Discurso del escritor Luis Landero, presidente del Jurado del III Premio Nacional SEDIC a la calidad e innovación en Bibliotecas Rurales, en el acto de entrega del Premio en día 21 de noviembre de 2008 en la Biblioteca Nacional de España

Luis Landero

Creo hablar en nombre de todos los miembros del Jurado si digo que éste es un acto profundamente emotivo. Leyendo las memorias que habéis presentado, no se puede menos que decir: “Vaya, éste es un país que merece la pena”. Aquí hay gente magnífica, que trabaja por causas nobles, con medios escasos (y a veces muy escasos) pero con gran imaginación, entrega, talento y fe en los libros, en la cultura. La cultura de un país no es solo el escaparate y los grandes eventos. No, hay una infantería de la cultura que trabaja en la trastienda y que es la que realmente refleja el nivel de un país. Y, además, en la trastienda apasionante y problemática del mundo rural.

Más que en los oropeles oficiales y en las grandes palabras de los mandatarios, yo creo en esas personas que, con solo su ilusión, su coraje y sus propios méritos, son capaces de cambiar el paisaje cultural de un pueblo. Eso es comprometerse de verdad en la lucha por un mundo mejor. La sociedad tiene una enorme deuda con todas esas personas anónimas que, en los lugares más olvidados de este país, han trabajado y siguen trabajando, para que sus pueblos sean el centro del mundo. Porque allí donde hay una biblioteca, unos ordenadores, un club de lectura, etc., y alguien que cuide de ese fuego y que lo avive cada día, allí está el centro del mundo. Muchos jóvenes encontrarán nuevos caminos en esas bibliotecas y lugares de acogida intelectual. Otros, ya maduros o viejos, encontrarán allí la oportunidad que no tuvieron de jóvenes. Los que somos de pueblo, o los que conocen algo del mundo rural, sabemos la importancia de vuestros empeños. Por eso os admiramos y os queremos tanto. ¡Que haríamos sin los bibliotecarios! ¡Que haríamos sin vosotros!

Decía Brodsky que podemos compartir una manzana, una copa, un taxi, una creencia o un/una amante, pero no un poema o una simple sinfonía, porque toda obra de arte obliga a un dialogo íntimo y original, y así, cada mensaje, cada lectura, resulta intransferible. Lo cual no es poco en esta época en que tantos gigantes y malandrines conspiran para uniformar la voz y el pensamiento. La biblioteca es la casa de la originalidad. Y es la casa del gozo, porque leer tiene la ventaja de la cigarra, que permite cantar placenteramente; y es la casa de la lucidez, porque tiene también la ventaja de la hormiga, que ayuda a acumular un poco de sabiduría para los días hostiles del invierno.

Amigos: enhorabuena, y nuestra infinita gratitud.

Luis Landero

Madrid 21 de Noviembre de 2008

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