Feliz verano lector

También este año, tan raro, ha llegado agosto; y desde Sedic os invitamos a disfrutar de la lectura: lectura terapéutica, relajante, lectura  inspiradora y reparadora. Por eso os dejamos unas recomendaciones  literarias, ¿y tú, qué nos recomiendas? Sigue nuestras redes y envíanos una foto de tus lecturas veraniegas con los hashtag #veranosedic y #sediclee

En la Tierra somos fugazmente grandiosos. Ocean Vuong. Anagrama, 2020.

El libro del que todo el mundo habla este verano. Una primera novela que narra en primera persona la experiencia de ser adolescente, inmigrante y homosexual,  que combina momentos de extrema crudeza con otros de una belleza sutil y elusiva. Una obra de transición que, sin embargo, alcanza la madurez narrativa.

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Vestida de corto. Marie Gauthier. Nórdica, 2020

Premio Goncourt de Primera Novela 2019. Novela que nos adentra en el sofocante calor del verano,  en la incipiente sexualidad de Félix y en la obsesiva sensualidad de Gil. Precedida por una cita de Jean de La Fontaine: “Caminaba a paso largo, ligera y vestida de corto” de la que toma el título y que no es sino una descripción del verano de Gil, sus idas y venidas por caminos, por cunetas… por sí misma.

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La mujer helada. Annie Ernaux. Cabaret Voltaire, 2019 (3º ed).

Premio Formentor de las Letras 2019. Su trabajo ha sido declarado por el jurado como “un implacable ejercicio de veracidad que penetra en los más íntimos recovecos de la conciencia”.

Un libro sobre la “carga mental” que sufren las mujeres, un feminismo de lo cotidano narrado con el habitual lenguaje sin artificios de esta autora, aunque no exento de lirismo.

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Detectives de objetos. Shaday Larios. La Uña Rota, 2019

Es posible que nuestros objetos hablen por nosotros cuando ya no estemos aquí. O cuando nos neguemos a hablar, o por muchas otras ausencias”.  Este libro nos traslada a tres parajes urbanos: Gerona, Berlín y Barcelona. Allí, la autora y los miembros de la Agencia de Detectives de Objetos El Solar, reconstruyen la historia latente e invisible en los objetos encontrados.

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Yo soy mentora, ¿y tú?

El 6 de julio tuvo lugar la sesión de cierre de la primera convocatoria del Programa de Mentoría de Sedic. Han sido nueve meses de compartir y aprender que dejan un buen sabor de boca.

El Mentoring ha sido definido como «una alianza entre dos personas que crea un espacio de diálogo que resulta en reflexión, acción y aprendizaje para ambos». Esa es, justamente, su esencia: mentor y mentorizado reflexionan, se invita a la acción y, sin duda, ambos aprenden.

En Sedic se ha apostado con fuerza por este programa, que se inició en septiembre de 2019 coordinado por Victoria Manglano y Elisa García-Morales, con el apoyo de Víctor Villapalos. En la actualidad, de cara a la segunda convocatoria, y tras quedar enganchadas por la fantástica experiencia de ser mentoras, nos incorporamos al equipo Carmen Jodrá y yo misma. En la web tenéis toda la información: cómo funciona, cómo inscribirse, documentos de apoyo, guías para mentor y mentorizado y enlace el blog https://mentoria.sedic.es/

Personalmente, me incorporé con un poco de miedo. Uno nunca es consciente de lo que sabe o de en qué medida puede aportar conocimientos y apoyo a otra persona. Sin duda, es una gran responsabilidad y  asusta no estar a la altura de lo que se espera. Sin embargo, después de asistir al taller preparatorio que impartió Julio Rodríguez Díaz, CEO de la Red de mentoring de España, las dudas desaparecieron y solo quedaron las ganas de empezar a compartir experiencias con la mentorizada con la que se me había emparejado.

El compromiso adquirido es cómodo de llevar: una reunión mensual apenas te quita tiempo de tus otros quehaceres pero te mantiene unido con tu mentorizado. Durante el tiempo que transcurre entre una y otra sesión, encuentras información y recursos que puedes aportar, experiencias que compartir con él/ella, ideas que ofrecer… En nuestro caso, que vivíamos en distintas ciudades, las sesiones fueron todas virtuales, a excepción de una visita a mi centro de trabajo que pudimos hacer realidad. Esos encuentros los preparaban con el cuidado que se pone en aquello que nos satisface y, al menos en mi caso, se terminaban con la alegría de ver los avances pero también con la pena que te deja despedirte de un amigo.

El vínculo que se establece es entre iguales con distintas necesidades: cada uno aporta al otro no solo información sino también experiencias. Como mentora, en todo momento me he sentido cómoda y valorada por mi mentorizada, además de saber que detrás había un equipo para apoyar y resolver cualquier problema que se nos presentara.  Pero no solo eso, sino que ha sido una estupenda ocasión para reflexionar sobre mi propia carrera profesional, fortalezas y debilidades, capacidad de comunicación, de gestión… incluso perspectivas de futuro.

Si eres socio de Sedic, anímate a participar en este Programa de Mentoría. Tanto si lo haces desde la posición de mentor como de mentorizado, sin duda, una gran oportunidad de mejora.

Todos somos biblioteca: Proyecto de colaboración Biblioteca Pública Municipal José Saramago y Asociación Argadini.

Los comienzos

La colaboración entre la Biblioteca Pública Municipal José Saramago y la Asociación Argadini se inició en el año 2007 tras abrir sus puertas a un grupo de jóvenes con discapacidad intelectual pertenecientes a un taller literario de esta asociación.

Argadini es una entidad sin ánimo de lucro,  cuyos fines son mejorar la calidad de vida, el desarrollo personal, educativo, social, cognitivo y emocional de personas  con cualquier tipo de discapacidad e independientemente del colectivo o grupo social al que pertenezcan, así como contribuir a su integración social y laboral

El objetivo del  Taller Literario “Escribir por el placer de contar” es estimular la creatividad literaria a través de la lectura y ayudar a descubrir distintas formas de expresión a través de la palabra, siendo  la biblioteca el lugar idóneo para desarrollar este propósito. Las sesiones  se complementan con la participación de los integrantes del grupo en tertulias literarias que se llevan a cabo una vez al mes en el emblemático Café Gijón de Madrid, donde leen sus trabajos, sus reflexiones y, poco a poco, van conociendo la historia de nuestra literatura a través de los diferentes recursos literarios.

Reconozco el espacio

De manera natural, los jóvenes fueron reconociendo e identificándose con nuestra biblioteca y, gracias al trabajo y uso cotidiano que hacían, en el año 2012 crean la primera guía de la BPM José Saramago elaborada y diseñada por ellos con el apoyo del personal de la biblioteca.  ¡Sígueme, yo te lo enseño! se convirtió en un documento accesible que sustituyó a los folletos informativos que se distribuían hasta entonces. El documento, realizado con otra “mirada”, mostraba de una manera muy práctica qué es la biblioteca y qué podemos hacer en ella.

Nuevas iniciativas

Un año más tarde nace el Taller de Cuentos “Creas tú”, desarrollado de manera periódica en nuestro centro por miembros de la asociación, a partir de publicaciones de cuentos adaptados para personas con necesidades de apoyo y entendiendo por cuento un tiempo y un espacio dedicado exclusivamente al niño con la pretensión de potenciar  estrategias que fomenten sus habilidades creativas a través de mundo de la narración.

Ahora quiero ser uno más

¡La biblioteca ya es un espacio abierto a las personas con Discapacidad Intelectual y Trastorno del Espectro Autista! Este uso cotidiano de espacios culturales que les eran ajenos despertó en estas personas un nuevo deseo que manifestaron así: Quiero trabajar aquí.

Impulsado por Argadini, se diseña  un proyecto de “formación para el empleo” con el objetivo de formar a estas personas para que puedan trabajar de Auxiliares de Cultura en instituciones culturales, como es el caso de las bibliotecas. Esta formación, reconocida desde el año 2017 por la Universidad de Salamanca, necesitaba no solo una formación teórica, sino también una formación práctica que les proporcionara las competencias necesarias para poder incorporarse al mercado laboral.

Una vez más, la BPM José Saramago sale de su área de confort para dar paso a un mundo laboral inclusivo, abriéndose a una realidad social patente e impulsa la firma de un Convenio de prácticas profesionales que permita que este proyecto se haga realidad. De esta manera, en febrero de 2016 se firma el Convenio de Colaboración entre el Área de Gobierno de Cultura y Deportes del Ayuntamiento de Madrid y la Asociación Argadini para la realización de prácticas formativas en las instituciones dependientes de  la Dirección General de Bibliotecas, Archivos y Museos.

Emerge así el proyecto “Quiero trabajar aquí”: prácticas profesionales en la BPM José Saramago para las personas con Discapacidad Intelectual (DI) y Trastorno del Espectro del autismo (TEA)” siendo la BPM José Saramago la primera en acoger a alumnos en prácticas.

Los elementos de innovación de este programa de prácticas encuentran sustentados en tres pilares:

  1. Ser un programa pionero.
  2. Contribuir a garantizar el cumplimiento de dos derechos fundamentales, como son el acceso a la cultura y al trabajo
  3. Por último, la propuesta de inserción laboral flexible que se adapta a las múltiples necesidades de las personas a las que se dirige.

Este programa convierte el empleo en la llave de acceso a la cultura y la cultura en un vehículo de acceso al empleo, derechos reconocidos en la Declaración de los Derechos Humanos de la ONU, la Constitución Española, la Estrategia Integral de Cultura Para Todos centrada en la accesibilidad de personas con discapacidad del Gobierno de España y en La Ley General de los Derechos de las Personas con Discapacidad y su inclusión social.

Las replicas

Producto de la experiencia entre las dos entidades, otras bibliotecas de la red Municipal del Ayuntamiento de Madrid se han sumado a los diferentes proyectos:

  1. Desde el año 2018 realizan prácticas de Auxiliares de Cultura en la BPM Dámaso Alonso, en la BPM Benito Pérez Galdós y en la BPM Iván de Vargas.
  2. Más recientemente, la BPM Eugenio Trías, colabora en el Taller Literario y en el Taller de Cuentos

 

Rompiendo barreras, físicas y mentales, caminamos paso a paso hacia

el verdadero significado de biblioteca pública,

donde todos somos biblioteca.

 

Celebramos la música: Biblioteca Musical Víctor Espinós

El Día Europeo de la Música se celebra desde los años ochenta el 21 de junio, coincidiendo con el solsticio de verano, en una jornada festiva que se dedica a compartir música de cualquier género en espacios públicos, con la ilusión de que el disfrute la música llegue cada vez a más personas.

En la madrileña Biblioteca Musical Víctor Espinós celebramos este día de una forma especial desde hace varios años. Una “audición de usuarios” convoca a todas las personas que utilizan las cabinas de ensayo de la biblioteca a una muestra pública de su talento en nuestra sala de actividades, ya se encuentren en los momentos iniciales del aprendizaje musical, o sean expertos músicos, o estén en cualquiera de los caminos intermedios. El objetivo es compartir experiencias musicales y realizar una de las principales misiones que la Biblioteca tiene encomendada desde hace 100 años: apoyar el estudio y la difusión de la música.

Una historia de música para todos los públicos

La biblioteca lleva hoy el nombre de Víctor Espinós, periodista, crítico musical y bibliotecario, que en 1919 pensó que la ciudad de Madrid necesitaba una infraestructura cultural que ofreciese la posibilidad de realizar estudios musicales a personas, que por su situación socioeconómica, no tuvieran recursos para hacerlo. Para ello solicitó al Ayuntamiento de Madrid la creación de una Biblioteca que prestase al público de forma gratuita libros, partituras e instrumentos musicales.

Para la creación del primer fondo de préstamo Espinós propuso apelar a la generosidad del vecindario y, en concreto, a aquéllos que pudiesen tener “papeles de música” en casa. Por su carrera periodística, conocía a diferentes personas e instituciones relacionadas con la música: la Corte y la aristocracia; músicos o compositores con los que trató en su faceta de crítico musical; compañeros de la prensa; e instituciones públicas o privadas relacionadas con la edición de música. Espinós envió cartas a todos ellos para que colaborasen en la formación de la colección fundacional de la biblioteca. La prensa de la época se hace eco de estas primeras donaciones y elabora listas de los donantes que contribuyeron, no solo con el envío de partituras, también con dinero, al nuevo proyecto.

La biblioteca se abre al público, tras la confección de su primer catálogo en 1922, en un local de la Casa de la Carnicería en la plaza Mayor de Madrid e inicia su andadura, pionera en muchos aspectos, ofreciendo al público partituras, libros y, a partir de 1932, préstamo de instrumentos musicales.

La Biblioteca Musical con el tiempo se convirtió en una institución diferente y única gracias a las iniciativas de Víctor Espinós que nacen de forma paralela a la creación de la institución. Dos buenos ejemplos son la colección de Quijotes musicales y el préstamo de instrumentos, germen del museo de instrumentos musicales. Para ambos proyectos solicita de nuevo la colaboración de los donantes y en pocos años se crea una colección de realizaciones musicales inspiradas en el Quijote con las aportaciones de numerosos compositores que, en ocasiones, autografían sus obras, lo que las convierte en ejemplares únicos. La colección de instrumentos, por su parte, se ve nutrida también con objetos de diverso carácter, pero algunas piezas de considerable valor o rareza, comienzan a formar parte de un incipiente museo  pedagógico musical e instrumental.

Por lo tanto, a mediados de los años treinta estaban ya diseñados, organizados y puestos en funcionamiento casi todos los servicios que va a ofrecer la Biblioteca Musical a lo largo de su historia, con un marcado carácter abierto y gratuito: el préstamo de métodos de estudio y partituras, el préstamo de instrumentos a domicilio y los pianos para ensayo dentro de la biblioteca. Además, ya está en formación la colección de Quijotes musicales, que constituye una de las señas de identidad de la Biblioteca, y la que se considera la primera colección de instrumentos musicales abierta al público en la ciudad de Madrid.

La Biblioteca Musical en la actualidad

La institución ha seguido su camino a lo largo de décadas en las que siempre ha estado al lado de las personas que han estudiado música en Madrid, proyectando sus servicios de biblioteca especializada a toda la ciudadanía. Actualmente ofrece al público sus instalaciones situadas en uno de los mayores equipamientos culturales municipales, el  edificio Conde Duque.

La Biblioteca Musical es hoy un centro vivo y dinámico al que acuden a diario personas de todas las edades y procedencias. El público que utiliza la Biblioteca es diverso, con intereses y necesidades informativas muy distintas: estudiantes de música, músicos y cantantes, profesionales o no, investigadores y aficionados a la música en general.

Los servicios que hoy se ofrecen no difieren mucho de los que se han prestado a lo largo de los años, pero ahora se han establecido compromisos de cumplimiento con la ciudadanía que se recogen en la Carta de Servicios aprobada en 2015.

La biblioteca en la actualidad ofrece servicios de carácter general:

  • Información general y especializada
  • Préstamo de libros, partituras, discos y vídeos
  • Consulta de colecciones, presencial o virtual.
  • Actividades culturales.
  • Reproducción de Documentos.

Y servicios especializados, propios y únicos de la Biblioteca Musical:

  • Préstamo de instrumentos musicales.
  • Cabinas de estudio con pianos y otros instrumentos.

Por su parte, las colecciones que posee la biblioteca son ricas y diversas: el fondo contemporáneo para préstamo compuesto por libros, partituras, métodos de aprendizaje de instrumentos y recursos audiovisuales; las revistas especializadas en música; la colección de instrumentos para préstamo; el fondo antiguo de partituras y registros sonoros; la colección de programas de mano y carteles de conciertos; los Quijotes musicales; y la colección de patrimonio histórico (instrumentos musicales, fotografías, cartas y otros objetos relacionados con la historia de la Biblioteca).

La Biblioteca Musical colabora también con otras instituciones afines de la ciudad de Madrid en festivales culturales y actividades que tengan como objetivo la difusión de cultura musical y es miembro de la International Association of Music Libraries Archives and Documentation Centres (IALM), a través de la Asociación Española de Documentación Musical (AEDOM).

La celebración del Centenario

En 2019 la Biblioteca Musical ha cumplido su primer centenario y ha compartido esta celebración con el público de muy diversas formas. Se han realizado dos Jornadas de estudio: El patrimonio documental musical y El patrimonio instrumental (ambas con la colaboración de expertos en cada disciplina). También se ha preparado un libro conmemorativo que nos lleva, de la mano de reconocidos investigadores, a recorrer la historia de la Biblioteca, el contexto musical de la época de su fundación, la figura de Víctor Espinós, el estudio de alguna de sus colecciones más destacadas y la visión de los usuarios actuales.

Una parte destacada de la celebración es la exposición Biblioteca Musical.100 años, que se inauguró en noviembre de 2019 en la sala 1 de exposiciones de Conde Duque, en la que se ha querido que el público descubra la historia de la Biblioteca, pero también que experimente con la música, que escuche música y que aprenda música, por eso en ella el público ha podido ver, escuchar y tocar.

En una gran vitrina se exponen 41 piezas entre instrumentos de cuerda, viento y reproductores de sonido, pero también se puede contemplar el rico patrimonio documental musical de la biblioteca que incluye una parte de su colección de Quijotes musicales. El público ha podido escuchar música en directo en una pequeña sala de conciertos y un espacio para tocar pone instrumentos a disposición del público.

Una buena celebración del Día Europeo de la Música puede ser hacer una visita a la exposición y, aunque ahora solo podamos ver, disfrutaremos de la historia de una institución nacida para la difusión de la música.

“Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad…”

Partituras electrónicas: lectoescritura musical en el ámbito digital
Javier Merchán-Sánchez-Jara
Barcelona : UOC, 2019
136 p. ; 18 cm– (El profesional de la información ; 48)
ISBN 978-84-9180-468-0

 

“Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad” le dice Don Sebastián a Don Hilarión en la zarzuela La verbena de la Paloma. Habría que haber visto la reacción de D. Tomás Bretón, compositor de esta insigne obra, si, en su momento, hubiera podido tener entre sus manos y entre sus materiales de trabajo un iPad o programas como el Finale o el Encore o cualquier editor y trascriptor digital: pareciera como si su libretista, D. Ricardo de la Vega, estuviera adelantándose unos cien años a su tiempo, viviendo una especie de Ministerio del tiempo en sentido inverso, del pasado al futuro.

Es una realidad que las ciencias informáticas han volado en los últimos decenios y permiten maravillas como las que nos explica Javier Merchán-Sanchez-Jara en su conciso y clarificador libro Partituras electrónicas: lectoescritura musical en el ámbito digital, perteneciente a la colección El profesional de la información, dirigida por Javier Guallar. El profesor de la Universidad de Salamanca y miembro del grupo de investigación reconocido (GIR) E-Lectra, Grupo de Investigación sobre Lectura, Edición Digital, Transferencia y Evaluación de la Información Científica desgrana en tres grandes bloques todo lo relativo al desarrollo tecnológico y estándares para la codificación musical, con sus respectivas herramientas para la lectura, edición, clasificación o difusión. Es evidente que con la eclosión de la web y las aplicaciones especializadas se han conseguido mejorar las prestaciones de todo lo que rodea el maravilloso mundo de la música y se ha facilitado un mayor y mejor acceso a un público, no solo especializado, sino cada vez más universal. El paso de lo impreso a lo digital es un proceso natural y lógico en pleno siglo XXI y la música no es ajena a ello.

En el primer gran apartado, Caracterización de las partituras electrónicas, se analizan las características principales, las prestaciones y las formas de acceso y formatos más habituales desde los inicios de estas herramientas –con el legado impreso convertido en una especie de “facsímil digital” en PDF–, a las nuevas partituras digitales (e-scores) pasando por la codificación y edición que permiten la trasposición, edición, notación o recreación sonora. El autor pone de manifiesto que las nuevas funcionalidades no deben limitarse al solo avance tecnológico de los dispositivos sino a la clasificación y gestión de contenidos, asistencia a la lectura, estudio, interpretación…La visualización, la gestión de una biblioteca personal, el acceso al texto con la posibilidad de la reproducción sonora de la pieza seleccionada, el paso de página automatizado o la trasposición del discurso musical y estandarización de formatos son elementos fundamentales a tener en cuenta a la hora de introducirse en este bello y complejo mundo.

Este último punto es analizado con detenimiento con la distinción de tres grandes grupos de formatos digitales: genéricos (PDF), EPUB (que permiten la integración de materiales multimedia o sistemas de protección de derechos digitales DRM) y propietarios/especializados (de plataformas comerciales, menos accesibles, pero con mayores prestaciones). Algunos de los ejemplos de este último grupo son, entre otros, LilyPond, Music 21, MEI (lenguaje XML desarrollado por informáticos y documentalistas) y, sobre todo, MusicXML, el estándar más aceptado en todo el mundo para leer e intercambiar información en dispositivos móviles, usado por aplicaciones como Finale, Sibelius, Encore, Cubase (entornos DAW), SmartScore (escaneo) o Notion y Notate (notación musical). En todo momento, el estilo del autor es claro, esquemático y muy académico, apoyándose incluso en algunos gráficos para presentar un tema nada sencillo y que, por su especificidad, puede parecer abrumador desde el punto de vista técnico.

En el segundo bloque el autor analiza Los dispositivos para lectoescritura. Entramos en un mundo que evidentemente ha evolucionado a una velocidad de vértigo y no es nuevo el día en que no se conozcan novedades en este campo: la aparición de los dispositivos móviles, sobre todo del IPad (tablets), claramente ha cambiado las reglas de juego. Dos son las ventajas principales: una buena visualización y manejo y el uso en atriles o lugares de ensayo. Con la descarga de app’s se puede componer, grabar, reproducir archivos de audio y video, corregir documentos…En pocas palabras: ¡una maravilla! El profesor Merchán señala dos tipos de dispositivos: genéricos y específicos. Entre los dedicados exclusivamente al uso musical destaca Guido Music (de tinta electrónica con un efecto de partitura antigua), PadMu (se puede anotar y pasar automáticamente de hoja) o Music Scora (atriles virtuales, magníficos en cuanto a prestaciones, pero muy voluminosos y costosos).

En un segundo espacio, el autor describe los dispositivos de sobremesa, con grandes prestaciones para la edición, creación y modificación de textos musicales. Es la forma de acceso más habitual para quienes utilizan Finale, Sibelius o GuitarPro. Otras aplicaciones como MuseScore –en su versión escritorio– representan una gran herramienta, ya que permite crear una comunidad de usuarios (una especie de mini red social musical) y disfrutar de funcionalidades gratuitas y de pago o Premium. Esta web permite navegar a través de una importante biblioteca de partituras perfectamente organizadas por géneros, autores, instrumentación o tipos de licencia, y muy accesibles gracias a un estupendo buscador.

Otro apartado fundamental que se analiza, pienso yo que, con buen criterio, es todo lo relativo al mundo de las partituras electrónicas en el mundo de la educación. Aquí, el profesor Merchán, buen conocedor dado su rango académico, señala algunas de las plataformas y aplicaciones más comunes como SmartMusic que permite organizar aulas virtuales y aplicar recursos para la interpretación con instrumentos, Tonara o Music Monitor, especializada, esta última, en el seguimiento de un instrumentista durante su formación. También hace un rápido repaso a aplicaciones para la interpretación como Newzik, integrado en orquestas o grupos que deben tocar en tiempo real y son conectados en red para que cada uno sepa su situación y el momento exacto a la hora de tocar.

El tercer y último bloque trata sobre Distribución y acceso a contenidos. En su primer apartado se analizan las bibliotecas digitales y repositorios de acceso abierto y la novedad que han supuesto por facilitar la difusión y el acceso libre a las obras. Uno de los más utilizados en la actualidad entre la comunidad de músicos y aficionados es IMSLP/Petrucci Music Library, con un repositorio de unas 430.000 partituras de unos 15.000 autores (cifras absolutamente espectaculares) que se pueden descargar en formato PDF y que son enriquecidas continuamente por las aportaciones de usuarios pertenecientes a esta red; otros ejemplos de este tipo son Mutopia Project o 8-Notes. El libro finaliza con el análisis de movimientos como los foros y los blogs especializados, creados por comunidades que recaudan y reciben materiales, creando verdaderas autopistas informativas, con una clara orientación pedagógica. Y, por último, la digitalización de bibliotecas personales, que son gran mayoría aún hoy en día con un sistema de escaneado e informatización de material tradicional impreso.

En definitiva, un libro muy interesante, necesario, escrito con lenguaje claro y convincente y con gran afán didáctico, pensado no solo para especialistas en la materia sino también, pienso, para personas que aún se rehúsan a adentrarse en las nuevas tecnologías, en este caso, dentro del campo musical. Hay que felicitar, de nuevo, a Javier Guallar y a la editorial UOC por su colección y por apostar por un tema aún por descubrir y desarrollar en muchos aspectos. ¡Siempre hay un libro nuevo en el que aprender algo!

 

El inmenso encanto de lo pequeño. Libros en miniatura: 2.000 años de ediciones minúsculas

Puede parecer absurdo que se publiquen libros con un tamaño tan reducido que leerlos se convierte en un ejercicio incómodo y, en ocasiones, imposible. Pero como el ser humano siempre ha querido realizar réplicas pequeñas de su entorno, son muchos los editores que se han dejado seducir por el encanto del formato diminuto. Su delicadeza y la dificultad en su realización hacen que estas pequeñas obras tengan un valor y un poder de atracción inversamente proporcional a su tamaño. 

Se cataloga de “libros en miniatura” aquellos volúmenes que no sobrepasan los 75 mm de alto. Aunque esta descripción cambia según los países. Así, en Europa y en gran parte de Hispanoamérica suelen aceptarse bajo esta denominación incluso las ediciones que alcanzan los 100 milímetros referidos a la mancha impresa; mientras que en los Estados Unidos, donde se encuentra la principal sociedad internacional de editores, coleccionistas y autores de mini libros (Miniature Book Society), sólo admiten como miniatura los que no sobrepasan los 75 milímetros referidos a su encuadernación.

La evolución del formato minúsculo

Los libros en miniatura han existido siempre. Plinio, en su Tratado de Historia, menciona la existencia de un manuscrito de La Iliada que cabía en una cáscara de nuez. Y son numerosos los ejemplares de tabletas de arcilla sumerias que no superan los 40 milímetros de tamaño. Igual que “los libros amuleto”, tan populares en las civilizaciones egipcia y etíope. O los “codicillus” (pequeños manuscritos) y “pugillare” (tablas de madera recubiertas de cera que se usaban en la antigua Roma como soporte para escribir), sustantivo latino derivado de “pugillus”, que a su vez es el diminutivo de “pugnus” (puño o mano cerrada), cuya etimología enfatiza que es de un tamaño tan diminuto que puede guardarse en la palma de la mano. 

Sin embargo, hace siglos no se reducían los libros con el ánimo de “conseguir el más pequeño todavía” sino por una cuestión práctica: su portabilidad. Los ejemplares minúsculos suponían un soporte pequeño y compacto en el que almacenar mucha información y poder transportarse con mayor comodidad y menor esfuerzo en una época en la que los medios de locomoción dejaban bastante que desear y los viajes se hacían interminables. 

En otras palabras, durante siglos, los libros en miniatura perseguían el mismo objetivo que las actuales tabletas, móviles y demás automatismos: albergar muchos datos en poco espacio.

Por otro lado, como la gran mayoría de los primeros libros eran de temática religiosa y tenían un importante elemento simbólico y espiritual, también se destinaban y diseñaban para ser llevados en la mano, enganchados a un cinturón o colgados del cuello, convirtiéndose en una especie de amuleto. De hecho, muchos devocionarios, libros de horas y breviarios redujeron su tamaño para hacer posible el tener sobre uno mismo la “palabra de Dios”… y de paso facilitar su manejabilidad y soportar su peso. Con ese espíritu, en la Alta Edad media se popularizaron los “libros de cintura”, que usaron fundamentalmente frailes y sacerdotes con el objetivo de poder orar ellos mismos en cualquier momento o como guía para adoctrinar a sus discípulos. 

En cuanto a los libros colgante hay ejemplos excepcionales. Uno de los más lujosos es el Credo de Carlos V, un precioso libro joya custodiado por el Museo Nacional de Artes Decorativas de Madrid; ó Las Misas de San Francisco y Santa Ana, que es el códice más pequeño que se conserva en la Biblioteca Vaticana.

Pero este principio de miniaturizar la palabra de Dios no sólo se utilizó con los textos católicos: los coranes, torás y demás libros sagrados de otras religiones fueron reducidos con el mismo fin. De hecho, es una tradición en muchas comunidades escolares islámicas realizar copias manuscritas en miniatura con versículos del Corán.   

Los mini almanaques y calendarios que tanto se popularizaron desde principios del siglo XVII en Inglaterra y a partir del XVIII en Francia, Alemania y Austria (y que no sólo contenían el santoral, las fiestas de guardar y los fechas señaladas del año sino que además ofrecían muchísima información práctica cotidiana y resúmenes históricos), también se realizaban en un tamaño pequeño tanto por lo efímero de su contenido como para ser portados en los bolsillos de los chalecos de los caballeros o en las limosneras de las damas. Tanto gustaban estos pequeños almanaques, que se convirtieron en el regalo de moda en aquellos tiempos. Se comercializaban en primorosos estuches, acompañados de una lupa de dimensiones proporcionales a los libritos, que a su vez se encuadernaban a todo lujo en piel, nácar, marfil, carey, plata, esmalte, seda… Convirtiéndose en verdaderas joyas.

A finales del siglo XVIII, la aparición de las teorías de Rousseau tuvo como una de sus consecuencias directas que se pensara en la educación de los niños también de manera lúdica. Empezaron entonces a publicarse libros de cuentos o didácticos destinados al público infantil en formato miniatura para hacerlos más atractivos a sus gustos y también más apropiados al tamaño de sus manos.

Hoy, sin embargo, el objetivo de los libros minúsculos se encamina más a valorar la habilidad en el proceso de fabricación y “miniaturización” tanto como en la belleza del producto acabado y su originalidad.

Personajes históricos seducidos por el formato diminuto

Ana Bolena (Kent, 1501-Londres, 1536) encargó un pequeñísimo libro de salmos en formato de joya. El librito en cuestión la acompañó de camino al cadalso y se lo entregó a su dama de compañía justo antes de su ejecución. Ahora se conserva en la Biblioteca Británica.

Napoleón Bonaparte  mandó formar una biblioteca portátil con sesenta títulos clásicos que se guardaba en una caja con forma de libro y que llevaba siempre a sus campañas militares.

Isabel I de Inglaterra (Greenwich, 1533-Richmond, 1603) llevaba siempre consigo un libro miniatura con oraciones traducidas al francés, griego, italiano y latín. 

Benjamín Franklin (Boston, 1706-Filadelfia, 1790) tenía su propia biblioteca portátil de viaje con libros minúsculos e incluso imprimió una versión reducida del almanaque de Poor Richard. 

Abraham Lincoln (Kentucky, 1809- Washington 1865) llevaba consigo un libro en miniatura de oraciones que le acompañó durante todo su recorrido como abogado en Illinois.

Eugenia de Montijo (Granada, 1826-Madrid, 1920), esposa de José Bonaparte, se convirtió en una ávida coleccionista de libros con una especial predilección por este apartado tan particular de la bibliofilia llegando a atesorar más de 2.000 ejemplares de formato minúsculo. Desgraciadamente fueron destruidos durante una revuelta política.

Theodore Roosvelt (Nueva Cork, 1858-Oyster bay 1919), vigésimo sexto presidente de los Estados Unidos, era tan aficionado a los libros en miniatura que, además de coleccionarlos, editó un librito en este formato para promocionar su candidatura a las elecciones presidenciales de 1904. 

María de Teck (1867-1953), esposa del rey Jorge V del Reino Unido, fue propietaria de una maravillosa casa de muñecas, en la que destaca la biblioteca, que cuenta con 170 micro libros manuscritos por los mejores autores de la época, como Kipling o Conan Doyle, quienes crearon relatos inéditos para tal ocasión. 

Emily, Charlotte y Anne Brontë, durante su infancia y adolescencia, escribían relatos en libros en miniatura que confeccionaban ellas mismas y que ahora pueden verse en la Houghton Library.