Decir Araceli es decir biblioteca

Decir Araceli Corbo es decir biblioteca, es decir museo, es decir centro de documentación en arte y es decir todo el entramando que surge al relacionar esas instituciones con la gente y crear porosidades para que entre la vida… Y así todo,  nos estaríamos quedando cortos porque en ese decir no están su sonrisa, su mirada inteligente sobre cualquier cuestión que le interpelara, su calidez en el trato, su capacidad de trabajo infatigable y contagiosa.

Aunque nos resulta todavía inconcebible, por su edad y por la fuerza que ha transmitido siempre, Araceli ha muerto. En sus últimos momentos nos ha dejado un ejemplo despidiéndose en las redes, que ella habitaba con la naturalidad de una nativa, de una manera sencilla, sin dramatismos, con un tuit emocionante y lleno de amor:

Soy de los que creen que todas las obras humanas tienen algo de colectivo, de trabajo comunitario, de saber acumulado y cooperativo. Pero, al mismo tiempo, para que surjan chispas y se produzcan las alegrías que, a veces, nos proporciona el conocimiento humano se necesitan personas. Araceli Corbo era una de esas catalizadoras capaces de descubrir caminos, de aunar iniciativas y de hacernos ver lugares para la acción. Nuestra idea de lo que son y de lo pueden ser las bibliotecas no sería la misma sin haber tenido la suerte de conocer sus actividades profesionales y, en caso de haber tenido esa dicha, de compartir con ella trabajos y proyectos.

Conocí a Araceli por sus obras (cuando montó la biblioteca de CASA en Salamanca, por ejemplo) y por los comentarios de amigos, tanto del mundo de las bibliotecas como del arte, que me hablaban de ella y se asombraban de que no nos conociéramos personalmente. Lila Insúa, Diego del Pozo, José Antonio Merlo, entre otros muchos, me hablaban de Araceli añadiendo un “¿No os conocéis personalmente?” seguido de un  “¡Tenéis que conoceros!”.

Lo que ha hecho ella por la presencia de las bibliotecas y los museos en el ámbito de las redes sociales sería suficiente para que la recordáramos siempre. Pero, sobre todo, creo que es muy valorable su defensa de las instituciones públicas de cultura como espacios abiertos a la sociedad, a las comunidades y colectivos que dan sentido a su existencia. De ahí, por ejemplo, el interés de Araceli Corbo por el feminismo, una corriente de pensamiento que busca una sociedad mejor, una vida mejor para todas las personas, un mundo más habitable y más justo. Ese interés se manifestó en un trabajo intelectual en ese ámbito, tenía una tesis doctoral matriculada, Instituciones Oficiales y Documentación sobre relaciones de Género e Igualdad de Oportunidades en España (1975-2000), pero también supo llevarlo a su labor profesional, a sus proyectos artísticos dentro del museo y a su vida cotidiana.

Esa investigación de doctorado era parte de una amplia actividad de la que dos ejemplos, entre varios, son “Foro: Servicios Informativos y Documentales sobre género y Mujeres” que ella dirigió, y que tuvo tres ediciones en la Universidad de Salamanca entre los años 2002 y 2004, o “Las V Jornadas de Historia de las Mujeres: Mujeres y arte desde una perspectiva histórica” que coordinó en esa misma universidad en noviembre de 2004.

Algo similar ocurre con su interés por las tecnologías, desde una óptica de género, que ha enriquecido nuestra manera de entender las bibliotecas y los centros de arte. Al mismo nivel deberíamos colocar su capacidad para involucrarse en proyectos curatoriales artísticos y su libertad intelectual a la hora de dejarse influir por las prácticas del arte. Sin ser una artista, tal como se entiende en un sentido estricto, supo convertir la biblioteca en una especie de obra de arte colectiva e inacabada en la que la colección documental era una parte muy importante pero otorgando siempre un especial énfasis a lo que ocurre entre las personas que allí se encuentran y a las interacciones entre las obras y los públicos.

A partir de su trabajo en el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (MUSAC), que inició en 2004, la presencia de Araceli en las redes sociales, y su labor en ese centro de arte, hicieron que apareciera en el día a día de todas las profesionales de la información tanto en España como en Latinoamérica. Por eso, durante esos años no ha dejado de participar en foros, encuentros y talleres a ambos lados del Atlántico.

Para ella la idea de red iba más allá del uso de las herramientas y aplicaciones que han cambiado nuestra manera de comunicarnos, de trabajar, de relacionarnos con el mundo. El concepto de red marcaba su manera de estar en la vida y por eso nunca dejó de tejer vínculos entre las personas y de hacer nudos entre la actividad laboral y las relaciones de amistad. Desde el punto de vista profesional hay que destacar la gran aportación que suponen los “Encuentros sobre redes sociales en Museos y centros de arte” que se han celebrado en el MUSAC desde 2010 y que ella alimentaba de contenidos y coordinaba. Para las bibliotecarias inquietas, relacionadas o no con el arte, han sido una fuente de aprendizaje e inspiración. En 2018 (el 10 y el 11 de marzo) se celebró la séptima edición bajo el título “Proliferación de datos”.

Todo indicaba que Araceli y yo teníamos que encontrarnos personalmente y así ocurrió en su casa, en el MUSAC, a finales de 2013. Fue un flechazo a primera vista y desde entonces no hemos dejado de hacer cosas juntas y de compartir proyectos. A ella le debo algunas grandes amigas y muchos momentos de buenas charlas que me han ayudado en el trabajo y en la vida. Además, nos ha unido un campo de interés mutuo en el que ella ha tenido una gran influencia porque fue la responsable de la puesta en marcha de la colección de publicaciones de artista del MUSAC

Su muerte ha sido una mezcla de dolor, incredulidad y rabia. Es como si la muerte (o la vida) hubieran cometido algo muy injusto llevándose a alguien tan vital, tan llena de proyectos y de energía para compartir. Al escribir este texto vuelve el dolor pero también el sentimiento de que Araceli, de alguna manera, no se nos va a ir nunca. Nos queda su trabajo y a quienes la tratamos de cerca el recuerdo de su belleza. Y para todas las bibliotecarias nos queda un ejemplo de profesionalidad que está destinado a perdurar.

Fue una suerte poder compartir con su familia, amistades y compañeros de trabajo el homenaje que le hicieron el MUSAC (su casa en los últimos años). Desde el mes de julio nos habían convocado a todas las personas interesadas para que mandáramos un texto o una imagen en su recuerdo. Con todo ello se hizo un libro, Para Ara, que se mostró ese día y se regaló a su familia. El pdf de la publicación estará muy pronto en la web del MUSAC para que todo el mundo lo pueda ver. La cita para presentar el libro y hacerle el homenaje fue el 7 de septiembre.El hall del museo se llenó de gente y fue muy emocionante escuchar a Manuel Olveira y a Kristine Guzmán hablar de esa fuerza de la vida que fue Araceli. Luego, tres compañeras de sus clases de danza, Paz Brozas, Teresa García y Rosario Graneli, bailaron la pieza “Ara-10 pasos”.

Todo terminó con un concierto de la Fantástica Banda, un grupo que hace canciones con letras de Lorca para el público infantil y que Araceli, siempre pendiente de los más pequeños, quería programar en la Biblioteca.

Pero quizá lo más emocionante de esa tarde fue cuando se descubrió la placa con el nuevo nombre de la Biblioteca y Centro de Documentación del MUSAC: Araceli Corbo. Porque decir Araceli es decir biblioteca.

 

Javier Pérez Iglesias, activista bibliotecaria. Biblioteca de la Facultad de Bellas Artes UCM. Madrid 8 de septiembre de 2019

Dejamos aquí una breve relación de algunas de las publicaciones de Araceli Corbo:

Corbo, A. (2001). Campaña europea contra la violencia de doméstica. En Relaciones de poder entre hombres y mujeres. Madrid: Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.

Corbo, A. (2002). Internet: revolución en las comunicaciones entre mujeres. Relación, toma de contacto de las mujeres hispanas con las Nuevas Tecnologías de la Información. En Congreso Internacional Mujeres, Hombres y Medios de Comunicación. Valladolid: Dirección General de la Mujer.

Corbo, A. (2003). Mujer y Nuevas Tecnologías. En Historia de las Mujeres en España en el Siglo XX (Vol. 4). Madrid: Instituto de la Mujer.

Corbo, A. (2011). Acción, actores y acciones. Relación del profesional de la información con las Nuevas Tecnologías a través de experiencias. Boletín de la Asociación Andaluza de Bibliotecarios, 26(101), 73-91.

Corbo, A. (2017a). Completando discursos: Ediciones especiales del Centro de Documentación del MUSAC. Archivamos: Boletín ACAL, 104, 57-59.

Corbo, A. (2017b). El «Museo del conocimiento «de Lia Perjovschi. Archivamos: Boletín ACAL, 103, 57-59.

Corbo, A. (2018). La Biblioteca Centro de Documentación del MUSAC (Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León). Mi biblioteca: La revista del mundo bibliotecario, 54, 40-43.

Corbo, A., & Sola Pizarro, B. (2016). Mujeres y archivos. Feminismos León: de la buhardilla a la insumisión transfeminista. Archivamos: Boletín ACAL, 58-59.

 

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