JORNADA PROBLEMAETICAS / XI JIEB 1º parte

La Jornada Internacional sobre Experiencias Bibliotecarias JIEB 2020 se celebró el pasado diecinueve de noviembre en formato virtual por primera vez, dadas las circunstancias especiales de este año que hacían imposible un encuentro presencial. Con una participación de más de ciento ochenta personas, ha sido la jornada más internacional de entre las celebradas hasta la fecha, pues en esta ocasión no sólo los ponentes tenían procedencias diversas sino también parte de los participantes. También se podría decir que ha sido la más interactiva: se hicieron más de treinta consultas por escrito, de entre las que hubo que elegir para incluir en el tiempo del debate final.

Ambas cifras creemos que ponen de manifiesto hasta qué punto el tema elegido ocupa y preocupa a los bibliotecarios. Algunas de las cuestiones éticas que tienen lugar en las bibliotecas y a las que se enfrentan sus profesionales día a día, han sido analizadas y debatidas a partir de experiencias procedentes de distintos países y culturas como es propio de las JIEB. Dentro de la amplitud que supone este campo de lo que en la Jornada se dio en llamar “problemaéticas”, el encuentro se organizó específicamente sobre dos ejes temáticos con dos subtemáticas cada uno:

  1. Responsabilidad social y principio de igualdad (centrado en el colectivo de las personas sin hogar y en quienes padecen soledad no deseada a partir de experiencias locales)
  2. Libertad intelectual (con especial atención a la neutralidad y la desinformación desde la perspectiva de distintas ponentes internacionales).

Para moderar la sesión, en la que se alternaban videos pregrabados con un encuentro final en vivo, se contó con el saber hacer de Paz Fernández, conocedora de la materia por su larga trayectoria como bibliotecaria y sobre todo su labor como coordinadora del grupo de trabajo que elaboró el código ético de SEDIC.

El formato de arranque de esta Jornada se produce en los últimos tiempos invitando a alguien ajeno a la profesión, pero relacionado con la temática elegida para dar su “visión exterior”, que sirve como marco de referencia en el que sustentar el resto de las aportaciones. En esta ocasión se optó por realizar una entrevista al filósofo “mundano” Javier Gomá, a cargo de la bibliotecaria Anna María Ballester; ambos charlaron animadamente bajo la sana premisa de evitar la moralización. Gomá incidió en la importancia de distinguir entre costumbres y leyes, lo que para él es el corazón de la ética: todo lo que se consigue sin amenaza de castigo son costumbres cívicas; sin ellas la ley no tendría valor. Pero esta costumbre evoluciona y tiene que estar sujeta a una revisión crítica que permita valorar si sigue siendo necesaria. Anna María puso como ejemplo actual la elección del pronombre a utilizar en el trato con una persona transexual.

Por otro lado, se reflexionó sobre la condición de las bibliotecas como supuesto sitio neutral, que plantea el dilema de qué posición tomar ante contenido fascista, homófobo o que incite a la violencia. La propuesta de Gomá sería adoptar una posición inicial de escucha, pero teniendo en cuenta lo que es correcto para cada caso concreto. Animaba a contribuir a la educación del usuario, pero evitando sustituir sus libertades. Gomá, lector voraz y autodidacta, cerraba la entrevista confesando que la biblioteca sería para él lo más parecido a un maestro.

La siguiente participación fue en parte una continuación en cuanto a que sus protagonistas eran igualmente ajenas a la profesión bibliotecaria y el formato elegido fue también la entrevista. Pepa Hervás desde la Red de Bibliotecas del Ayuntamiento de Madrid trasladó a dos de las trabajadoras del equipo de calle del Samur Social con las que colaboran (Ana Álvarez y Silvia Galán) diferentes cuestiones sobre el trabajo que realizan con personas sin hogar y la labor social de las bibliotecas en relación a ello.

Explicaron cómo la colaboración surgió con tres de las bibliotecas del centro de Madrid a partir de distintas quejas y con el objetivo de ayudar a conseguir una buena convivencia. Una de las primeras inquietudes que les expresaron los bibliotecarios fue sobre el modo en que convenía dirigirse a ellos. Les parecía que, aunque en ocasiones hacían un mal uso de los servicios y los materiales, son los primeros interesados en seguir utilizándolas. Nos recordaron que el perfil del “sin hogar” ha cambiado mucho y es más variado de lo que pensamos; su trabajo se centra sobre todo en evitar que se cronifique. En este sentido, explicaban que les es útil saber sus hábitos y poder localizarles, y es desde ahí donde su labor se enlaza con la biblioteca en una colaboración positiva para ambas partes.

La posibilidad de disponer de acceso a internet les parecía un servicio bibliotecario fundamental para este colectivo, puesto que les facilita realizar sus trámites, de forma autónoma o con la orientación de ellas en un primer momento. En esta línea se habló de la posibilidad de impartir cursos de ALFIN para ellos y aunque a ambas les resultaba muy interesante recomendaban ajustar las expectativas y disponer de flexibilidad en aspectos como la puntualidad (lo que para nosotros es sencillo y rutinario para ellos puede no serlo), ofrecerles algún aliciente “de gancho” como un café y preguntarles/escucharles sobre lo que les podría interesar. La difusión funciona mucho “de boca en boca”, por lo que se podría lanzar y repetir el mes siguiente confiando en que se hubiera difundido entre algunos más. A Silvia y Ana les pareció buena la propuesta de que pudiera haber en las bibliotecas alguien con un perfil a medio camino entre trabajadores sociales y bibliotecarios como puente y medio de detección de casos. Esta experiencia fue una de las que más preguntas suscitó entre los participantes.

Continuando con las propuestas afines al principio de inclusión, pudimos escuchar a María Luisa Azcárraga quien como directora de la de la Biblioteca Pública del Estado Manual Alvar incluida en la Red de Bibliotecas de la Comunidad de Madrid explicó en un emotivo vídeo la importancia de los proyectos para personas en situación de soledad no deseada. Aunque solemos relacionarla con gente mayor también incluye a recién jubilados, personas en riesgo de exclusión social e incluso desde la pandemia niñxs y jóvenes. Para ella este servicio es parte de la esencia de la biblioteca pública: un espacio de acogida para paliar la soledad, participando de las actividades o charlando con los bibliotecarios.

El servicio estrella para ella es que el realizan con Telebiblioteca orientado a personas mayores o discapacitadas pues, aunque sea a distancia crean relación con los transportistas, gestores y personal bibliotecario al que llaman pidiendo recomendaciones. Otro servicio que le parecía fundamental es el de los bibliobuses, que a pesar de no tener un sitio fijo permiten a su manera tejer redes entre sus usuarios.

Insistió en la importancia de la biblioteca como refugio, un espacio seguro donde reinventarse y establecer vínculos, en el que encontrar individuos afines y que suele arropar a los más vulnerables.

Recordó el proyecto de “Biblioteca Abierta” creado para contribuir a integrar a las personas de otros orígenes, para desde ahí llevarnos al presente introduciendo la colaboración que realizan actualmente con el centro de mayores de su zona, el distrito de Salamanca. El Proyecto SENES surge como respuesta a un vecindario donde el 67% son mujeres con alguna formación y que están solas. Con él colaboran distintas entidades del barrio incluyendo la biblioteca, que aprovecha para promover Telebiblioteca y averiguar qué necesitan para desde ahí empezar a trabajar.

Para Azcárraga es importante adaptar la biblioteca a las personas mayores para que sientan que se les acoge y “se les abraza”. También mencionó la colaboración que están realizando entre centros de salud y bibliotecas cediendo libros ilustrados para la sala de espera; especialmente ambiciosa en el caso de la biblioteca de Vallecas y el Hospital Infanta Leonor.

Cerró su intervención con una reflexión sobre el efecto de la pandemia y el confinamiento en las bibliotecas y los bibliotecarios. Quiso señalar cómo afectaba a los profesionales este cambio de escenario, destacando aspectos positivos del proceso, pero concluyendo que “las personas necesitamos personas” y por ello también una biblioteca presencial. Animó a los profesionales a desarrollar más habilidades sociales y tener más humanidad, a seguir siendo un refugio para todos.

Ana Alonso
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Marta Heras Lasanta
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Área de Servicios Públicos de Lectura

Subdirección General del Libro, Consejería de Cultura y Turismo, Comunidad de Madrid,

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