18 de Septiembre de 2009

Experiencia de un autor de canciones en las redes sociales

Santiago Auserón
La huella sonora

Quizá interese a los amigos de SEDIC contrastar sus experiencias en las redes sociales de internet en torno al mundo del libro con las de un autor de canciones contemporáneo, que desarrolló primero su trayectoria a través de los medios de comunicación convencionales y recientemente ha empezado a difundir su trabajo a través de dichas redes.

Después de un corto renacimiento cultural durante los años de la transición, que impulsó la creación de nuevas formas de canto en español hasta el primer plano de la actualidad pública, los intereses predominantes en el circuito de la canción comercial han conducido al sector a una especie de callejón sin salida. Solamente los productos más comerciales adquieren dimensión pública a través de los medios mayoritarios en sintonía con la industria. Todo esfuerzo de creación por parte de los artistas jóvenes, o de los que han consolidado una carrera duradera asumiendo algún riesgo artístico, ve puesto su futuro en entredicho.

La posibilidad de promover el trabajo creativo a través de internet, abierta en principio para cualquier usuario, se enfrenta a la ingente masa de información que circula en la red, de entre la cual es casi imposible que destaque alguna propuesta, si no cuenta con fuentes paralelas de información que den a conocer las cualidades del producto. La apertura y la libertad de la red solamente son útiles para los creadores si los usuarios se pueden guiar por algún criterio selectivo en su búsqueda de novedades.

En este punto, las redes sociales como Facebook, Twitter o MySpace, cumplen la función de acercar la información al usuario y permitir que se extienda en círculos de amigos. Es muy importante reconocer la diferencia que estas redes aportan en relación con los medios convencionales: éstos se dirigen a un público masivo indiferenciado, anónimo, del cual sólo obtienen información estadística, considerada como índice de audiencia que permite calcular la inversión publicitaria conveniente para provocar una reacción pública inmediata. Pese a que, en última instancia, es el público el que tiene la última palabra, los expertos en marketing saben cómo construir la imagen de la mercancía, especialmente entre el público más joven, pero también entre los adultos de clase media más interesados en el consumo que en la cultura. Los adolescentes y los consumidores pasivos aceptan de buen grado seguir la corriente que más suena. Los medios mayoritarios generan por un lado expectativas entre los anunciantes, en base al potencial de sus audiencias, mientras por otro se constituyen en grupos de comunicación que adquieren peso considerable ante los partidos que aspiran a gestionar el poder público y sen ven tentados a favorecer de un modo u otro los intereses de los grupos de comunicación que les apoyan.

Todo ello genera una situación viciada, en la que la actividad económica de un sector de la cultura y el potencial público de los medios de comunicación desembocan, paradójicamente, en un detrimento de la calidad de los contenidos.

Las redes sociales de internet, tales como Facebook, Myspace o Twitter puede permitir luchar contra esa inercia. Una propuesta creativa puede convertirse en información que circule entre grupos de amigos cada vez más amplios. Hay que tener cuidado, sin embargo, en no confundir las redes sociales con puntos de venta de mercancía cultural. Para eso están los operadores especializados en internet o los proveedores clásicos. Cualquier manipulación en ese sentido alertará al usuario de la necesidad de buscar información por otros canales. Es necesario un tacto particular —una búsqueda de equilibrio entre el ámbito de lo público y lo privado, una redefinición de sus relaciones— para conseguir que las redes sociales en internet favorezcan el desarrollo de propuestas culturales.

Mi experiencia personal reciente me ha llevado a establecer una relación interesante con miles de usuarios de las redes sociales, especialmente en Facebook. Ellos han aceptado que les muestre una fase privada de mi trabajo de composición, que comparta con ellos los bocetos de las nuevas canciones y los comentarios acerca de las ideas en germen. No se trata de producto acabado, sino de trabajo en curso.

Perfil de Santiago Auserón en Facebook

Perfil de Santiago Auserón en Facebook

Un dato importante: de los miles de amigos que aceptan prestar atención a estas propuestas, sólo unos pocos se muestran como verdaderamente activos. Pero forman un núcleo de gente muy cercana a la actividad artística, personas que leen buena literatura, que escriben bien, que van a conciertos, que hacen música o al menos tienen oído fino, que están muy cerca de ser artistas ellos mismos. Si no lo son, porque sus dedicaciones o profesiones van por otro camino, representan una minoría social dinamizadora de la actividad cultural real en nuestra sociedad.

Nada asegura que estas vías de difusión del trabajo artístico vayan a tener una incidencia directa en su posterior comercialización. Pero al menos nos permiten saltar la barrera que interponen los medios mayoritarios, inaugurar un nuevo modo de relación con los destinatarios, asegurarnos de que el porvenir de nuestra cultura no se halla secuestrado por completo, de que hay un sector de público por el que merece la pena sostener el esfuerzo creativo.

Santiago Auserón
La huella sonora

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8 de Abril de 2009

La Biblioteca de la Universidad Carlos III en Facebook

La avalancha 2.0 está aquí. Cada día conocemos una nueva herramienta, cada vez más fácil de usar, más versátil y más favorecedora de la participación de los usuarios en el quehacer cotidiano de las bibliotecas. Ante esto se pueden hacer dos cosas: ver cómo pasa el tren a toda velocidad desde el andén o subirse en marcha.
Si nos quedamos en el andén corremos el riesgo de que no vuelva a pasar otro convoy. Por eso, en la biblioteca de la Universidad Carlos III, decidimos subirnos en marcha aun sabiendo que una actitud así de arriesgada podría suponer alguna que otra magulladura. Y hemos puesto en marcha bastantes iniciativas de la biblioteca 2.0: varios blogs, nuestro campus en Second Life, Twitter, la página de Facebook

¿Por qué crear una página en Facebook? Porque, como dijo allí mismo en un mensaje una compañera “la biblioteca ya está donde está la gente”. Las redes sociales son una realidad que cada vez tiene más implantación, de forma que ya hay pocos españoles entre 13 y 50 años que no pertenezcan al menos a una. (El País, 26 de marzo de 2009) No hay más que pasearse por nuestras aulas informáticas para ver con qué frecuencia la pantalla que los alumnos estarán contemplando mostrará el color azul claro de Tuenti o el algo más oscuro de Facebook.

Elegimos Facebook primero por la posibilidad de crear una página institucional (algo que Tuenti no ofrece) y, sobre todo, porque tiene una gran implantación entre nuestra comunidad universitaria. Sólo con hacer algunas búsquedas sencillas se puede comprobar que más de 250 usuarios tienen en su perfil nuestra Universidad como lugar de trabajo, que hay creados más de 100 grupos que tienen relación de una u otra manera con la Universidad, ya sea como alumnos, antiguos alumnos, alumnos extranjeros, departamentos, titulaciones, grupos de investigación, actividades extraacadémicas, etc. Y que alguno de esos grupos tiene más de 2.000 miembros. Por eso nos pareció un lugar muy adecuado para estar, siempre teniendo en cuenta que la actividad de esa página está destinada precisamente a los componentes de estos grupos dentro de la red social.

En menos de una semana de funcionamiento (del 20 al 26 de marzo), la página consiguió reunir más de 100 seguidores y había recibido casi 1.500 visitas. Ojalá siga creciendo.

Francisco López Hernández
Coordinador de Apoyo a la Docencia
Biblioteca (Edificio Menéndez Pidal)
Universidad Carlos III de Madrid

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