Xaverii Docampi in mediaevi artibus peritissimi in memoriam

Fotografía: Soledad Cánovas del Castillo

El 27 de marzo de 2020 fallecía Javier Docampo Capilla, dejándonos a quienes le conocimos y tratamos sumidos en una profunda tristeza. Desde SEDIC queremos recordarle por su profesionalidad y ejemplar servicio a la comunidad bibliotecaria. Su marcha nos cogió desprevenidos y el impacto fue tremendo. En cierta manera se fue de este mundo con la discreción que siempre le caracterizó, sin que nos diera tiempo a despedirnos de él. También a él le cogió por sorpresa, cuando estaba preparando la exposición Luces del Norte que iba a comisariar próximamente en la Biblioteca Nacional y de la que tanta ilusión habló la última vez que le vi, mes y medio antes de su desaparición.

Javier inició y terminó su trayectoria profesional en la Biblioteca Nacional. Entre 1987 y 1990 trabajó en la biblioteca de la Universidad de Santiago de Compostela, y al año siguiente ingresó en el Cuerpo facultativo de Bibliotecas. Desde 1990 hasta el 2002 trabajó de nuevo en la Biblioteca Nacional, adscrito al Servicio de Dibujos y Grabados del Departamento de Bellas Artes. En esos años desarrolló una fructífera actividad en torno al estudio y la automatización de los fondos del material gráfico, dedicando especial atención a las obras de Hogarth y Goya, comisariando dos exposiciones sobre el primero de ellos. Entre 2002 y 2005 fue asesor de Libro y Bibliotecas en la Junta de Castilla-La Mancha, años en los que, según confesaría años más tarde, aprendería mucho de la mano de su admirado Juan Sánchez Sánchez sobre gestión y planificación de redes autonómicas de bibliotecas públicas.

En 2005 Miguel Zugaza, conocedor de las aptitudes de Javier desde que en 1997 éste comisariara una exposición dedicada a Hogarth en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, le puso al frente del Área de Biblioteca, Archivo y Documentación del Museo del Prado en un momento clave en el que se proyectaba la ampliación del Museo. Y no se equivocó; es más, acertó de pleno. Javier superó con creces el difícil reto de crear una biblioteca en consonancia con la categoría de sus colecciones, y fue el hacedor de una magnífica biblioteca que le gustaba mostrar con orgullo. Durante los once años que estuvo al frente de ese área gestionó la adquisición de importantes bibliotecas privadas y se integraron procesos para ofrecer servicios polivalentes a profesionales de archivos, bibliotecas y centros de documentación, convirtiéndola en referente obligado para los historiadores del arte. En 2016 regresó a la Biblioteca Nacional como director del Departamento de Manuscritos, Incunables y Raros, coronando una exitosa y fructífera carrera.

Fotografía: María Prego de Lis

Conocí a Javier en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense cuando cursábamos los dos últimos años de especialidad en Historia del Arte. En aquella época no tuve un trato cercano con él, pero no pasaba desapercibido; le recuerdo acompañado de su amigo Javier Jordán de Urríes asistiendo con aplicación a las clases. Terminamos la carrera en 1985 y en los años siguientes le perdí la pista, reencontrándome con él en los años noventa cuando iba a investigar a la Sala Goya de la Biblioteca Nacional. Le recuerdo como una persona servicial, laboriosa y diligente.

Nuestra relación de amistad se forjó a partir del 2005, recién llegados él al Prado y yo al Thyssen. Como compañeros y profesionales al servicio de instituciones vecinas bien avenidas organizábamos de vez en cuando, solos o con otros colegas, lo que jocosamente llamábamos “comidas de trabajo”, sin otro ánimo que el de ponernos al día de nuestro entorno laboral. Todo el que haya tratado de cerca a Javier coincidirá conmigo en que se disfrutaba oyéndole hablar, no solo porque tenía una vasta cultura, sino porque, se hablara de lo que se hablara, era lúcido y perspicaz en sus razonamientos. Tenía la capacidad de sintetizar y de poner el dedo en la llaga sobre los temas que se trataban con una claridad encomiable.

Mención aparte merecen los congresos de la IFLA (International Federation of Library Associations), pues sirvieron para consolidar nuestra amistad. Coincidimos en 1993 y en 2009 en las Pre-Conferencias de Bibliotecas de Arte en Barcelona y Florencia respectivamente. En esta última se creó un entrañable grupo de bibliotecarios que bautizamos con el nombre de Los florentinos y que sentaría las bases de una sólida relación de cariño. Los florentinos de adopción éramos Rosa Chumillas, Eugenia Insúa, María Prego de Lis, Javier y yo. A partir de entonces las llamadas “comidas de trabajo” se ampliaron en número de comensales, prolongándose a veces con visitas a exposiciones temporales. Las florentinas rememoraremos de forma especial las visitas guiadas que nos organizó Javier de las muestras que comisarió en el Museo del Prado (Bibliotheca Artis en 2010-2011, y La biblioteca del Greco en 2013) y en la Biblioteca Nacional (el Libro de horas de Carlos V en 2019-2020). Y recordaremos en particular la magnífica exposición de ¡Extra, Moda! en el Museo del Traje que comisarió María Prego de Lis y que nos congregó a todos el 13 de febrero. Fue la última vez que le vimos -¡quién nos lo iba a decir!-. Me quedo con el recuerdo de lo mucho que disfrutó nuestro amigo ese día.

Fotografía: Biblioteca Nacional de España

Entre 2013 y 2016 Javier formó parte por segunda vez del Comité Permanente de la Sección de Bibliotecas de Arte de la IFLA, y en esos años tuve ocasión de tratarle más, pues éramos los únicos españoles en dicho comité. Asistimos juntos a los congresos internacionales de Singapur (2013), Lyon (2014) y a la Pre-Conferencia de Bibliotecas de Arte de Chicago (2016), en la que presentamos una ponencia conjunta (Museum Libraries in the Prado-Recoletos Axis in Madrid, 2005-2015: Spaces for New Services). Mis recuerdos de esos viajes son excelentes, y en buena parte gracias a Javier, pues fue un magnífico compañero de viaje; compartimos intereses y aficiones y nuestra amistad terminó de consolidarse. Poco antes de ese último viaje me confesó que estaba pensando en volver a la Biblioteca Nacional para dirigir el Departamento de Manuscritos, Incunables y Raros. En un principio me sorprendió, pues en apariencia perdía con el cambio; pero enseguida le comprendí, sabiendo que su vocación de investigador pesaba más que la opción de mantenerse en un puesto magnífico en el que ya había conseguido convertir la Biblioteca del Museo del Prado en una de las más importantes en materia artística de Madrid.

Los florentinos

Javier fue siempre capaz de compaginar su trabajo con lo que más le gustaba, que era el estudio y la investigación de manuscritos iluminados medievales y renacentistas, el grabado y la encuadernación; sus numerosas publicaciones recogidas en el enlace al final de este texto dan testimonio de ello. Su carácter polifacético le permitió abarcar con éxito otras líneas de investigación, como las bibliotecas de museos -recordemos que fue parte activa en la creación de la Red de Museos Estatales BIMUS- y las bibliotecas de artistas. Además, organizó varios congresos profesionales en los que se puso de manifiesto su eficaz capacidad de gestión.

No fue amigo de las redes sociales y, sin embargo, la noticia de su muerte ha provocado enorme eco en ellas. No nos debe de extrañar que haya habido tantas sentidas despedidas y muestras públicas de cariño, porque Javier se hacía querer. Le recordaremos con inmenso cariño. Descanse en Paz. Hasta siempre, querido amigo.

Fotografía: Museo Nacional del Prado

Publicaciones de Javier Docampo

Página de la Universidad Complutense en memoria de Javier Docampo

 

Soledad Cánovas el Castillo Sánchez-Marcos

5 comentarios Escribir un comentario

  1. Muchas gracias Silvia. Tu hermano no se merece menos, lo he hecho desde el cariño de nuestra amistad pero sin faltar a la objetividad. Un fuerte abrazo para ti y tu familia

  2. Unas palabras muy bonitas Soledad, me han emocionado. Yo no conocí tan profundamente a Javier como tú pero sentí una pena muy grande al conocer la noticia, aún cuando lo pienso me cuesta creerlo. Siempre ha sido muy amable y cálido. Máximo referente en nuestra profesión y mayor aún calidad humana.

  3. Gracias Maribel. Así es, las públicas muestras de cariño que ha recibido son testimonio de su valía profesional y de su calidad humana. Hemos perdido a un excelente compañero.

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