El patrimonio bibliográfico, herencia de la sociedad

El patrimonio bibliográfico es, por sus características, el menos conocido de los que conforman el patrimonio histórico. Sin embargo, está repartido en un amplio y variado número de instituciones, pues a la gran cantidad de bibliotecas públicas y privadas, se unen archivos y museos.

El Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico Español, herramienta de control regulada por la Ley de Patrimonio, describe y localiza más de tres millones y medio de ejemplares sitos en 859 instituciones (a 7 de octubre de 2019). Faltan instituciones y muchos ejemplares, pues hay bibliotecas de las que no están todos sus fondos, bibliotecas privadas que no están recogidas, así como los que están en manos de los libreros anticuarios, pero nos hacemos una idea bastante aproximada de su volumen e importancia.

Se trata de la memoria heredada por nuestros antepasados, de un registro del pensamiento secular: la ciencia, los acontecimientos históricos, la religión, el derecho, el entretenimiento, la creación… Son, en definitiva, los peldaños que el hombre ha ido subiendo y que nos ha permitido llegar al presente. Nos ha llegado en diversas formas, desde rollos hasta hojas sueltas, pero predomina el formato que denominamos libro, término que todos conocemos muy bien, pero que tan difícil es definir. Pues bien, una parte sustancial de esa memoria todavía se conserva y la obligación de todos los profesionales relacionados con ella es preservarla y, especialmente, hacerla accesible al resto de la sociedad.

¿Cómo podemos hacerla accesible? Desde luego, no es fácil frente a un edificio histórico, una escultura o una pintura, pero no por ello menos estimulante e importante. Algo básico es el desconocimiento de su existencia por muchos ciudadanos y su escasa repercusión en los medios de comunicación. Bien es cierto que cuando llegan noticias (algún hallazgo o venta espectacular) o se organizan exposiciones y otros actos de difusión, el interés es perceptible. Ahí están las grandes (y más pequeñas) bibliotecas en las redes sociales haciendo llegar unos contenidos sobre sus fondos y la infinidad de información que de ellos se puede extraer. Son muchos sus seguidores (se cuentan por miles, sobresaliendo los casi 300.000 la Biblioteca Nacional), no todos especialistas ni profesionales, lo que multiplica su difusión. Se trata de hacerles llegar la importancia no solo de los fondos, sino de las bibliotecas y de la existencia de profesionales que se encarguen de su tratamiento. Mi experiencia en las redes es muy positiva (2.235 en la página de Facebook “Incunables españoles”) y considero que es el camino que hay que seguir, sin olvidar las exposiciones, presenciales o virtuales, las publicaciones y, siempre que se pueda, la difusión en los medios de comunicación. Esto último no es fácil, pero hay que hacer lo posible por llevar noticias de interés, que siempre las hay.

Sinodal de Aguilafuente

Que un libro antiguo pueda ocupar portadas y espacio en los medios es posible; que un libro antiguo puede generar una recreación histórica, una fiesta, en una localidad, es posible; que la historia de un libro puede formar parte de una comunidad, también lo es. Pongo el ejemplo del primer libro impreso en España, el Sinodal de Aguilafuente (Segovia, Juan Párix, 1472), motivo, desde hace ya casi veinte años, de una fiesta los primeros fines de semana de agosto en la villa segoviana de Aguilafuente. Un incunable se ha integrado en una sociedad que ha sido consciente de la importancia de un gran acontecimiento histórico y que, a su vez, está generando ingresos y dando visibilidad y prestigio a una población.

Otro ejemplo es el de la edición de Las Edades del Hombre de 2017 en Cuéllar (Segovia), que ha tenido como protagonistas unas bulas de indulgencias impresas halladas en un sepulcro. Hubo 172.449 visitas que pudieron comprobar la importancia del patrimonio bibliográfico y que generaron ingresos en toda la comarca.

Bulas para Catedral de Segovia, 1498

En definitiva, se trata de mostrar la importancia de su función social, lo que conlleva un presupuesto y la correspondiente inversión. Como contrapartida, una buena gestión puede llevar incluso a generar ingresos, además del prestigio y de los resultados que puede tener la investigación para la sociedad.

Pudiera parecer frívolo hablar de inversión en este campo en un momento de emergencia en que es bastante palpable la urgencia sanitaria. No obstante, la inversión en cultura es prioritaria para tener una sociedad formada, consciente del peso de su historia y de su patrimonio, en definitiva, una sociedad culta y con valores. Soy consciente de que es difícil y que los recursos son limitados, pero una sociedad que da la espalda a su patrimonio y a su historia está desnortada.

Fondo antiguo en Biblioteca Pública de Segovia

Ahora bien, todo esto no será posible si ni siquiera los profesionales son conscientes de su importancia. La disparidad de instituciones que conservan nuestro patrimonio bibliográfico supone una dificultad para un tratamiento uniforme, pues no todas disponen de medios ni de personal; otras sí, pero el fondo antiguo ocupa un pequeño espacio en el día a día frente a una mayor atención a otro tipo de fondos y de usuarios. A veces no se sabe bien lo que se conserva porque apenas hay tiempo para ello, o por no contar con personal especializado. Esta es otra de las líneas que, en este caso, corresponde a las universidades como centros de formación, sin olvidar a las asociaciones profesionales, que están haciendo una gran labor con sus cursos.

La formación es básica para acometer un mejor tratamiento y para potenciar todo lo que llevo dicho: preservación, buen conocimiento de los fondos, su análisis e identificación, su digitalización, difusión, etc. Incluir la formación en planes de estudios oficiales es complejo, pero posible, y en la Facultad de Documentación de la UCM vamos a implantar un Máster en Libro antiguo y Patrimonio bibliográfico que ayude a la formación de nuestros futuros (y presentes) profesionales e investigadores. Se trata de una formación amplia que faculte para el trabajo y la investigación en patrimonio bibliográfico.

No es fácil, siempre hay quien considera que esto es “anticuado”, pero el fondo antiguo no es ajeno ni a la modernidad ni a la tecnología, siendo el gran protagonista de la digitalización. La tecnología no es un fin, sino un medio para facilitar la recuperación de la información, sin unos correctos análisis e identificación de los libros difícilmente se podrá hacer más que multiplicar errores. Cualquiera que se haya aproximado al libro antiguo conoce las dificultades que implica su análisis, determinadas por su forma de elaboración, tipo de letra, lengua, estructura de la información, y un largo etcétera. También es muy gratificante por lo que uno aprende y por esa responsabilidad de tratar con patrimonio para hacerlo accesible a la sociedad.

Así pues, el objetivo de profesionales, docentes e investigadores, así como de la administración, ha de ser potenciar la formación, el conocimiento y el tratamiento de un patrimonio que es herencia de toda la sociedad.

 

Fermín De los Reyes Gómez
Fermín de los Reyes Gómez
Profesor Titular de Universidad

Secretario académico

Facultad de CC. de la Documentación

Universidad Complutense de Madrid

c/ Santísima Trinidad, 37

91 394 66 79

Fermín de los Reyes Gómez Profesor Titular de Universidad Secretario académico
Facultad de CC. de la Documentación
Universidad Complutense de Madrid
c/ Santísima Trinidad, 37
freyes@ucm.es
91 394 66 79

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