El confinamiento debido al virus COVID-19 ha tenido efectos inesperados para la sociedad. No sólo hemos tenido que aprender a vivir en un estado de reclusión inimaginable hace algunas semanas, sino que hemos desarrollado una serie de habilidades que, en nuestro anterior estilo de vida, ha estado algo abandonadas. Una de ellas es la capacidad para llevar a cabo actividades creativas en un entorno cerrado, como la pintura, la cocina o la escritura; en el caso de esta última, se trata de una capacidad que también se ha puesto en práctica en otras situaciones de confinamiento, y que ha dado lugar a algunas de las grandes obras de la literatura universal. A continuación, vamos a realizar un breve viaje por las obras literarias que se gestaron en situaciones excepcionales.

Uno de los casos más conocidos es el de la novela “Frankenstein o el moderno Prometeo”, de Mary Shelley. Curiosamente, en el mismo entorno en el que concibió esta obra se creó otro de los mitos modernos del terror: el vampiro, protagonista de la obra del mismo nombre de John Polidori.

En el año 1815 el volcán Tambora, en la actual Indonesia, entró en erupción modificando el clima hasta el punto de que el año siguiente fue conocido como el “año sin verano”, con temperaturas muy bajas. En este contexto, en Ginebra, el aristócrata y escritor Lord Byron se reunió con sus amigos Percy Bysshe Shelley, su futura esposa, Mary Godwin, la hermana de esta, Claire, y su médico personal, John Polidori. En una noche de confinamiento debido al clima, en la lujosa Villa Diodati, Lord Byron propuso, como juego, que los participantes escribieran un relato de terror. Los dos autores consagrados no pudieron terminar el suyo, pero Mary -que entonce sólo contaba con dieciocho años- escribió el relato que dio origen a la célebre novela. Por su parte, el doctor Polidori escribió “El vampiro”, que establece el arquetipo de vampiro moderno y sirvió de inspiración para Bram Stoker.

Otro clásico de la literatura tiene su origen en un contexto muy similar al nuestro: el confinamiento debido a la peste negra. El Decamerón, de Boccacio. Esta obra cumbre de la literatura italiana tiene como argumento la reclusión de siete mujeres y tres hombres en una villa a las afueras de Florencia huyendo de la peste que asola la ciudad, donde cuentan historias que se convierten en el corpus de los cien cuentos que forman parte del Decamerón.

En esta misma línea, podemos encontrar el origen de algunas de las obras más conocidas de Shakespeare: “Macbeth”, “El rey Lear” y “Marco Antonio y Cleopatra”. La epidemia de peste de 1606 obligó al cierre de teatros y otros lugares de reunión social, y forzó a la población inglesa a entrar en cuarentena. Fue una epidemia terrible, que mató a entre 70.000 y 100.000 personas. La influencia de esta tragedia en la vida del autor inglés no sólo se evidencia en el hecho de que estas obras fueran escritas cuando estaban en cuarentena, sino que la peste aparece de forma recurrente en algunas de sus obras de teatro y poemas.

Dentro de la literatura confinada, las obras escritas o concebidas en prisión son todo un subgénero. Uno de los casos más conocidos es el de “El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha”, que comenzó a escribirse mientras su autor, Miguel de Cervantes, se encontraba en prisión acusado de apropiación indebida de impuestos. El caso del Marqués de Sade es similar: autor de clásicos de la literatura erótica como “Justine o los infortunios de la virtud” o “Los 120 días de Sodoma”, escribió parte de sus obras mientras cumplía condena en la célebre prisión de La Bastilla, habiendo sido acusado de conducta disoluta, si bien sus actos no era muy distintos a los de otros nobles de la época.

Otro clásico escrito en obligado confinamiento por encontrarse su autor en la cárcel es “De profundis”, de Oscar Wilde. Se trata de una obra epistolar dirigida a su amante, Lord Alfred Douglas. Wilde fue acusado por el padre de este del delito de sodomía, y Douglas –llamado Bossie- utilizó su relación con Wilde para escandalizar a su padre y obtener reconocimiento social, ya que Oscar Wilde era un autor muy famoso. En esta bella obra somos testigos del dolor de Wilde por el abandono de su amado, ya que este lo dejó a su suerte cuando fue encarcelado. “De profundis” se publicó en 1905, después de la muerte de su autor.

Por supuesto, no podemos dejar de lado otro libro clave en la Historia del siglo XX que se escribió durante uno de los encierros más terribles que se puedan imaginar: el “Diario de Ana Frank”. Se trata de una colección de cuadernos personales que Ana Frank, de trece años, redactó mientras estaba encerrada con su familia y otra familia en una buhardilla de Ámsterdam, escondiéndose de los nazis. En este caso podemos ver el uso de la escritura como consuelo y autodescubrimiento en una situación muy difícil para cualquiera, y sobre todo para una niña. Su encierro duró dos años, hasta que fueron descubiertos y enviados a los campos de exterminio. La tragedia personal de Ana Frank ha servido, desde su publicación, para sensibilizar a la población sobre los horrores del nazismo.

Estos son sólo algunos ejemplos de literatura surgida del confinamiento. Las circunstancias duras pueden servir para dar lugar a la creatividad, llegando a ser origen de obras que forman parte de la literatura universal. La escritura es tanto creación como terapia, además de servir de evasión más allá de las cuatro paredes en las que el autor está encerrado. Desde este blog, animamos a nuestros lectores a poner en práctica sus habilidades literarias. Quién sabe si este confinamiento puede llegar a ser, como ha sucedido con anterioridad, el origen de obras que cambiarán el mundo.