4º Encuentro de la Red de Bibliomóviles de Chile 2018: Una red en crecimiento (1)

“La biblioteca pública va teniendo más sentido para la medición de una cultura, que la misma escuela. Revela el estudio desinteresado: su estadística muestra cuántos hombres y mujeres buscan sin obligación, y sin deseo de diploma, el conocimiento […] Es un verdadero barómetro de la vida mental en un país”

Estas palabras de Gabriela Mistral son sólo una pequeña muestra de todo lo que la Premio Nobel chilena dejó escrito y dicho sobre las bibliotecas públicas y los bibliotecarios que las regentan y mantienen.

En cuanto supe que el 4º Encuentro de Bibliomóviles de Chile se iba a celebrar en el lugar donde la escritora y diplomática obtuvo su habilitación para ejercer como maestra allá por 1910, el actual Museo de la Educación, me lancé a recopilar todas las referencias que pude sobre la opinión que esta intelectual tenía sobre las bibliotecas y en especial sobre las bibliotecas móviles. Había recibido la amable invitación del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas de Chile para acompañar y participar activamente en el desarrollo de dicho

Encuentro, auténtico barómetro de la situación real de la Red de Bibliomóviles, que se celebra cada dos años y del que yo ya tenía sobradas referencias.

Y es que la conexión con los compañeros bibliomovileros chilenos viene de largo. Primero fue Roberto Soto, un baluarte en este sector bibliotecario de nuestro país, quien tuvo la suerte de poder acudir en representación de ACLEBIM al primero de los encuentros que se celebraron, allá por 2012, momento en que la red chilena comenzaba su singladura. Posteriormente pudimos conocer de cerca la realidad de los bibliomóviles chilenos y de alguna manera reconocer su tarea con el Premio Aclebim 2013, entregado durante el VI Congreso de Aclebim, celebrado en Burgos.

Pero esta relación creció aún más y en los sucesivos encuentros chilenos contaron con la presencia de compañeros de la talla de Nuno Marçal y su ponencia «Bibliotecas itinerantes: tejedoras de una Red (+) social» con su nave voladora que existe, insiste y resiste llevando lectura y siempre algo más en tierras portuguesas y por supuesto, Gonzalo Moure y el proyecto Bubisher de bibliobuses y bibliotecas en los campamentos de refugiados saharauis en Tindouf (Argelia), iniciativa a la que estoy plenamente ligado y que he podido conocer de cerca gracias al viaje que realicé el año pasado a las bibliotecas de los campamentos del desierto argelino.

Todas estas referencias consiguieron que mi alegría fuera aún mayor al recibir la cordial invitación. Iba a formar parte de esa gran familia bibliomovilera de la que tanto había leído y conocido gracias a estos gigantes de la lectura móvil y se me ofrecía la oportunidad de aportar un pequeño granito de arena en esta aventura en Red por los caminos de Chile.

“la biblioteca no es sino la institución que recoge la masa adolescente que la escuela entrega con una cultura incompleta, o que salen de los liceos con una instrucción no especializada, o que abandona la Universidad con una mente fatigada de especialidad y que recupera el goce del estudio en campos nuevos”

“La mayor parte de la América Latina acometió la empresa bibliotecaria dentro de una manera que llamaríamos suntuaria, o aristocrática, o mejor, urbanista. Se buscó servir a las ciudades en cuanto a núcleos del país. El estilo fue muy ibero, pero también europeo, y señalado por las marcas digitales de todo régimen colonial. Al llegar la era republicana, no se corrigió la fórmula, ensanchando aquel sistema de abrevadero único, como si la sed de leer que ardía en el pueblo emancipado no obligase a surcar el territorio entero de bibliotecas. Las ciudades pequeñas, y no digamos las aldeas nuestras, o bien poseen bibliotecas paupérrimas o viven rasas de libros, ayunas de esta alegría que es parte del disfrute mismo de vivir; ellas quedaron al margen de la honra de leer, la cual corre pareja con la de ser hombre y no zoología rasa”

Las reflexiones de Gabriela Mistral sobre las bibliotecas nos muestran un panorama que necesitaba de  aires nuevos. Un sistema bibliotecario antiguo, áulico, precario, centrado en la conservación de acervos documentales y escasamente en los usuarios, beneficiarios y receptores de los servicios. La tradición bibliotecaria surcaba esos caminos, pero ella vislumbraba la necesidad de otro tipo de bibliotecas en su país, alabando las precarias pero preciosas bibliotecas provinciales y poniendo el foco de interés en la atención a los usuarios, estuvieran donde estuvieran y en las bibliotecarias y bibliotecarios como profesionales esenciales en estas tareas.

Hoy día, la Red de Bibliomóviles de Chile lo sabe muy bien. Y también sabe que el futuro pasa por contar con una sólida malla que, desde sus diferentes nodos, aporte lo suficiente para mantenerse y crecer. La estructura bibliotecaria del país se encuentra inmersa en una renovación completa. Esto no es óbice para que el actual Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio mantenga con esfuerzo el interés sobre la Red de Bibliomóviles y promueva estos encuentros sectoriales. La comunidad que conforma dicha red necesita de estos eventos para establecer marcos de trabajo, recibir formación, compartir experiencias, conocerse e intercambiar impresiones y mantenerse informada sobre las diferentes realidades laborales de cada equipo así como de la situación en la que se encuentran el resto de servicios de la flota.

La llegada de los convocados, sus perfiles integrados en Redes Regionales, las diferentes iniciativas que han realizado en este bienio pudieron ser disfrutadas en primer lugar dentro de la programación del Encuentro. Concretamente las Redes Regionales de BioBío, Araucanía y Los Ríos llenaron las primeras horas de la mañana del día 8, convirtiendo el auditorio en el altavoz de un país en crecimiento que quiere consolidar los servicios de lectura pública porque sabe que marcan el camino hacia un futuro en positivo.

Y así nos prendamos con una tromba de concursos literarios, celebraciones del Día del Bibliobús, visitas a lugares especiales por su lejanía o difícil accesibilidad. Pudimos conocer la realidad de estos Bibliomóviles a través de unos excelentes audiovisuales. Y también de su esfuerzo para reunirse periódicamente, fortalecer los nodos de cooperación y los esfuerzos de coordinación que van creando y así crecer juntos y de acuerdo con las necesidades de los ciudadanos a los que sirven. Un ejemplo de los resultados es la exposición que pudimos visitar en los patios de la escuela, sobre los 20 años de historia del Dibamóvil de Ovalle, Región de Coquimbo, comisariada por Rodrigo Araya y que completaba el detallado programa del Encuentro.

Detalle de la exposición «20 años de historia del Dibamóvil de Ovalle», Rodrigo Araya con Jose Antonia Julia

Seguimos glosando a la Mistral y a sus sabias reflexiones sobre la profesión bibliotecaria.  Con su prosa fresca y sincera señalaba la importancia social de esta labor:

“No hay nada más fácil que amontonar libros: eso no cuesta más que enfilar ladrillos y hay gentes que ordenan sus volúmenes para la eternidad […] ellos realmente matan cada obra que enclavan en sus anaqueles. Gracias a Dios existe también los bibliotecarios jóvenes o los viejos quemadores de su generación y éstos manejan el santo depósito que le entregaron lo mismo si fueran las represas del Valle de Tennessi. Saben muy bien que el libro se hizo para circular, ambular […] Guardianes vivos de muros vivos, estas gentes valen un tesoro: husmean el temperamento tanto como los intereses del cliente tímido y salen al encuentro de ellos”

“para esto no sirve cualquier bachiller, sirven los escritores jóvenes que andan por ahí castigados, copiando oficios o estadísticas en las oficinas públicas”. Y continúa: “ésta es labor para un amante de libros, que aquí, como en toda cosa, el que ama conoce los caminos y con cordial vehemencia va despertando el amor de su criatura”

Palabras todas que vienen al pelo para seguir desgranando la programación de este magnífico encuentro. El combustible de los bibliomovileros y bibliomovileras para mantener la ilusión y el pistón en marcha proviene muchas veces del reconocimiento al trabajo bien hecho. Y en esta ocasión,  este aspecto se ha cuidado con esmero. Como plato fuerte de la jornada inaugural se realizó un merecido homenaje a Doña Elvira Maldini, pionera de los Bibliomóviles con un proyecto de la Universidad de Chile allá por 1968. Una aventurera que junto a su conductor, Eduardo Quintana, creyeron en el valor de lanzarse a la carretera a buscar a los que necesitan la lectura.

Elvira fue recibida con una exquisita presentación del compañero bibliomovilero Rodrigo Araya Elorza, el primero en investigar y sacar a la luz esta historia de pioneras valientes y decididas, a la que siguió una sentida y emocionante muestra de recuerdos y vivencias desde el testimonio de la propia Elvira, historias de un tiempo en el que surcar los caminos de Chile cargados de libros era pura entelequia. Allí estaba la prueba viviente de que es posible llegar al final a un puerto seguro, el lugar donde los herederos de ese Bibliomóvil se reúnen para mejorar en sus rutas y caminos, 50 años después.

Los homenajes y reconocimientos no quedaron ahí. También hubo una entrega de premios y diplomas a aquellos servicios que han destacado en estos dos últimos años de una u otra manera en el desarrollo de su labor. Este año se reconoció las dos décadas de trayectoria del Bibliomóvil de Curicó y a su personal a través de Nelson Muñoz. También a Carlos Mendiboure y el Bibliomóvil Lebu por su aporte constante de información sobre sus actividades y visitas en la web y redes sociales. Y finalmente a los galardonados en el proyecto “Fotografía tu Bibliomóvil”, Luis Vera y el Bibliobús de Corral (Región de Los Ríos) en la categoría de “Bibliomóvil y entorno” y Rosa Vergara y el Bibliomóvil de Maipú en la de “Bibliomóvil y Comunidad”.

Premio a la trayectoria al bibliobus de Curicó y su personal por más de 20 años de trayectoria. Nelson Muñoz, coordinador.

Pero estos merecidos premios y homenajes no son excluyentes y permiten salpicar de emoción un encuentro que nunca perdió de vista el aspecto más técnico de todo engranaje. En este sentido, se ofrecía a todos los asistentes una batería de talleres centrados en la capacitación del personal en aspectos como la comunicación externa, el uso del Sistema de Gestión Bibliotecaria ALEPH, automatización y técnicas de coordinación. Todo un abanico formativo y de gran alcance técnico. Un profesorado de nivel en cada una de sus especialidades y unas infraestructuras adecuadas, entre ellas, las salas de la maravillosa Biblioteca de Santiago, una joya bibliotecaria al servicio de todos los santiaguinos y que pudimos visitar completa y detalladamente, produciéndonos tan grata impresión como para escribir un artículo aparte. Los asistentes nos llevamos un buen conjunto de nuevos conocimientos y afianzamos los que ya poseíamos. El aprendizaje en común y planificado con esmero es mucho más potente que aquel que se acaba adquiriendo en soledad o forzado por las circunstancias.