El Conjunto arquitectónico de “El Águila”. Un edificio sensato

El edificio que albergaba la fábrica de cervezas “El Águila” fue construido para tal fin según proyecto del arquitecto Eugenio Jiménez Corera en 1912 y cuya ejecución finalizó en 1914.

Inmediatamente se planteó una ampliación importante que debía albergar otras dependencias como cocheras, módulos de proceso, bodegas, silos y heladora. Esta ampliación fue proyectada por Luis Saínz de los Terreros, cuya construcción se prolongó hasta 1935.

Su acabado en fachadas de ladrillo, sigue pautas constructivas del neomudejar madrileño, surgido en el SXIX, pero su diseño responde a un concepto racionalista funcional que sigue pautas de las grandes instalaciones fabriles implantadas en Europa con la revolución industrial.

La racionalidad del conjunto, su concepción funcional era de una percepción inmediata y sus distintos pabellones tan vinculados a su uso inequívoco, conferían al conjunto un impacto singular: calles de distribución con sus andenes, vía férrea interior, sus enormes depósitos de malta  y los edificios periféricos administrativos, componían un resultado de enorme impacto visual y estético.

La fábrica dejó su funcionamiento como tal en los años 80 y aún en estado de abandono no perdió aquel atractivo de volúmenes, espacios, circulaciones, vacíos… que hicieron pensar a la Comunidad de Madrid en la implantación de un Centro de las Artes y la Cultura que empezó a denominarse  “Leguidú”, al modo del modelo parisino.

En 1990 se incoó como Bien de Interés Cultural y en 1994 se convoca un concurso internacional de ideas entre arquitectos para ese proyecto cultural. El concurso se falló a favor del estudio de arquitectura Tuñón&Mansilla. Al cambiar el objeto del proyecto, de centro de Cultura a sede de la Biblioteca y Archivo regionales, fue de cierta dificultad convencer a algunas instancias administrativas para que el proyecto, aún con otro fin, fuera redactado por el equipo ganador, pues sus premisas habían sido respetuosas con los edificios existentes y planteaban soluciones adaptables al uso definitivo.

Así se desarrolló y completó el proyecto en 1998. En este periodo, fueron muchas las reuniones, intercambio de criterios, estudio de normativa internacional y características que había de reunir  el futuro edificio. Más de una vez he oído comentar a los arquitectos autores, su sorpresa ante la poco habitual claridad de requerimientos de la Administración sobre el futuro edificio, y más concretamente con el Archivo Regional. Las innumerables visitas de obra a las que por mi trabajo en la Dirección General de Patrimonio, tuve la suerte de asistir, se celebraban con enorme rigor, respondiendo con detalle y exhaustividad a los planos de proyecto. Se cuidaban los detalles, calidades de acabados, señalética y todas las soluciones constructivas y estéticas que hacen de este complejo lo que es hoy: un edificio sensato, modélico en construcción y funcionalidad y por qué no decirlo: un edificio de una gran belleza que ha sido hasta el momento presente, motivo de orgullo para la Administración responsable. Es objeto de visitas constantes de profesionales de la Arquitectura y los Archivos por su calidad, dotaciones y funcionamiento.

Obtuvo en 2003 el Premio COAM de Arquitectura de Obra Pública Corporativa.

El estudio Tuñón&Mansilla ha obtenido numerosos premios nacionales e internacionales por su obra, entre otros Medalla de Oro a las Bellas Artes (2014), Premio de Arquitectura Contemporánea Mies Van der Rohe (2007).

Ese orgullo oficial y ciudadano por este modelo arquitectónico y funcional parece ha tocado a su fin.

En el momento presente, se pretende romper este equilibrio funcional y estético mediante el traslado de la Dirección General de Patrimonio, cuya sede actual en un edificio céntrico supone un desembolso en alquiler importante.

¿Pueden razones económicas, desvirtuar el sentido de un complejo que funciona?. ¿Puede justificar esta acción precisamente la DGPC, encargada de velar por nuestro patrimonio?, no olvidemos que el edificio esta incoado BIC y además merece tal consideración no sólo por su calidad monumental, sino por sus contenidos. Es el Archivo Regional. También lo sería la Biblioteca que parece de momento no es objeto de deseo.

La amplitud de espacios del Archivo, justificada por la peculiaridad de su propio trabajo, no puede servir de coartada para colmatar estos espacios necesarios con otras funciones que tienen sus propias necesidades espaciales: unos 100 funcionarios, con su mobiliario sus dotaciones propias  y sus propios archivos: expedientes administrativos, proyectos de restauración, Carta Arqueológica…

La carga de personal y material, modificará sensiblemente los parámetros de seguridad y control del edificio. Es presumible que la instalación de Seguridad y evacuación en caso de incendio no podrá cumplir la Normativa con la carga de personal incrementada. Este es un asunto muy delicado y que deberá supeditarse al dictamen de protección Civil, máxime tratándose de un edificio oficial y público.

¿Y el cómo?, ¿Quién se encargará de la división de espacios? ¿Se ha consultado al arquitecto coautor del proyecto Emilio Tuñón?. Nos consta que cuando han surgido problemas en los edificios, este estudio de arquitectura ha respondido a los requerimientos con total dedicación, sin embargo nada conocen de esta decisión.

La sensatez de este edificio se terminará con esta inadecuada y peligrosa ocurrencia.

Amparo Berlinches Acín
Arquitecto

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