Juan Gelman: manantiales de consuelo
“Sólo quien, desde el
dolor, ha escrito con
verdadero goce puede dar
a sus lectores un gozo
semejante”
Juan Gelman
Foto: Instituto Cervantes
El pasado 23 de abril, Día del Libro, Juan Gelman, poeta argentino, recibió de manos de los Reyes de España el Premio Cervantes de Literatura en lengua castellana. SEDIC tuvo el honor de representar en el acto a todos sus socios.
Gelman agradeció el premio con un discurso de prosa tan impecable como emotiva. A través de sus palabras fue trenzando, sin márgenes para la duda, una estrecha relación entre las razones de la poesía y el desgarro de su propia vida. Se reconoció “lector devoto de Cervantes” y fue identificando con él los males antiguos que todavía aquejan al hombre: la injusticia, la corrupción, la impotencia, la penuria, la muerte.
No ha sido ajena a ninguno de estos males la vida de Juan Gelman. Conoció la persecución, el exilio, la desesperación, la muerte a distancia, ese horror que ya Cervantes denunciaba. Su historia personal no está lejos de las grandes tragedias. Pero es a la lírica a quien se aproxima, a San Juan de la Cruz y Santa Teresa, de quienes toma el sentimiento de dolor por “la presencia ausente del amado”. En su caso, el país del que fue expulsado, que lo obligó a vivir “bajo la lluvia ajena”. Sufrió la desaparición de sus hijos y su nuera, tuvo que huir de Argentina y temió que la nieta nacida en cautiverio se hubiera perdido para siempre. Declara: “Y yo moría muchas veces y más con cada noticia de un amigo o compañero asesinado o desaparecido que agrandaba la pérdida de lo amado”. Pero ni se doblegó, ni cedió ante el infortunio. En medio de lo más crudo de las persecuciones, convocó una rueda de prensa en una chabola de Buenos Aires, donde denunció, uno por uno, los crímenes de la dictadura militar argentina, y fue capaz de seguir el tenue rastro de su nieta durante más de veinte años, hasta que la encontró en un país vecino. ¿Qué le otorgó a Juan Gelman tal fortaleza? ¿Fueron tal vez las palabras de los otros, o la capacidad de verter su dolor en la poesía, “de pie contra la muerte”? Probablemente, ambas cosas.
A sus lectores, Gelman les ofrece dos valiosos regalos. Su obra poética, sin duda una de las más bellas y delicadas de la literatura en español, y su postura ante la vida. A los que nos encargamos de los libros nos confiere, además, la importancia de disponer de la llave de un refugio, de un elixir contra las penas.
Por todo ello, muchas gracias, Juan Gelman. Gracias por el valor de resistir, de denunciar, de no ceder. Gracias por la poesía. Gracias por explicarnos el valor de las palabras. Gracias, en nombre de los bibliotecarios por proclamar, con toda claridad, que en El Quijote, en la poesía, en los libros, se encuentran, incluso en los peores momentos, “manantiales de consuelo”.
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