Hoy celebramos el Día de las Escritoras, una iniciativa impulsada por la Asociación Clásicas y Modernas, La Federación Española de Mujeres Directivas, Ejecutivas, Profesionales y Empresarias  (FEDEPE) y la Biblioteca Nacional de España.

Para hablar sobre ello, nos hemos reunido con Marifé Santiago Bolaños, escritora, filósofa, profesora de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad Rey Juan Carlos, vicepresidenta de “Clásicas y Modernas. Asociación para la igualdad entre mujeres y hombres en la cultura”, y comisaria de la anterior edición del Día de las Bibliotecas.

                                                                    

                                                                                      Fotografía de Marta Eloy-Cichocka

El Día de las Escritoras nace en el año 2016, ¿cómo surge la idea de celebrar este día?

Si somos absolutamente justas y rigurosas, la idea parte de la Federación de Mujeres Directivas, Ejecutivas, Profesionales y Empresarias. Fueron a la BNE a ofrecer la posibilidad de liderar un proyecto en el que un día al año las escritoras tuvieran el pleno protagonismo, a partir de que ellas consideraban que en todos los territorios sería muy importante rellenar  la ausencia de modelos de mujeres que hayan abierto camino, pero que no solo lo hayan abierto sino que también estén ahí, no como eternas heroínas, sino mostrando otras maneras de estar y de ser.

Ellas entendieron que podía ser algo muy bonito que la BNE se convirtiera en el baluarte, en el lugar simbólico, donde, a pesar de que todo el año se esté trabajando por la igualdad entre mujeres y hombres en la literatura, en la cultura y en todos los ámbitos, un día al año se pusiera el foco de atención en las escritoras. La BNE acogió esta encomienda muy bien y pensó que, para poderla desarrollar, lo mejor sería ponerse en contacto con Clásicas y Modernas, la asociación para la igualdad entre mujeres y hombres en la cultura. Esa alianza maravillosa de la BNE como gran símbolo de la escritura, FEDEPE  como impulsora desde el territorio de lo social de un acontecimiento como este y Clásicas y Modernas, cuya misión como asociación es precisamente la igualdad en la cultura, crearon el Día de las Escritoras.

El Día de las Escritoras se lleva celebrando desde ese momento en el mes de octubre, aunque no siempre el mismo día, ¿cómo se decidió la fecha para esta celebración?

Pensaron que debería ser una celebración anual y buscar una fecha que fuera simbólica, por lo que decía María Zambrano de que los símbolos son el lenguaje de los misterios y los misterios muchas veces lo son en cuanto están oscurecidos. En el momento en el que se desvela el misterio encontramos la ausencia y entonces empieza a fluir con total transparencia un acontecimiento. Buscaron, pues, una fecha significativa que era la más próxima a la celebración del día de Santa Teresa, pensando que Santa Teresa es un icono para la literatura escrita por mujeres y el pensamiento, literatura en un sentido amplio, no solamente la escritura creativa o literaria sino también de otros tipos. Estoy pensando en la filosofía, la historia, la ciencia, …

Así se ha ido celebrando cada año. Ha ido cambiando el contexto, cambiando, incluso me atrevería a decir, la necesidad porque cada vez va creciendo también el acontecimiento. Al final, el acto, no voy a decir central pero sí que digo institucional, es la Biblioteca Nacional pero desde ella, y esto es preciosísimo, se ha ido ramificando y extendiendo por todo el territorio español, pero ya también por Latinoamérica y por muchos otros lugares donde hay una gran fiesta de la literatura de las mujeres, justo en el mismo día y al tiempo, más o menos alrededor, que se está celebrando en la BNE.

El primer año, tú lo recordarás muy bien, se celebró en la recién inaugurada Biblioteca Pública de Segovia; nos adelantamos a la celebración institucional porque lo hicimos por la mañana. Fuimos la primera celebración del Día de las Escritoras. Convocamos a personas muy variadas del ámbito cultural como hilo conductor, y también a los centros educativos de Primaria y Secundaria a acompañarnos en la lectura.

Una vez que sabemos por qué y cuándo, cuéntanos ¿cómo se organiza un acontecimiento como este?

Cada año, estas tres instituciones, Biblioteca Nacional, FEDEPE y Clásicas y Modernas, se ponen de acuerdo en cuanto a quién va a ser la comisaria que se encargue de ese día y le entregan el tema  que han decidido para que sea el lema bajo el que se desarrolle. Cada año cambia el tema, cambia la comisaria y eso hace que sea dinámico. Para acotar, se seleccionan autoras que escriben en español, y en las otras lenguas co-oficiales de España: vasco, catalán y gallego. Nos reunimos, simbólicamente, en torno a los textos de estas autoras y eso comienza a ser una fiesta de la lectura, como muy bien sabes tú. Porque en esta fiesta de la lectura van apareciendo nombres que hasta ese momento muy probablemente eran bastante desconocidos, e incluso siendo conocidos y habiéndolos abordado muchas veces, habiéndolos leído muchas veces, es como si leyeras un texto nuevo y como si le fueras encontrando muchísimos ángulos que de otra manera a lo mejor habían pasado desapercibidos. Hay algunos nombres que año tras año se repiten, inevitablemente, como los textos de Teresa, que a veces son poemas y a veces son reflexiones filosóficas y a veces son otras cosas; hay otras autoras que necesariamente vuelven a aparecer, pero es precioso porque son leídas desde otro punto de vista, ya que ha cambiado el lema de la edición.

El año pasado tuve la suerte, el privilegio, de ser la comisaria de la Jornada. Se me dio como tema “Las edades de la vida” y yo pedí añadir “Leer las edades de la vida”. Sobre ese lema organicé el Día de las Escritoras del 2021, con una característica nueva y diferente a anteriores ediciones: que también incorporara escritoras que, afortunadamente,  estuvieran vivas. Hasta el año anterior siempre se tenía como idea que todas las escritoras que se leyeran no estuvieran vivas, para no crear un enfrentamiento entre las autoras, o incluso envidia. Así me lo pidieron en 2021 y lo hice encantada, partiendo del hecho de que si celebramos el Día de las Escritoras no podemos caer en los tópicos habituales de que esto se vaya a convertir en una lucha . Estamos celebrando un día del respeto, de la lectura, que precisamente promueve que los espacios oscuros, que los comportamientos conscientes que impiden que las mujeres estemos en igualdad de condiciones, en todos los ámbitos de la cultura, que los hombres no los vamos a repetir nosotras. Yo  no entiendo que a mí me de envidia, por ejemplo, que no se lea un texto mío y se lea un texto de otra autora. Para que no ocurriera esto, busqué nombres que me parecía que eran incontrovertibles. Se dio la circunstancia feliz de que la persona que había ganado en ese 2021 el Premio Nacional de Poesía era Miren Agur Meabe,  nadie iba a poder cuestionar mi decisión de seleccionarla como representante de la literatura en euskera, o Susana Rafart, con el Premi Josep Maria Llompart, representando el catalán… Rosa Montero, Fanny Rubio, nombres  que nadie me pudiera decir “¿por qué Rosa Montero y no otra?” Pues porque Rosa Montero es Rosa Montero. Es como si leo un texto de Antonio Muñoz Molina o de Javier Marías, puede interesarme más o menos su literatura pero son nombres situados en un territorio más allá de la moda. Seleccionar es arriesgarse. Yo quería que mi selección, que siempre evidentemente es un riesgo, tuviera un aval, que hubiera una razón. Así es como se organiza, con plena libertad para las comisarias.

El Día de las Escritoras busca no quedarse en anécdota: primero hay que encender una vela, pero luego esa vela pasa a ser una inmensidad. Que no sea una anécdota, sino que ilumine el resto del año.

El acto que se realiza en la BNE queda grabado, lo que te lleva a plantearte cómo comunicar lo que has elaborado. Puedo contar las cosas de muchas maneras: se puede llamar a lectores y lectoras para que lean los textos por orden cronológico, pero si es una fiesta tiene que mi estilo propio; por eso cada comisaria lo hace de una manera distinta, tiene que tener una escenografía, no es lo mismo dar una conferencia que una fiesta como esta. Pensé que, por ejemplo, si hay un texto de una mujer que, en su madurez, habla de las edades de la vida, con la experiencia que le ha dado su biografía, como Josefina Aldecoa hablando y haciendo memoria de las maestras y la educación, si eso lo leyera una niña habría un contraste total para quien lo escuchara porque le llevaría a acordarse de ella misma en el colegio. El público se va a emocionar porque su memoria va a parecer en primer plano. Planteé lo mismo cuando incorporé, en la edición, danza, una lectura dramatizada -con actriz vestida de su personaje- o la música en directo del Ensemble “María de Pablos”, que interpretaba poemas de escritoras o composiciones de mujeres músicas. O una lectura coral grabada de un poema.

Lo más interesante es que, de pronto, un hecho concreto despierta una red de necesidades. Es maravilloso que te llamen para decirte que, a partir de lo que has planteado como comisaria, ese año en Zaragoza, por ejemplo,  estaban pensando que todas las lecturas las hicieran hombres por el significado simbólico que tiene. Te llaman para contártelo, para pedirte opinión. Ver, también, que empiezan a sumarse bibliotecas, bibliotecas muy variadas, desde públicas a universitarias, instituciones, asociaciones culturales,… Es increíble que, por ejemplo, una antigua alumna, que es una artista muy reconocida en República Dominicana, me dice que lo celebran desde hace 3 años, o que venga gente de lugares lejanos diciendo “es que nos hemos enterado de que se va a leer un poema de una tía mía y queremos estar aquí”. De pronto, empieza a ser una fiesta de la cultura, una fiesta de la lectura, que para mí es el fundamento, y eso inevitablemente se convierte en una fiesta de la igualdad, porque se convierte en una fiesta del respeto. Ese es el sentido que yo creo que hay que darle al Día de las Escritoras.

Os dejamos con la lectura que ha hecho Marifé de uno de los textos seleccionados este año:

Destierro, de Alaíde Foppa

Luisa Santamaría Ramírez

Luisa Santamaría Ramírez

Biblioteca Pública de Segovia, Vocal en Junta Directiva de SEDIC

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