Bibliobuses: las mil y una anécdotas

El pasado día 7 de febrero, SEDIC ofreció una visita profesional a las instalaciones de Bibliobuses de la Comunidad de Madrid. la directora del Servicio, fue la cicerone y habló del trabajo que allí se desarrolla y lo que supone esta extensión bibliotecaria que se inició en 1986 bajo el mandado del entonces presidente de la Comunidad, Joaquín Leguina.

Toda la información recibida fue muy valiosa, sin embargo, mi interés se centró en el equipo humano; por eso, sirvan estas líneas para rendir mi particular homenaje a todos los profesionales del Servicio.

Cuando entré en las dependencias de Bibliobuses, sitas en la Av. Laboral, nº 11 (Madrid), la sensación que percibí fue la de taller de ilusiones, donde los diversos profesionales se mueven como laboriosos duendecillos por las oficinas, el depósito, el hangar y las salas de la gran nave. Nadie les ve, pero su actividad no cesa en pos del beneficio social de acercar la lectura allí donde los usuarios lo necesitan.

La plantilla de Bibliobuses está formada por treinta y nueve profesionales entre bibliotecarios y conductores, un auxiliar administrativo, un auxiliar de servicios generales y un jefe de equipo de los bibliobuses. En cada bibliobús sale un conductor y un bibliotecario para cubrir los 13 bibliobuses con que cuenta el Servicio,  más dos conductores suplentes y tres bibliotecarios suplentes.

Los bibliobuses tienen un total de 177 paradas (entre una y tres paradas cada día) y recorre un total de 119 municipios de la Comunidad de Madrid; incluido Madrid capital, considerada como un municipio más, donde se visitan 16 distritos y se efectúan 40 paradas, que traducido todo a medida de longitud, el viaje con retorno incluido, supone muchos kilómetros.

Villamanta es un municipio donde el bibliobús realiza su visita

 La excelencia del Servicio de Bibliobuses es conocida y reconocida, pero poco se sabe de las andanzas de los bibliotecarios. El día a día puede convertirse, a veces, en algo poco llevadero a causa del clima, pues por muy bien acondicionadas que están los bibliotecas móviles es inevitable que el frío y el calor les afecte; o del entorno, pues por bien ubicadas que estén las paradas, los aseos no siempre están cerca. O también, por muy acogedores que sean los municipios y distritos, y amables los usuarios, es inevitable que los bibliotecarios lleguen a estar desbordados por las necesidades de los mismos, olvidando sus propias necesidades, a bastante distancia de la unidad central del Servicio.

Por fortuna los bibliotecarios no van solos. Los conductores de los bibliobuses son sus compañeros de viaje, siempre pendientes del tráfico, la climatología y de cada ruido que emiten los motores de las bibliotecas móviles. Sin el visto bueno de los conductores y del jefe de equipo, en cuanto a estar todo en orden para realizar los desplazamientos rutinarios y exitosos, las  unidades móviles no pueden salir, por lo que se puede decir que son una parte muy importante del Servicio de Bibliobuses.

Sea como fuere, tanto trabajo, tantas horas, tantas rutas, dan para escribir un libro que bien podría titularse Bibliobuses: las mil y una anécdotas. Animo a ello, pues estoy segura de que siguiendo a Ranganathan en cuanto “a cada lector su libro” y “a cada libro su lector”, lectores y usuarios apreciarían todavía más la labor de los profesionales desplazados “que les ahorran tiempo” y les animan a “usar los libros”. Y es que “la biblioteca es un organismo en crecimiento”, pero quien la hace verdaderamente grande son las personas que trabajan en ella, en este caso, en el Servicio de Bibliobuses de la Comunidad de Madrid.