Cómo llegar al futuro con buen pie: la biblioteca en forma

Por María Jesús del Olmo,
Directora del Centro de Recursos Informativos de la
Embajada de EE UU, Madrid

Desde el año pasado SEDIC se ha implicado en una serie de programas conjuntos con otras asociaciones e instituciones para reflexionar y debatir sobre el futuro de los profesionales de la información y la documentación.

La profesión muestra interés por un futuro que se presenta inquietante, con unos usuarios supuestamente capaces de satisfacer todas sus necesidades informativas en la red. Ante tal perspectiva, el rol tradicional de bibliotecarios y documentalistas parece quedar en entredicho. ¿Qué podemos hacer los bibliotecarios para afrontar ese futuro desolador?

Estos días, hojeando el número de octubre de la revista American Libraries, encontré un artículo que me pareció interesante porque daba una docena de consejos que pueden ser útiles para los profesionales españoles. Al grito de “compartir” voy a hacer una glosa del artículo “Fit Libraries Are Future-Proof” del bibliotecario Steven Bell, que traslada los conceptos de la selección natural de Darwin al mundo bibliotecario en un homenaje particular al científico. Según la teoría de la selección natural, solo los más capaces, los mejor adaptados sobrevivirán; y los mejor adaptados no necesariamente han de ser los más fuertes, los más poderosos o los más grandes.

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En 2009 no solo se celebró el segundo centenario del nacimiento de Darwin, también la crisis económica y financiera golpeó con saña grandes grupos industriales que parecían inamovibles. Ambos hechos condujeron a Bell a pensar que la única forma de que las bibliotecas puedan sobrevivir es manteniéndose en forma, es decir, adaptándose al cambio para seguir siendo relevantes. Como nos recordaba nuestro colega Honorio Penadés en Facebook hace unos días, con aguda brevedad, “Qué bárbaro, la de cosas que hay que aprender para seguir igual que siempre”; es decir, ¡para sobrevivir! Bell plantea que para mantenerse en forma no basta con lanzarse a estudiar las estadísticas de uso de la biblioteca o a tratar de incrementar el número de préstamos; conseguir una biblioteca en forma es un proceso que conlleva una serie de comportamientos consistentes, mucha disciplina, un serio compromiso con la adaptación al cambio y, todo ello, sin olvidarse de disfrutar del proceso. Bell propone una lista de doce acciones que los bibliotecarios pueden acometer para conseguir que sus centros estén en forma y puedan llegar al futuro con buen pie. Las actuaciones que recomienda son:

Pon la antena/sigue al loro: en numerosas ocasiones el usuario nos ofrece ideas de cómo utilizar nuestros recursos a través de su experiencia; esto lo hace con sus sugerencias, pero también con sus quejas. Cuando un usuario nos pregunta por qué no podemos enviarle por SMS parte de la catalogación de un libro, nos está dando ideas. Hay que estar atentos, ser capaces de generar un cambio positivo a través de todas estas ideas nuevas, para lo que hay que desterrar la arraigadísima actitud de minusvalorar al usuario, con la certeza de que los que verdaderamente saben de bibliotecas son los bibliotecarios.

Procura no torpedear la base/ten siempre presente la línea de flotación: para llevar a cabo un verdadero proceso de puesta a punto y manteniemiento no queda más remedio que innovar y la innovación supone siempre arriesgar. Bell recomienda a los bibliotecarios que sean conscientes de que algunos riesgos mal calculados pueden resultar catastróficos para la organización hasta llegar incluso a comprometer su propia supervivencia; por ello aconseja que las acciones que se acometan no solo sean meditadas, sino que estén “por encima de la línea de flotación” de la organización en su conjunto.

No pierdas pie/recurre al “toque local”: es fundamental que la biblioteca recuerde siempre que su existencia se basa en el usuario. Las bibliotecas deben esforzarse en ser relevantes para la comunidad a la que sirven, en vez de empeñarse en tener los mejores y más punteros programas de gestión. Del mismo modo que las bibliotecas universitarias o la escolares suelen tener claro a qué comunidad han de prestar sus servicios, lo mismo han de hacer las bibliotecas públicas: servir a la comunidad local de modo efectivo en vez de tratar de dar todos los servios para todos los usuarios en abstracto.

Embarca al usuario: está claro que hay que tener presentes las expectativas del usuario a la hora de diseñar programas y servicios. Pero nuestra relación con el usuario y el conocimiento de sus necesidades puede mejorar si cambiamos un poco nuestra forma de trabajo. En EE UU es cada vez más frecuente que haya bibliotecarios deambulando en las salas de acceso abierto para ayudar a los usuarios confusos ; y cada vez más los bibliotecarios abandonan sus centros para acudir a aquellos lugares dónde se reúnen las comunidades locales. Bell recomienda hacer partícipe al usuario, buscar su compromiso con la biblioteca como elemento positivo para mejorar la toma de decisiones.

“Pepe Gotera”/repara lo que no funcione: el bibliotecario tiene que esforzarse en adoptar perspectivas distintas y tratar de ver las cosas desde fuera para solucionar los problemas que encuentra el usuario cuando va a la biblioteca y detectar todo aquello que no funcione apropiadamente, desde objetos hasta servicios y procesos. Es difícil que la gente confíe en un negocio donde las cosas fallan o se estropean continuamente, y Bell nos recuerda que lo mismo sucede con la biblioteca.

Practica el arte de la adaptación: el bibliotecario ha de tener muy clara la misión y los objetivos de la biblioteca y luchar por cumplir con dicha misión siempre de forma renovada, aunque sea utilizando métodos poco ortodoxos. Las bibliotecas que consigan ser más flexibles serán más aptas para sobrevivir en el futuro. Para ello recomienda seguir los consejos de Leslie Crutchfield en su obra Forces for Good: The Six Practices of High-Impact Non Profits.

No pierdas comba/y chupa rueda: conviene estar siempre al tanto de por dónde va la profesión y las áreas limítrofes. Para ello recomienda ser disciplinados y establecer un hábito para mantenernos al día; lo mejor es utilizar las herramienta automáticas de que disponemos para que nos llegue la información y estar al día (RSS, búsquedas programadas, etc).

Consigue usuarios entusiastas: si se consigue generar entusiasmo y que los usuarios tengan verdadera pasión por los productos y servicios bibliotecarios, tendremos una red de fervientes admiradores de la bibloteca, que se convertirán en defensores a ultranza de sus servicios y voceros de sus bondades. Para ello no nos queda más remedio que dedicarle tiempo al usuario, mimarlo, formarlo a conciencia para que comprenda la complejidad de los recursos de la biblioteca y sepa ver los beneficios que puede obtener de ella y de sus profesionales, día tras día.

¡Métete en problemas! Muchas veces tendemos a ignorar o dar la espalda a los problemas, o a conformarnos con parches y soluciones poco adecuadas. Para afrontar el futuro debemos siempre estar atentos a los problemas del usuario y aprender de ellos para mejorar nuestros servicios. Hay que tener el ojo avizor, preguntar continuamente y desconfiar del complaciente ¡todo va bien! No basta con ser un “solucionador, hay que tener además un verdadero equipo de buscadores de problemas.

Construye relaciones: a corto plazo, proveer de información o materiales a los usuarios es bueno para que te sigan; pero es fácil prever que pronto el usuario será capaz de encontrar la información por sí mismo, de modo que necesitarán algo más para “seguir siguiéndote”. Para ello hay que construir una verdadera relación con el usuario y darle algo especial, sustantivo, único. La biblioteca construye relaciones duraderas a partir de las relaciones de los bibliotecarios con los usuarios; de igual forma que los seres humanos necesitamos relaciones saludables para estar a gusto mental y físicamente, las bibliotecas llamadas a perdurar han de forjar relaciones consolidadas y estables.

Interioriza los valores fundamentales: para medrar y avanzar hay que tener claros los valores fundamentales de la biblioteca; una vez conseguido esto, todo lo demás va rodado. Es esencial que todo el personal de la biblioteca tenga claros esos valores y los interiorice. Los valores definen qué creemos y cómo hemos de comportarnos, incluso en situaciones difíciles. Para muchos expertos este es el ABC, la base por la que empezar con el proceso de mantenimiento y puesta a punto de la biblioteca.

Cúrate en salud: Bell recomienda leer a fondo en libro de Jim Collins sobre cómo cayeron las compañías más poderosas, titulado How the Mighty Fall. Los tres consejos más relevantes que entresaca del libro para que nuestras bibliotecas se mantengan en forma son:

  • practicar un poco de “paranoia saludable” que nos tenga siempre alerta, sin dormirnos en los laureles, atentos a lo último y a los demás
  • no dejar de evaluar, medir y analizar: la biblioteca debe recoger datos sobre su operación de forma sistemática y evaluar constantemente la relevancia de sus programas y servicios a la luz de las estadísticas y de los objetivos estratégicos de la biblioteca
  • marcarse un camino pausado y estable: aunque el cambio es saludable, el exceso puede hundir cualquier empresa; el cambio excesivo, poco planeado y constante puede debilitar la organización y llegar a ser pernicioso. Los cambios han de estar justificados, ser apropiados y acometidos en el tiempo oportuno.

Bell acaba predicando que mantenerse en forma es la única forma de sobrevivir en un entorno tan complejo como en el que nos movemos los bibliotecarios. Aunque no somos adivinos, opina que establecer un programa para mantener la buena forma y seguir siendo relevantes puede hacernos llegar al futuro con buen pie. Lo más difícil, advierte, es dar el primer paso; pero aquí hay doce posibilidades de actuación para elegir por dónde empezar nuestro programa de mantenimiento.

María Jesús del Olmo,
Directora del Centro de Recursos Informativos de la Embajada de EE UU, Madrid

6 comentarios Escribir un comentario

  1. gracias por las loas, que son, en realidad para Steven Bell, autor del artículo que gloso. Hipólito tiene razón que ponerse a actuar no es tan sencillo… pero hablar de ello quizás pueda ser un primer paso

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