17 de Abril de 2009

Redes sociales y lectura

Un amigo mío, Quique, un día tomando café conoció a una mujer, Amparo. Por esa característica de la condición humana de ser amables, se pusieron a hablar y la cosa acabó en una interesante relación intelectual. Quique recomienda música a Amparo y él recibe las recomendaciones de lecturas que ella le hace. Lo mismo nos pasa a muchos de nosotros, compartimos aficiones con otras personas y tenemos amigos (o conocemos a alguien que conoce alguien) que son nuestros líderes de opinión en alguna materia: cine, lectura, teatro, bares de tapas… Son nuestras redes sociales de recomendación.

Hasta aquí nada nuevo, pero desde la perspectiva de la Web 2.0 se enfatiza dos aspectos. El primero es que la validez de la recomendación es totalmente subjetiva, y no depende de la formación de quien la emite, más bien en una coincidencia de gustos entre quien emite la opinión y quien la recibe. El segundo aspecto es que ahora estas relaciones se pueden mantener a través de Internet, es lo que ha traído la Web Social, un reflejo y/o una herramienta para construir esas redes sociales de recomendación.

Redes sociales y lectura

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Ilustración: © Guillermo Seguí

Las implicaciones de la Web Social en la lectura, los libros y las bibliotecas son muy amplias y ya existe cierta bibliografía al respecto. Las recomendaciones de lectura han generado principalmente tres tipos de herramientas: los sitios de catalogación social, los OPACs sociales y aplicaciones en sitios de redes sociales.

  1. Los sitios de catalogación social permiten a los usuarios describir y compartir sus bibliotecas particulares. A partir de ahí surgen recomendaciones automáticas o personales, se descubren personas con gustos similares de otra parte del mundo, o se pueden seguir las lecturas que están haciendo nuestros amigos. Existen varios sitios de este tipo que ya han sido analizados y entre todos ellos destaca LibraryThing.
  2. Otras bibliotecas o consorcios han optado por incluir las funcionalidades de recomendación y otras formas de participación del usuario en el propio OPAC desarrollando lo que se ha dado en llamar el OPAC Social: catálogos bibliográficos abiertos a la participación del usuario. Entre ellos destaca por su importancia y su integración con otras herramientas WorldCat de la OCLC y por su innovación y estar construido (en parte) con software libre el de la Ann Arbor Distric Library.
  3. Algunos sitios de redes sociales de tipo generalista como Facebook disponen de aplicaciones que permiten a los usuarios compartir y recomendar sus lecturas. En Facebook, quizá la plataforma más desarrollada, podemos encontrar la integración de otros sitios web como LibraryThing y WorldCat citados anteriormente o bien aplicaciones específicas con este propósito. Las aplicación más utilizadas son Visual BookShelf y WeRead, además del fenómeno de moda LivingSocial.

El papel de las bibliotecas

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Ilustración: © Guillermo Seguí

Los usuarios crean sus propias redes de recomendación y nada impide que en éstas se incluya al personal de la biblioteca. Si esto ya ocurre de forma verbal en cualquier mostrador, ahora se puede hacer en un contexto digital. Las bibliotecas pueden utilizar las redes sociales. Cada una debe analizar si le conviene participar y cómo hacerlo. Estos sitios web también pueden ser aprovechados para conocer las opiniones de sus usuarios, mejorar la colección, descubrir novelas sobre algún tema,…

Así pues muchos de nuestros usuarios ya han aceptado estas formas de comunicación y relación, ha llegado nuestro momento de tomar decisiones.

Dídac Margaix-Arnal
http://dospuntocero.dmaweb.info

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31 de Enero de 2008

Leer o no leer, he ahí el dilema

A punto de acabar enero, y después de haber leído con fruición las interesantes contribuciones sobre el tema del mes, no quería dejar de aportar un breve resumen del reciente informe del National Endowment for the Arts, titulado To Read or Not To Read, que se refiere a la lectura en EE UU como actividad de ocio y fuente de placer.

A modo de introducción, quería hacer una reflexión sobre cómo abordan lectura y escritura nuestros adolescentes. Lo primero que me pregunto es si todos nosotros -incluidos los que planean encuestas, analizan datos o redactan informes- no estaremos inmersos en un “paradigma lector” ya superado. En relación con esto, me parece de utilidad recordar aquí que, según la prensa de esta semana, las grandes discográficas dan por agotado el modelo de negocio vigente, y ya se están planteando ofrecer a los músicos otro tipo de servicios como la promoción virtual, la mercadotecnia de todo tipo, o el montaje de conciertos; pero el hecho es que consideran que los CDs ya no son negocio…

Sería estupendo recibir algún post de adolescentes que pudiera iluminarnos sobre su visión de la lectura. Yo pongo siempre un par de ejemplos muy cercanos para ilustrar la relación de los jóvenes con las tecnologías y la lectura. Hace un par de años, cuando mi ahijada tenía 16, fui a verla a París, donde vive. Me sorprendió que se pasara la tarde entera, 4 ó 5 horas, conectada por el móvil con su “novio” que tenía tarifa plana y a quien, por cierto, veía todos los días en el cole. No es que hablaran todo el rato, no, pero la línea estaba abierta. Ella hacía los deberes, oía música, jugaba con el ordenador, navegaba, enviaba algún email, se conectaba al Messenger, echaba un ojo a la TV … todo mientras comentaba con su novio, de vez en cuando, lo que hacía, sus dudas, sus ideas, y quién llegaba de visita a casa. Tamaña capacidad “conectiva” tiene por fuerza que afectar a la manera de entender el mundo, de enfocar el aprendizaje, y de concebir el ocio y las relaciones sociales. Por otro lado, mi sobrina de 15 años que parece pensar solo en salir, estar guapa, y mandarse mensajes de todo tipo con sus amistades, es capaz de devorar con fruición trilogías interminables que comenta y recomienda con fruición; la pasión por los “novelones” va jalonada, eso sí, de prolongadas “calvas lectoras”.

No me cabe duda de que estas dos “jovencitas” -ambas conectadas electrónica y socialmente- muestran una aproximación a la lectura distinta a la que acostumbramos. Y que su capacidad de acometer distintas tareas al mismo tiempo es muy superior a la nuestra. También es posible que no quede otro remedio para los nuevos lectores, nacidos ya digitales, que adaptarse a un entorno cambiante, lleno de estímulos simultáneos de diversa procedencia.

Es cierto que la amplísima oferta de ocio y entretenimiento disponible supone una fuerte competencia para la lectura placentera. Pero a cambio, la costumbre de escribir -y de leer, por tanto- retorna. ¿No es el email, el Messenger y el “eseemeese” la nueva forma que adopta el género epistolar? Los chicos escriben y leen en la Web social, así pasan el rato y, sobre todo, se comunican; ahí tenemos también la lecto-escritura por placer, en un sitio y en un modo bien distinto al que se acostumbraba. Esto me lleva a pensar en el grado de competencia lectora que alcanzaríamos nosotros, lectores avezados, ante un texto escrito con letra procesal del siglo XVI. Creo que el salto entre nosotros y nuestros jóvenes es aún mayor que el que acabo de usar como ejemplo.

En EE UU hay ya bibliotecas que explotan las nuevas capacidades comunicadoras de los jóvenes para captar nuevos lectores y ofrecerles servicios a su medida, como el MySpace de la Biblioteca Pública de Seattle gestionado por un “Centro de Asesores Adolescentes”, 17 jóvenes de entre 14 y 18 año, al que os recomiendo echar un vistazo.

To Read or Not To Read: la lectura voluntaria

El informe del NEA que voy a comentar se refiere a la lectura como elemento de ocio y fuente placer, y establece unas interesantísimas correlaciones, que no relaciones causales, entre la competencia lectora y algunos factores de éxito social y “buena vida”.

La habilidad lectora de los jóvenes estadounidenses está en retroceso, como la de los españoles según el informe PISA. Lo que es diferente de este reciente estudio es el nuevo análisis que aplica a un conjunto de datos ya conocidos en EE UU. Han usado informes de procedencia diversa, como los elaborados regularmente por agencias del gobierno federal y otras instituciones académicas, así como estudios y encuestas llevados a cabo por fundaciones, think-tanks, y el sector privado.

La conclusión a que llega To Read or Not To Read es que existe un alarmante declive de los índices de lectura en jóvenes y adultos, a pesar del progreso constante de la habilidad lectora de los estudiantes de primaria. Dicho progreso lector parece detenerse abruptamente cuando los niños llegan a la adolescencia y, sorprendentemente, no experimenta mejoría alguna en el caso de estudiantes y titulados universitarios. El informe destaca que una deficiente capacidad lectora tiene consecuencias para la población en el orden social, económico, cultural y cívico.

El informe del NEA llega a conclusiones que nos resultan familiares: los jóvenes estadounidenses no solo leen menos, sino que también leen peor, y por ello obtienen peores resultados académicos. La deficiente comprensión lectora está íntimamente ligada a una tasa más alta de abandono escolar y a una mayor dificultad para integrarse en el mercado de trabajo: desempleo, salarios bajos y menos oportunidades de mejora. Aunque el informe aclara que no existe una relación de causalidad entre los datos que maneja, recuerda que la población reclusa de EE UU muestra índices bajísimos de lecto-escritura y apunta que existe también una correlación entre los “malos lectores” y la ausencia de compromiso social, de participación cívica o de vida cultural.

El informe también defiende que el hecho de leer o no leer, junto a la calidad y cantidad del hábito lector, juega un papel esencial en la buena vida del individuo. La lectura regular impulsa el éxito académico y económico de las personas, pero además parece despertar el afán por la participación cívica y ciudadana. No es de extrañar tampoco que los “buenos” lectores vayan más a conciertos, al teatro y a exposiciones; más curioso puede resultar el hecho de que los lectores asiduos también practican más deporte y ejercicio físico, independientemente del nivel educativo alcanzado. Según el informe, no cabe duda de que los libros son capaces de cambiar la vida a mejor.

Abunda el informe en que la lectura es esencial para la configuración de una sociedad libre y próspera. La lectura placentera es una actividad irremplazable para el desarrollo de ciudadanos “activos y productivos” y de grupos humanos saludables. Aunque los medios electrónicos puedan también ofrecer beneficios, en ningún caso pueden sustituir el desarrollo intelectual y personal que supone la lectura frecuente. Así que recomienda a padres, profesores, bibliotecarios, escritores, editores, políticos, empresarios, economistas y activistas sociales que se pongan manos a la obra para frenar el declive de la lectura en EE UU; porque ese declive no es solo un asunto cultural, aunque tenga una clara repercusión en la literatura y las artes, es un problema muy serio que afecta a la sociedad en su conjunto. Si el declive que muestra el informe continuara al mismo ritmo, la sociedad estadounidense sufriría las consecuencias del retroceso producido en las esferas económica, cívica y social. Lo que pretende el estudio es, por tanto, plantear un debate, ya que consideran suficientemente probado que el problema es acuciante. EL NEA alerta a los estadounidenses: ha llegado el momento de enfrentarse al problema y dedicar más atención y más recursos a fomentar la lectura, actividad fundamental e irremplazable para toda democracia que se precie.

¿Nos suena? Quiero recordar aquí algunas de las cosas que han dicho nuestros políticos a raíz de los malos resultados obtenidos por los estudiantes españoles en el informe PISA; desde recordar la deficiente financiación del gobierno anterior a las bibliotecas, hasta considerar que nuestra sociedad “merece” los resultados obtenidos. Creo sinceramente que como profesionales del ramo deberíamos reaccionar y saltar a la arena pública para recordar el papel dinamizador de las bibliotecas como elementos esenciales para la educación de la sociedad en su conjunto y para el aprendizaje permanente. Del mismo modo, la tarea de las bibliotecas públicas en cuanto a la integración de los más desfavorecidos y de los recién llegados debe ser destacada y fomentada por las administraciones públicas, en lugar de caer en consideraciones fatalistas sobre la pobreza intelectual de la sociedad española ante los resultados descendentes del hábito lector de nuestros jóvenes.

Como he comentado, To Read or Not To Read demuestra que la comprensión lectora de los jóvenes estadounidenses está también en claro descenso. Los lectores juveniles leen menos veces y menos tiempo cada vez, en comparación con otros grupos de edad y con los jóvenes de hace 20 años. Algunos datos son destacables, como el hecho de que uno de cada tres estudiantes universitarios no dedica ningún tiempo a la “lectura voluntaria y placentera”. Históricamente, el cambio en los hábitos lectores va unido al auge de Internet, de modo que los lectores habituales notan también la competencia de otros medios, lo que resulta en una acumulación de tareas simultáneas y en una menor capacidad de concentración en el texto. Por ejemplo, el 58% de los estudiantes de secundaria y bachillerato usan otros medios a la vez que leen y el 20% de su tiempo de lectura se comparte con la TV, los vídeos, los videojuegos, el envío de mensajes instantáneos, emails y “esemeeses” y navegar por Internet. Al mismo tiempo que esto sucede con los jóvenes “multitarea” en EE UU, los hogares invierten menos que nunca en la compra de libros y, como recuerda el informe, existe una clarísima correlación entre el número de libros de un hogar y el éxito académico de los hijos.

Con esto termino ya la explicación de lo que podéis hallar en To Read or Not To Read y vuelvo a preguntarme, como al principio, si para comprender las profundas transformaciones que está sufriendo el paradigma lector en el mundo occidental necesitaremos cambiar radicalmente el enfoque y dejar de lado nuestras viejas “lentes analógicas” de lectores satisfechos.

María Jesús del Olmo
Information Resource Center
Embassy of the US of America, Madrid

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20 de Enero de 2008

Relación entre libros de éxito y nivel de lectura

Me han llamado la atención las estadísticas de préstamo de la red de bibliotecas municipales de Barcelona, difundidas recientemente en Internet. La catedral del mar y La sombra del viento ocupan los primeros lugares. Dos novelas de tinte local que han tenido también un notable éxito en toda España, pero sobre las cuáles mi impresión personal es que se trata de obras que muestran cierto aire de literatura juvenil, agradables de leer pero con muy escaso nivel literario. ¿Qué función están cumpliendo las bibliotecas en este sentido? No se observa diferencia con los datos que pudiera mostrar la venta de libros.

Quizás es un error por parte de las bibliotecas publicar este tipo de top ten. Estos libros no necesitan más publicidad. Por el contrario si tendría un gran interés unir el registro de cada obra con las opiniones recibidas. El universo de los blogs y los foros en Internet son una fuente de gran interés para localizar críticas literarias elaboradas con total libertad por múltiples lectores. En este revuelto mar, encuentro una crítica a La catedral del mar, firmada por “El Alquimista del tedio” en el blog Devaneos, en la que se incluye un interesante argumento para aportar al tema del mes sobre el estado de la lectura:

Si libros como este son éxitos en ventas, se deben principalmente a que en nuestro país se lee poco. Mucha gente lee un par de libros al año, la mayoría de las veces en verano, y un libro de esta clase, de los denominados como “novela histórica” que generan en el lector la ilusión de que aprenden historia, al tiempo que leen y se entretienen, junto con una lectura fácil y donde las acciones en las que se mezcla la aventura con amores y desamores, venganzas, celos, injusticias, etc son bastante previsibles, hacen de estos libros un pasatiempo estupendo, sino que le pregunten a Dan Brown. Leer pocos libros lleva a pensar que éste que tenemos entre manos “es la bomba”, cuando es otra fotocopia más de miles de libros anteriores similares…

La idea es convincente. Los bajos índices de lectura provocan una lógica incapacidad de los lectores para la crítica, ya que se carece de suficiente background de experiencias anteriores con las que comparar la obra que se pone de moda. El terreno queda abonado para que la publicidad logre imponer un puñado de obras. Y el interés comercial es que el lector no se salga de este reducido círculo. La biblioteca no debería apostar por este mismo entreguismo.

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14 de Enero de 2008

Hacia una sociedad con otros lectores

Txetxu Barandiarán

Me invitan los amigos del SEDIC a debatir sobre el futuro de los lectores y no de la lectura ya que la misma sin lectores o sin mediación humana no existe.

He escrito a lo largo de estos tres últimos años tanto en mi blog anterior como en el actual unas cuantas reflexiones e ideas hasta el punto de que, lo confesaré sin recato, me resulta difícil decir algo nuevo, más todavía cuando el interés sobre el futuro de los lectores parece funcionar siempre a golpe de llama exterior sea ésta una evaluación que nos deja en aparente mal lugar como el PISA, sean los datos de comercio interior de los editores, de los hábitos de lectura o del uso que hacemos de las distintas actividades de ocio.

Me voy a permitir, por lo tanto platear algunas afirmaciones, cinco nada más, medianamente probadas o documentadas para incluir, finalmente, una reflexión que me surgió leyendo a un filósofo y que quizás demuestre que el enfoque que estamos dando a todo este asunto de la lectura no es del todo el más adecuado o es tan fragmentario en función de los intereses que seremos incapaces de avanzar en una dirección adecuada.

  1. En España no sabemos lo que es la lectura. Esta podría ser la constatación más reciente. Los legisladores han sido incapaces de proponer una definición en la nueva Ley de la lectura, del libro y de las bibliotecas. La lectura es lo único que queda sin definirse explícitamente en la nueva Ley. Véase el artículo 2 de la misma. Quizás el hecho de no saber ha hecho que en los últimos 6 años disminuya el número de lectores.
  2. En general muchos de los estudios que se realizan tienen un claro sesgo de interés industrial. Son en su mayoría realizados por un subsector del sector del libro. El denominado sector editorial y, hasta la fecha, los mismos centran su atención exclusivamente a la lectura o no del libro en soporte papel. Ni siquiera se recogen, como sí se hace en la ley, la lectura en otros soportes diferentes al impreso.
  3. Analizamos sin perspectiva. Las vistas a tres años en procesos de evolución de una sociedad y/o en procesos de aprendizaje no son significativos.
  4. Miramos y analizamos con “ojos de papel”. ¿Leen nuestros jóvenes y niños con esos ojos? ¿Dónde acabaremos leyendo?
  5. Algunos datos sueltos parecen indicar con claridad que los jóvenes y niños leen más que los adultos. La cantidad, si hacemos caso a PISA, no parece suponer automáticamente calidad lectora.

Después de dicho lo dicho o escrito lo escrito, leyendo esa pequeña delicia de “Palabras por la lectura” me encuentro como de pasada, como quien no quiere la cosa con una frase de Emilio Lledó que dice así: “El sorprendente fenómeno de la lectura implica un diálogo que rompe el solitario murmullo de nuestra, tantas veces, clausurada y pobre o empobrecida experiencia”. Después de leerlo me preguntaba: ¿no estaremos equivocando el camino?, ¿no estaremos apuntando mal? El problema quizás no esté en la lectura sino en nuestra experiencia vital cada vez más pobre, rácana y autista e incapaz de generar diálogo, debate y pensamiento.

Afirmo: si no cambiamos nuestra experiencia y nuestros modos de vida los cambios lectores serán imposibles. Es más, sin cambios de modelos vitales, la lectura como entretenimiento que es lo que ahora se vende será un nuevo opio del pueblo sea en papel o en digital. Eso será lo de menos.

Txetxu Barandiarán
Consultor en el sector del libro
http://opinionconvalor.nireblog.com

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5 de Octubre de 2007

De comediscos, transistores y e-books

A raíz de un breve que envié a IWETEL la semana pasada sobre el despegue de los lectores de e-books en EE UU, hemos podido leer algunas sabias reflexiones sobre el asunto de Francisco Tosete y J.M. Gálvez. Mi primera impresión es que va a ser difícil inventar un aparato para la lectura mejor que un libro, más ergonómico y portátil, más cálido y perfecto como objeto.

Los libros digitales son tan antiguos como la música digital, pero los reproductores han vivido una vida completamente distinta. Mientras que para “asuntos sonoros” se ha avanzado con botas de siete leguas, con la lectura no ha sido así. Si comparamos iPods y similares con los transistores “pegaos a la oreja” de la infancia o los flamantes comediscos que lucíamos con orgullo, el avance es espectacular. Nada que ver con los lectores de libros y, francamente, creo que es porque no han conseguido crear aún un compañero tan perfecto y portátil como el libro de bolsillo.

En EE UU los reproductores de e-books están empezando a despegar gracias a una tecnología de pantallas que no emiten luz, como antes, sino que reflejan la luz ambiente, talmente como el papel. Esto parece importante para una generación lectora que aún suele imprimir para leer. Hay otras ventajas que allanan el camino a los lectores de e-books, como la alta capacidad de almacenaje de las tarjetas digitales, la creciente autonomía (7.500 páginas) y la posibilidad de descargar libros electrónicos sin cables y sin la intermediación de un ordenador. Eso, además de la enorme ventaja que supone poder llevar una buena pila de libros en un solo “aparato”.

Precio aparte, creo que la tecnología abrirá nuevas puertas a los libros agotados, descatalogados y de dominio público. Respecto a la biblioteca, creo que los lectores de e-books pueden llegar a ser aliados en las campañas de promoción de lectura y, por qué no, en el ahorro de costes. Para el mercado del libro, la extensión de los dispositivos de e-lectura va a suponer un gran desafío, así como para las entidades de gestión de derechos de autor. Las normas que regían la vida del libro tradicional no podrán ser aplicadas en este caso, y habrá que moverse en un entorno similar al de la música digital, tan permeable a la piratería…

Veo ventajas enormes e indudables en la extensión de unos reproductores de e-books cómodos y asequibles, pero para los que amamos la materia de los libros solo puedo imaginar un futuro donde lleguen a convivir en paz con el libro tradicional. Y además pienso, ¿cómo podría dedicarnos un libro electrónico nuestro autor favorito?

María Jesús del Olmo
IRC director
Information Resource Center
Embassy of the U.S. of America, Madrid

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