La segunda parte de la Jornada la abrió Zoë Beck, codirectora de la editorial Culturbooks, escritora, traductora y guionista. Destaca además por su papel como activista en la iniciativa alemana #publishersagainstracism #verlagegenrechts, una alianza de acción del mundo del libro contra las ideas racistas, antifeministas y homofóbicas. Su ponencia, Libertad intelectual y neutralidad, fue una invitación a reflexionar sobre el posicionamiento de librerías y bibliotecas en la gestión de publicaciones cuyo contenido defiende valores que pueden afectar negativamente a la dignidad humana, como el fascismo, el racismo, la misoginia o la homofobia. Las librerías suelen sopesar si el objetivo económico prima sobre el ideológico y eligen entre diferentes opciones. Algunas deciden exponer estos libros en sus escaparates, otras los señalizan con alguna indicación sobre el contenido, por ejemplo “libros de la nueva derecha” y otras los mezclan con libros que defienden posiciones contrarias, marcando así la diversidad.

El caso de las bibliotecas es más complejo: deben constituir las colecciones en base al principio de neutralidad ideológica y política. Son garantes de los derechos fundamentales de libertad de información y diversidad ideológica, así como del acceso universal a la información, pero a la vez deben moverse siempre dentro de los límites democráticos. Es un equilibrio difícil que genera una disyuntiva a la hora de procesar y difundir este tipo de documentos.

Se apuntaron algunas ideas como abrir un espacio de diálogo con las personas que buscan estas obras; diseñar una política bibliotecaria en la que se acuerde si se incluirán esos libros en su sitio correspondiente de las estanterías o se contextualizarán con alguna señalización que pueda prevenir al usuario; promover grandes eventos de formación y sensibilización a la población, en los que se oriente al ciudadano para manejar las fuentes. A pesar de lo conciliador de estas ideas, Zoë cuestionaba si estas publicaciones realmente pueden tener cabida en una institución que se define a sí misma como un instrumento efectivo para fomentar la integración y el compromiso ciudadano. Para ella, la única opción es censurar las ideas antidemocráticas y discriminatorias y en las propias bibliotecas crear una oferta muy plural y muchas posibilidades de información.

Otra dificultad importante que han encontrado las bibliotecas en el ejercicio de su función como garantes del acceso a información, es la proliferación de noticias falsas o fake news. Las dos siguientes ponencias trataron este tema desde dos puntos de vista diferentes, el de la biblioteca universitaria y de investigación y el de la biblioteca pública.

Paz Fernández destacó las palabras de la ponente francesa, Cécil Swiatek, para quien es imprescindible la labor de las bibliotecas universitarias y especializadas como gérmenes y cimientos imprescindibles, generando ideas y, por consiguiente, generadoras de preguntas, de hipótesis, como alimento imprescindible para la innovación y la investigación.

Cécile Swiatek es directora adjunta de la Biblioteca de la Universidad de París II, Francia y Secretaria General de la ADBU. Bibliotecaria de profesión, el lema con que titula su ponencia Las grandes ideas comienzan aquí (en la Biblioteca Universitaria) refleja fielmente el espíritu de la misma. Se centró en el objetivo de “construir información con la biblioteca” y en el posicionamiento ético de la biblioteca universitaria ante esa función. Esto pasa por revisar el papel de la Biblioteca Universitaria en sus tareas de alfabetización informacional dentro este mundo hiperconectado y, sobre todo, en definir cómo interactúa el bibliotecario con el usuario para ofrecerle las armas intelectuales que le permitan construir su información gracias a la biblioteca.

En el entorno universitario ya no basta con dar acceso a la información, además hay que provocar una crisis de curiosidad en el lector. Es necesario orientar la educación mediática para enseñar al estudiante a escoger y evaluar la fiabilidad de la información, ayudar al investigador a verificar las fuentes documentales e incitar al ciudadano a ser crítico con la información que recibe y la manera en que la busca. El objetivo es también el adiestramiento para detectar las fake news. Cécile Swiatek desarrolló todos estos conceptos siguiendo el esquema del libro Décoder les fausses nouvelles et construire son information, del que es coautora y concluyó con la idea de que la Biblioteca Universitaria se consolida como garante de la calidad y fiabilidad de la información y el bibliotecario adquiere las competencias para ser vector en el acceso a un conocimiento multifacético y de calidad.

Como complemento perfecto al trabajo de Cécile, Suzanne S. Lapierre cerró esta segunda parte con una interesante charla sobre las iniciativas de alfabetización informacional llevadas a cabo en bibliotecas públicas de Estados Unidos. Suzanne se plantea qué pueden hacer las bibliotecas públicas para ayudar a la gente a detectar las fake news y a ser más exigente y crítica con las noticias y los medios. Parte de la base de que las bibliotecas públicas ostentan un papel clave, ya que están abiertas a todo el mundo y no todo el mundo tiene acceso a internet.

Entre 2016 y 2018 llevó a cabo un trabajo de investigación, que se puede consultar en la revista Public Library Quarterly (abril 2019). Participaron 65 bibliotecas de todos los tamaños, ubicadas en 34 estados. Las encuestas realizadas revelaron la correlación existente entre el interés del personal de la biblioteca en el tema y el interés percibido por parte de la comunidad. Esto evidenciaba la necesidad de sensibilizar y formar a los trabajadores en este sentido, pero a la vez chocaba con la falta de tiempo de los bibliotecarios para lanzar iniciativas. Entre los proyectos llevados a la práctica en las bibliotecas destacó presentaciones, clases y talleres participativos, grupos de discusión o mesas redondas con periodistas y profesores. Suzanne concluyó con la propuesta de aprovechar el interés suscitado por tendencias como las noticias falsas para promover programas y, de paso, los servicios habituales de la biblioteca. Sugirió iniciativas que permiten sacar el máximo provecho de los programas con el mínimo personal, tiempo y estrés, con el fin de paliar en parte, la sobrecarga de trabajo que se da en el día a día de la biblioteca pública.

El debate final comenzó con mucha expectación por la suma de todo lo aportado en las intervenciones anteriores. Paz Fernández canalizó parte de las consultas recibidas por el chat de la plataforma virtual a las distintas ponentes.

Hubo interés en contactar con las componentes del Samur social para recibir pautas de cómo hacer con las personas sin hogar.

Otro tema fue el alcance de los servicios online y las consecuencias que ha supuesto la sustitución de muchos servicios presenciales por virtuales en el marco de la pandemia. Mª Luisa Azcárraga comentó que, si bien estos servicios, ampliados e intensificados durante el confinamiento, han tenido mucho éxito con un determinado público, hay otro tipo de usuarios que han quedado fuera, lo que nos recuerda la evidencia de la brecha digital.

Suzanne Lapierre explicó que en su biblioteca las visitas de los usuarios actualmente no pueden superar los treinta minutos. Coincidía en que los usuarios echan de menos estar y sociabilizar y que para los que no tienen internet la no presencialidad es un problema. Cécile Swiatek por su parte indicó que la situación en las bibliotecas académicas de Francia es un poco distinta, puesto que están abiertas a diferencia de las públicas. Explicó que en muchos países están abriendo salas virtuales para estudiar en entorno silencioso, aunque no sea presencial. Consideraba que un rol para los profesionales estaba siendo facilitar la lectura con iniciativas que ayudaran a que el conocimiento editorial estuviera en abierto.

En línea con lo que había expuesto en su presentación, se le consultó a Zoë Beck qué hacer si un libro fuera políticamente neutral pero su autor es conocido por su pertenencia a partidos extremos. Para ella no había una respuesta universal, habría que ver qué libro es y quizás como alternativa aportar más información sobre el autor junto con el libro. Se le consultó si conocía cómo estaba el tema en España y pese a no tener detalles reconoció que es un debate habitual en muchos países, sobre todo en aquellos donde la extrema derecha está creciendo más rápido. Como colectivo les han contactado editoriales del mundo anglosajón, pero no de España.

Volviendo al tema de los “sintecho” se les consultó a las ponentes locales (Silvia, Ana y María Luisa) si les parecería buena idea integrarles en un club de lectura. Las profesionales del Samur consideraban interesante la propuesta si incluyeran una parte de debate en la que de algún modo pudieran contar sus vivencias para empatizar mejor con otros.

Siguiendo con este colectivo, se les consultaba sobre la manera de abordar a este tipo de usuario, en el que a veces confluyen problemas de higiene, de salud mental, incluso de agresividad. La recomendación fue que en un primer momento convendría llamarles a ellas para abordar no solo su problema en la biblioteca sino su situación en general. Pasada esa primera visita, si continuaran provocando molestias, les parecía que podían dirigirse a ellos de una forma cercana y respetuosa y ofreciendo alguna solución (información de baños públicos por ejemplo u otros recursos).

Paz le consultó a Suzanne por el procedimiento que en estos casos realizaban en su biblioteca y explicaba que son habituales y que realmente se les trataba como a los demás. El tema de la higiene personal solo lo abordan si han recibido quejas de otros usuarios y que disponen de cupones para ofrecer una ducha gratuita. Buscan la manera de tratarles a todos por igual, con equanimidad. También explicó que disponen del apoyo de una persona especializada para el trato con “homeless” y que recibían formación para el trato con personas con trastornos mentales.

Se le consultó a María Luisa si las actividades sociales que ofrecen son en abierto o solo para los colectivos a los que se dirigen, pues tenían a sensación de que no se conocían lo suficiente. Ella confirmó los esfuerzos que realizan por difundir sus servicios desde las bibliotecas reconociendo al mismo tiempo que no siempre se consigue. Para ella la pandemia ha hecho que quienes conocían la biblioteca la echen de menos y a su vez llegar a gente nueva.

Cuando el tiempo de la Jornada llegaba a su fin, Paz cerró con una reflexión sobre la importancia de la labor social de las bibliotecas en las grandes ciudades, como lugar de refugio y espacio de información. Recordó que el criterio ético del bibliotecario tiene que dejar a un lado las opiniones personales y destacó el valor de tener los codigos éticos siempre a mano.

No era fácil generar debate con un abanico de temáticas tan variado y perfiles profesionales tan diferentes, pero el resultado nos parece que fue interesante e inspirador. Siempre son muchas las posibilidades que se nos abren como profesionales en la comparación de lo que se expone con lo que conocemos, en el descubrimiento de nuevos referentes y otras formas de hacer y pensar. Confiamos en que el tema de las “problemaeticas” seguirá dando mucho que hablar y esperamos poder encontrarnos presencialmente en las próximas ediciones de la JIEB.

Ana Alonso
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Marta Heras Lasanta
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