desprofesionalización (Paz Fernández).

En la mesa redonda de la UCM, organizada por Pedro López y el Colectivo de Docentes de Información y Documentación por el Compromiso Social, quedó plasmada la relación intrínseca de archivos y bibliotecas con la defensa de los derechos humanos. Por tanto, un elemento a añadir a las numerosas reflexiones sobre la identidad profesional que se apuntaron en la jornada del Instituto Cervantes. Entre las ideas clave más repetidas en la mañana, pueden citarse la defensa del asociacionismo, la adaptación a las nuevas generaciones de usuarios, la sistematización de las competencias profesionales, la colaboración con el usuario en la web social y la apuesta por nuevas actitudes de innovación, comunicación y márketing.

La jornada permitió también algunas comparaciones con el desarrollo de las bibliotecas en Estados Unidos. A pesar de que se vivan realidades con similitudes, hay dos aspectos en los que se destacaron grandes diferencias. Camila Alire subrayó el compromiso de los bibliotecarios universitarios con el conocimiento académico de la disciplina de especialización, un aspecto que creo que se está perdiendo en España con la tendencia a centralizar servicios y la formación generalista en la universidad. La segunda idea que me pareció diferenciadora, es la profundidad en el modo de entender y practicar la diversidad desde las bibliotecas públicas, como posteriormente se encargó de mostrar con ejemplos Salvador Vergara.

En el turno de debate se planteó una polémica interesante: la necesidad de replantear la rigidez normativa en los temarios de las oposiciones, un elemento clave en los estereotipos tradicionales del bibliotecario en España. Profesionales sin complejos, como Fernando Juárez, ya han abandonado aspectos que parecían inmutables como la sacralización del silencio. Puede ser que las pequeñas bibliotecas tengan más facilidades que las grandes instituciones para abrazar cambios en profundidad.

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