Experiencia de un autor de canciones en las redes sociales

Santiago Auserón
La huella sonora

Quizá interese a los amigos de SEDIC contrastar sus experiencias en las redes sociales de internet en torno al mundo del libro con las de un autor de canciones contemporáneo, que desarrolló primero su trayectoria a través de los medios de comunicación convencionales y recientemente ha empezado a difundir su trabajo a través de dichas redes.

Después de un corto renacimiento cultural durante los años de la transición, que impulsó la creación de nuevas formas de canto en español hasta el primer plano de la actualidad pública, los intereses predominantes en el circuito de la canción comercial han conducido al sector a una especie de callejón sin salida. Solamente los productos más comerciales adquieren dimensión pública a través de los medios mayoritarios en sintonía con la industria. Todo esfuerzo de creación por parte de los artistas jóvenes, o de los que han consolidado una carrera duradera asumiendo algún riesgo artístico, ve puesto su futuro en entredicho.

La posibilidad de promover el trabajo creativo a través de internet, abierta en principio para cualquier usuario, se enfrenta a la ingente masa de información que circula en la red, de entre la cual es casi imposible que destaque alguna propuesta, si no cuenta con fuentes paralelas de información que den a conocer las cualidades del producto. La apertura y la libertad de la red solamente son útiles para los creadores si los usuarios se pueden guiar por algún criterio selectivo en su búsqueda de novedades.

En este punto, las redes sociales como Facebook, Twitter o MySpace, cumplen la función de acercar la información al usuario y permitir que se extienda en círculos de amigos. Es muy importante reconocer la diferencia que estas redes aportan en relación con los medios convencionales: éstos se dirigen a un público masivo indiferenciado, anónimo, del cual sólo obtienen información estadística, considerada como índice de audiencia que permite calcular la inversión publicitaria conveniente para provocar una reacción pública inmediata. Pese a que, en última instancia, es el público el que tiene la última palabra, los expertos en marketing saben cómo construir la imagen de la mercancía, especialmente entre el público más joven, pero también entre los adultos de clase media más interesados en el consumo que en la cultura. Los adolescentes y los consumidores pasivos aceptan de buen grado seguir la corriente que más suena. Los medios mayoritarios generan por un lado expectativas entre los anunciantes, en base al potencial de sus audiencias, mientras por otro se constituyen en grupos de comunicación que adquieren peso considerable ante los partidos que aspiran a gestionar el poder público y sen ven tentados a favorecer de un modo u otro los intereses de los grupos de comunicación que les apoyan.

Todo ello genera una situación viciada, en la que la actividad económica de un sector de la cultura y el potencial público de los medios de comunicación desembocan, paradójicamente, en un detrimento de la calidad de los contenidos.

Las redes sociales de internet, tales como Facebook, Myspace o Twitter puede permitir luchar contra esa inercia. Una propuesta creativa puede convertirse en información que circule entre grupos de amigos cada vez más amplios. Hay que tener cuidado, sin embargo, en no confundir las redes sociales con puntos de venta de mercancía cultural. Para eso están los operadores especializados en internet o los proveedores clásicos. Cualquier manipulación en ese sentido alertará al usuario de la necesidad de buscar información por otros canales. Es necesario un tacto particular —una búsqueda de equilibrio entre el ámbito de lo público y lo privado, una redefinición de sus relaciones— para conseguir que las redes sociales en internet favorezcan el desarrollo de propuestas culturales.

Mi experiencia personal reciente me ha llevado a establecer una relación interesante con miles de usuarios de las redes sociales, especialmente en Facebook. Ellos han aceptado que les muestre una fase privada de mi trabajo de composición, que comparta con ellos los bocetos de las nuevas canciones y los comentarios acerca de las ideas en germen. No se trata de producto acabado, sino de trabajo en curso.

Perfil de Santiago Auserón en Facebook

Perfil de Santiago Auserón en Facebook

Un dato importante: de los miles de amigos que aceptan prestar atención a estas propuestas, sólo unos pocos se muestran como verdaderamente activos. Pero forman un núcleo de gente muy cercana a la actividad artística, personas que leen buena literatura, que escriben bien, que van a conciertos, que hacen música o al menos tienen oído fino, que están muy cerca de ser artistas ellos mismos. Si no lo son, porque sus dedicaciones o profesiones van por otro camino, representan una minoría social dinamizadora de la actividad cultural real en nuestra sociedad.

Nada asegura que estas vías de difusión del trabajo artístico vayan a tener una incidencia directa en su posterior comercialización. Pero al menos nos permiten saltar la barrera que interponen los medios mayoritarios, inaugurar un nuevo modo de relación con los destinatarios, asegurarnos de que el porvenir de nuestra cultura no se halla secuestrado por completo, de que hay un sector de público por el que merece la pena sostener el esfuerzo creativo.

Santiago Auserón
La huella sonora

2 comentarios Escribir un comentario

  1. Pingback: meneame.net

  2. Buenos días Santiago,

    Comparto tu planteamiento y te agradezco mucho tu comentario en el blog.

    En relación con la observación que haces al riesgo de confundir la redes sociales con una alternativa de difusión comercial y a la necesidad de un tacto y un cuidado especial para evitarlo, me pregunto cuántos autores como tú estarían en disposición de actuar de ese modo.

    Por otra parte quisera preguntarte si a la larga el colectivo de las redes sociales podría terminar resultando excesivamente restringido para la difusión de la creación musical, teniendo en cuenta que representa en la práctica un filtro social condicionado por una cierta disposición al uso de tecnologías de la información, y considerando además el aspecto que también mencionas del bajo nivel participativo de los miembros de las comunidades en relación con el número de miembros de las mismas.

    Muchas gracias

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