Emerging International Voices

Por poco que se conozca cómo funciona una biblioteca, resulta evidente que éstas están trabajando cada día con más servicios digitales. El uso de herramientas digitales en el sector de las bibliotecas no es nada nuevo, pero sí que, como en tantos otros sectores, nos encontramos en un momento en que su avanzado estado de implantación nos hace reflexionar sobre qué son o qué no son los servicios digitales, cómo podemos combinar de manera eficaz lo digital y lo presencial o cómo debemos usar unas herramientas tan potentes como son las redes sociales, para así alcanzar los objetivos de nuestras bibliotecas.

Con esta mirada hacia el futuro, la IFLA (International Federation of Librarians Association) y el Goethe Institut han organizado la primera experiencia Emerging International Voices. Un encuentro virtual en el que hemos participado durante todo el mes de octubre 22 jóvenes bibliotecarios de todo el mundo, con el objetivo de formarnos en la vertiente digital de las bibliotecas.

El programa se estructuraba a través de tres ponencias a cargo de personas de referencia en cada uno de sus campos. Las conferencias eran en abierto y podía acceder quien lo desease; además, fueron grabadas y están accesibles en:

 

Más allá del contenido de las conferencias, después de cada sesión, los participantes nos reuníamos con los ponentes y los organizadores, para poder seguir conversando del tema y ampliando algunos aspectos. Como cabía esperar, este espacio fue muy enriquecedor, ya que poder escuchar las experiencias y opiniones de compañeros de la India, Alemania, México, Portugal, Rusia, Israel o Nigeria, entre otros, resultó muy revelador a la hora de conocer la gran diversidad de situaciones bibliotecarias que se dan en el mundo, y al mismo tiempo, cómo partiendo de realidades tan distintas, todos mantenemos una profunda convicción en las bibliotecas como herramientas para la democratización de las sociedades y la mejora de calidad de vida de la ciudadanía.

Por supuesto, uno de los temas ineludibles ha sido la manera en cómo ha afectado la pandemia a cada biblioteca y qué papel han jugado las herramientas digitales como alternativa a algunos servicios presenciales. Una vez más, se pudo constatar la gran diferencia entre regiones y la brecha digital existente, ya que mientras en las bibliotecas universitarias londinenses ya se adquieren más libros en formato electrónico que en papel, en muchas zonas de los países de algunos de los participantes todavía hay serias dificultades para acceder a internet.

Una vez finalizadas todas las sesiones, el programa incluía la redacción de un pequeño artículo en el que constase nuestras reflexiones sobre los temas tratados en el Emerging International Voices. Además, vista la valoración tan positiva que tuvo por parte de los participantes, se nos sugirió desde la organización realizar una sesión extra, con la que pensar de qué forma se puede aprovechar todo este valor generado. Por parte de los compañeros se llegaron a plantearan varias opciones bien desarrolladas con las que continuar en la línea de la colaboración e intercambio de experiencias, de las que la organización tomó nota y seguramente en los próximos meses se materialice en alguna actividad más. Esto ratificó mi percepción de los bibliotecarios actuales y su predisposición a siempre intentar conocer cómo son y qué hacen las bibliotecas de su entorno y por supuesto, cuando se presenta la oportunidad, también las del resto del mundo.

Por mi parte, pienso que más allá de los contenidos tratados, es gratificante para las bibliotecas que organismos como el Goethe Institut cuenten con ellas como sector estratégico y que esta simbiosis con la IFLA haya permitido poner en contacto a bibliotecarios, a los que además del componente gremial, también les une un componente generacional. Desde mi punto de vista, compartir, copiar y adaptar, es clave para la continua formación del personal de un sector tan fragmentado como es el bibliotecario, por lo que experiencias como éstas pueden ser muy útiles, más todavía en el actual contexto de limitaciones en la movilidad.

Bibliotecas públicas comprometidas con sus comunidades a través de la tecnología y la innovación

Las bibliotecas han sido durante siglos infraestructuras muy estables: en diferentes períodos históricos y para grupos humanos muy diversos, han sido y son centros de referencia para el acceso al conocimiento. Al mismo tiempo, las bibliotecas son infraestructuras muy plásticas: han dado respuestas situadas, locales y específicas a las necesidades concretas que les han planteado las diferentes comunidades con las que interaccionado a lo largo de la historia.

En estos tiempos de transformación, en los que la digitalización y el uso intensivo de las tecnologías están modificando la forma en la que se accede, se produce y se comparte el conocimiento, las bibliotecas públicas se enfrentan a nuevos y disruptivos desafíos. Las colecciones siguen siendo importantes y el debate sobre los espacios bibliotecarios, que ha estado siempre presente en el devenir de la biblioteca como infraestructura, ha ocupado buena parte de las discusiones profesionales en los últimos años. Sin embargo, hay un interés creciente en nuestro ámbito profesional hacia todas aquellas cuestiones que giran en torno a la implicación activa de las bibliotecas públicas con y para sus comunidades.

Ante este escenario en el que dialogan la tecnología, la biblioteca como espacio y el giro de las bibliotecas hacia la comunidad, desde hace relativamente poco tiempo han comenzado a emerger dentro de las propias bibliotecas ciertas infraestructuras de innovación (labs, espacios maker, laboratorios bibliotecarios), que sitúan al conjunto de la comunidad en el centro de procesos de creación y codiseño, y que transforman las bibliotecas en espacios de encuentros. El Library Living Lab, en la Biblioteca Pública Miquel Batllori de Sant Cugat del Vallès (Barcelona, España), es una expresión de este fenómeno.

Library Living Lab, en la Biblioteca Pública Miquel Batllori de Sant Cugat del Vallès

El artículo que difundimos en esta entrada del blog de SEDIC es un estudio de caso que analiza, a través de dos experiencias concretas llevadas a cabo en el Library Living Lab, cómo las tecnologías digitales pueden ser motores de transformación social cuando la participación ciudadana se sitúa en el centro de los procesos de innovación. El artículo proporciona algunas ideas sobre cómo las bibliotecas públicas pueden convertirse en agentes clave para fomentar y fortalecer la cohesión social de sus comunidades a través de prácticas de innovación situadas, colectivas y que giran en torno a las tecnologías digitales.

Hernández-Pérez, O., Vilariño, F. & Domènech, M. (2020). Public Libraries Engaging Communities through Technology and Innovation: Insights from the Library Living Lab. Public Library Quarterly. DOI: 10.1080/01616846.2020.1845047

¡Deseamos que lo encontréis interesante!

JORNADA PROBLEMAETICAS / XI JIEB 1º parte

La Jornada Internacional sobre Experiencias Bibliotecarias JIEB 2020 se celebró el pasado diecinueve de noviembre en formato virtual por primera vez, dadas las circunstancias especiales de este año que hacían imposible un encuentro presencial. Con una participación de más de ciento ochenta personas, ha sido la jornada más internacional de entre las celebradas hasta la fecha, pues en esta ocasión no sólo los ponentes tenían procedencias diversas sino también parte de los participantes. También se podría decir que ha sido la más interactiva: se hicieron más de treinta consultas por escrito, de entre las que hubo que elegir para incluir en el tiempo del debate final.

Ambas cifras creemos que ponen de manifiesto hasta qué punto el tema elegido ocupa y preocupa a los bibliotecarios. Algunas de las cuestiones éticas que tienen lugar en las bibliotecas y a las que se enfrentan sus profesionales día a día, han sido analizadas y debatidas a partir de experiencias procedentes de distintos países y culturas como es propio de las JIEB. Dentro de la amplitud que supone este campo de lo que en la Jornada se dio en llamar “problemaéticas”, el encuentro se organizó específicamente sobre dos ejes temáticos con dos subtemáticas cada uno:

  1. Responsabilidad social y principio de igualdad (centrado en el colectivo de las personas sin hogar y en quienes padecen soledad no deseada a partir de experiencias locales)
  2. Libertad intelectual (con especial atención a la neutralidad y la desinformación desde la perspectiva de distintas ponentes internacionales).

Para moderar la sesión, en la que se alternaban videos pregrabados con un encuentro final en vivo, se contó con el saber hacer de Paz Fernández, conocedora de la materia por su larga trayectoria como bibliotecaria y sobre todo su labor como coordinadora del grupo de trabajo que elaboró el código ético de SEDIC.

El formato de arranque de esta Jornada se produce en los últimos tiempos invitando a alguien ajeno a la profesión, pero relacionado con la temática elegida para dar su “visión exterior”, que sirve como marco de referencia en el que sustentar el resto de las aportaciones. En esta ocasión se optó por realizar una entrevista al filósofo “mundano” Javier Gomá, a cargo de la bibliotecaria Anna María Ballester; ambos charlaron animadamente bajo la sana premisa de evitar la moralización. Gomá incidió en la importancia de distinguir entre costumbres y leyes, lo que para él es el corazón de la ética: todo lo que se consigue sin amenaza de castigo son costumbres cívicas; sin ellas la ley no tendría valor. Pero esta costumbre evoluciona y tiene que estar sujeta a una revisión crítica que permita valorar si sigue siendo necesaria. Anna María puso como ejemplo actual la elección del pronombre a utilizar en el trato con una persona transexual.

Por otro lado, se reflexionó sobre la condición de las bibliotecas como supuesto sitio neutral, que plantea el dilema de qué posición tomar ante contenido fascista, homófobo o que incite a la violencia. La propuesta de Gomá sería adoptar una posición inicial de escucha, pero teniendo en cuenta lo que es correcto para cada caso concreto. Animaba a contribuir a la educación del usuario, pero evitando sustituir sus libertades. Gomá, lector voraz y autodidacta, cerraba la entrevista confesando que la biblioteca sería para él lo más parecido a un maestro.

La siguiente participación fue en parte una continuación en cuanto a que sus protagonistas eran igualmente ajenas a la profesión bibliotecaria y el formato elegido fue también la entrevista. Pepa Hervás desde la Red de Bibliotecas del Ayuntamiento de Madrid trasladó a dos de las trabajadoras del equipo de calle del Samur Social con las que colaboran (Ana Álvarez y Silvia Galán) diferentes cuestiones sobre el trabajo que realizan con personas sin hogar y la labor social de las bibliotecas en relación a ello.

Explicaron cómo la colaboración surgió con tres de las bibliotecas del centro de Madrid a partir de distintas quejas y con el objetivo de ayudar a conseguir una buena convivencia. Una de las primeras inquietudes que les expresaron los bibliotecarios fue sobre el modo en que convenía dirigirse a ellos. Les parecía que, aunque en ocasiones hacían un mal uso de los servicios y los materiales, son los primeros interesados en seguir utilizándolas. Nos recordaron que el perfil del “sin hogar” ha cambiado mucho y es más variado de lo que pensamos; su trabajo se centra sobre todo en evitar que se cronifique. En este sentido, explicaban que les es útil saber sus hábitos y poder localizarles, y es desde ahí donde su labor se enlaza con la biblioteca en una colaboración positiva para ambas partes.

La posibilidad de disponer de acceso a internet les parecía un servicio bibliotecario fundamental para este colectivo, puesto que les facilita realizar sus trámites, de forma autónoma o con la orientación de ellas en un primer momento. En esta línea se habló de la posibilidad de impartir cursos de ALFIN para ellos y aunque a ambas les resultaba muy interesante recomendaban ajustar las expectativas y disponer de flexibilidad en aspectos como la puntualidad (lo que para nosotros es sencillo y rutinario para ellos puede no serlo), ofrecerles algún aliciente “de gancho” como un café y preguntarles/escucharles sobre lo que les podría interesar. La difusión funciona mucho “de boca en boca”, por lo que se podría lanzar y repetir el mes siguiente confiando en que se hubiera difundido entre algunos más. A Silvia y Ana les pareció buena la propuesta de que pudiera haber en las bibliotecas alguien con un perfil a medio camino entre trabajadores sociales y bibliotecarios como puente y medio de detección de casos. Esta experiencia fue una de las que más preguntas suscitó entre los participantes.

Continuando con las propuestas afines al principio de inclusión, pudimos escuchar a María Luisa Azcárraga quien como directora de la de la Biblioteca Pública del Estado Manual Alvar incluida en la Red de Bibliotecas de la Comunidad de Madrid explicó en un emotivo vídeo la importancia de los proyectos para personas en situación de soledad no deseada. Aunque solemos relacionarla con gente mayor también incluye a recién jubilados, personas en riesgo de exclusión social e incluso desde la pandemia niñxs y jóvenes. Para ella este servicio es parte de la esencia de la biblioteca pública: un espacio de acogida para paliar la soledad, participando de las actividades o charlando con los bibliotecarios.

El servicio estrella para ella es que el realizan con Telebiblioteca orientado a personas mayores o discapacitadas pues, aunque sea a distancia crean relación con los transportistas, gestores y personal bibliotecario al que llaman pidiendo recomendaciones. Otro servicio que le parecía fundamental es el de los bibliobuses, que a pesar de no tener un sitio fijo permiten a su manera tejer redes entre sus usuarios.

Insistió en la importancia de la biblioteca como refugio, un espacio seguro donde reinventarse y establecer vínculos, en el que encontrar individuos afines y que suele arropar a los más vulnerables.

Recordó el proyecto de “Biblioteca Abierta” creado para contribuir a integrar a las personas de otros orígenes, para desde ahí llevarnos al presente introduciendo la colaboración que realizan actualmente con el centro de mayores de su zona, el distrito de Salamanca. El Proyecto SENES surge como respuesta a un vecindario donde el 67% son mujeres con alguna formación y que están solas. Con él colaboran distintas entidades del barrio incluyendo la biblioteca, que aprovecha para promover Telebiblioteca y averiguar qué necesitan para desde ahí empezar a trabajar.

Para Azcárraga es importante adaptar la biblioteca a las personas mayores para que sientan que se les acoge y “se les abraza”. También mencionó la colaboración que están realizando entre centros de salud y bibliotecas cediendo libros ilustrados para la sala de espera; especialmente ambiciosa en el caso de la biblioteca de Vallecas y el Hospital Infanta Leonor.

Cerró su intervención con una reflexión sobre el efecto de la pandemia y el confinamiento en las bibliotecas y los bibliotecarios. Quiso señalar cómo afectaba a los profesionales este cambio de escenario, destacando aspectos positivos del proceso, pero concluyendo que “las personas necesitamos personas” y por ello también una biblioteca presencial. Animó a los profesionales a desarrollar más habilidades sociales y tener más humanidad, a seguir siendo un refugio para todos.

JORNADA PROBLEMAETICAS / XI JIEB 2ª parte

La segunda parte de la Jornada la abrió Zoë Beck, codirectora de la editorial Culturbooks, escritora, traductora y guionista. Destaca además por su papel como activista en la iniciativa alemana #publishersagainstracism #verlagegenrechts, una alianza de acción del mundo del libro contra las ideas racistas, antifeministas y homofóbicas. Su ponencia, Libertad intelectual y neutralidad, fue una invitación a reflexionar sobre el posicionamiento de librerías y bibliotecas en la gestión de publicaciones cuyo contenido defiende valores que pueden afectar negativamente a la dignidad humana, como el fascismo, el racismo, la misoginia o la homofobia. Las librerías suelen sopesar si el objetivo económico prima sobre el ideológico y eligen entre diferentes opciones. Algunas deciden exponer estos libros en sus escaparates, otras los señalizan con alguna indicación sobre el contenido, por ejemplo “libros de la nueva derecha” y otras los mezclan con libros que defienden posiciones contrarias, marcando así la diversidad.

El caso de las bibliotecas es más complejo: deben constituir las colecciones en base al principio de neutralidad ideológica y política. Son garantes de los derechos fundamentales de libertad de información y diversidad ideológica, así como del acceso universal a la información, pero a la vez deben moverse siempre dentro de los límites democráticos. Es un equilibrio difícil que genera una disyuntiva a la hora de procesar y difundir este tipo de documentos.

Se apuntaron algunas ideas como abrir un espacio de diálogo con las personas que buscan estas obras; diseñar una política bibliotecaria en la que se acuerde si se incluirán esos libros en su sitio correspondiente de las estanterías o se contextualizarán con alguna señalización que pueda prevenir al usuario; promover grandes eventos de formación y sensibilización a la población, en los que se oriente al ciudadano para manejar las fuentes. A pesar de lo conciliador de estas ideas, Zoë cuestionaba si estas publicaciones realmente pueden tener cabida en una institución que se define a sí misma como un instrumento efectivo para fomentar la integración y el compromiso ciudadano. Para ella, la única opción es censurar las ideas antidemocráticas y discriminatorias y en las propias bibliotecas crear una oferta muy plural y muchas posibilidades de información.

Otra dificultad importante que han encontrado las bibliotecas en el ejercicio de su función como garantes del acceso a información, es la proliferación de noticias falsas o fake news. Las dos siguientes ponencias trataron este tema desde dos puntos de vista diferentes, el de la biblioteca universitaria y de investigación y el de la biblioteca pública.

Paz Fernández destacó las palabras de la ponente francesa, Cécil Swiatek, para quien es imprescindible la labor de las bibliotecas universitarias y especializadas como gérmenes y cimientos imprescindibles, generando ideas y, por consiguiente, generadoras de preguntas, de hipótesis, como alimento imprescindible para la innovación y la investigación.

Cécile Swiatek es directora adjunta de la Biblioteca de la Universidad de París II, Francia y Secretaria General de la ADBU. Bibliotecaria de profesión, el lema con que titula su ponencia Las grandes ideas comienzan aquí (en la Biblioteca Universitaria) refleja fielmente el espíritu de la misma. Se centró en el objetivo de “construir información con la biblioteca” y en el posicionamiento ético de la biblioteca universitaria ante esa función. Esto pasa por revisar el papel de la Biblioteca Universitaria en sus tareas de alfabetización informacional dentro este mundo hiperconectado y, sobre todo, en definir cómo interactúa el bibliotecario con el usuario para ofrecerle las armas intelectuales que le permitan construir su información gracias a la biblioteca.

En el entorno universitario ya no basta con dar acceso a la información, además hay que provocar una crisis de curiosidad en el lector. Es necesario orientar la educación mediática para enseñar al estudiante a escoger y evaluar la fiabilidad de la información, ayudar al investigador a verificar las fuentes documentales e incitar al ciudadano a ser crítico con la información que recibe y la manera en que la busca. El objetivo es también el adiestramiento para detectar las fake news. Cécile Swiatek desarrolló todos estos conceptos siguiendo el esquema del libro Décoder les fausses nouvelles et construire son information, del que es coautora y concluyó con la idea de que la Biblioteca Universitaria se consolida como garante de la calidad y fiabilidad de la información y el bibliotecario adquiere las competencias para ser vector en el acceso a un conocimiento multifacético y de calidad.

Como complemento perfecto al trabajo de Cécile, Suzanne S. Lapierre cerró esta segunda parte con una interesante charla sobre las iniciativas de alfabetización informacional llevadas a cabo en bibliotecas públicas de Estados Unidos. Suzanne se plantea qué pueden hacer las bibliotecas públicas para ayudar a la gente a detectar las fake news y a ser más exigente y crítica con las noticias y los medios. Parte de la base de que las bibliotecas públicas ostentan un papel clave, ya que están abiertas a todo el mundo y no todo el mundo tiene acceso a internet.

Entre 2016 y 2018 llevó a cabo un trabajo de investigación, que se puede consultar en la revista Public Library Quarterly (abril 2019). Participaron 65 bibliotecas de todos los tamaños, ubicadas en 34 estados. Las encuestas realizadas revelaron la correlación existente entre el interés del personal de la biblioteca en el tema y el interés percibido por parte de la comunidad. Esto evidenciaba la necesidad de sensibilizar y formar a los trabajadores en este sentido, pero a la vez chocaba con la falta de tiempo de los bibliotecarios para lanzar iniciativas. Entre los proyectos llevados a la práctica en las bibliotecas destacó presentaciones, clases y talleres participativos, grupos de discusión o mesas redondas con periodistas y profesores. Suzanne concluyó con la propuesta de aprovechar el interés suscitado por tendencias como las noticias falsas para promover programas y, de paso, los servicios habituales de la biblioteca. Sugirió iniciativas que permiten sacar el máximo provecho de los programas con el mínimo personal, tiempo y estrés, con el fin de paliar en parte, la sobrecarga de trabajo que se da en el día a día de la biblioteca pública.

El debate final comenzó con mucha expectación por la suma de todo lo aportado en las intervenciones anteriores. Paz Fernández canalizó parte de las consultas recibidas por el chat de la plataforma virtual a las distintas ponentes.

Hubo interés en contactar con las componentes del Samur social para recibir pautas de cómo hacer con las personas sin hogar.

Otro tema fue el alcance de los servicios online y las consecuencias que ha supuesto la sustitución de muchos servicios presenciales por virtuales en el marco de la pandemia. Mª Luisa Azcárraga comentó que, si bien estos servicios, ampliados e intensificados durante el confinamiento, han tenido mucho éxito con un determinado público, hay otro tipo de usuarios que han quedado fuera, lo que nos recuerda la evidencia de la brecha digital.

Suzanne Lapierre explicó que en su biblioteca las visitas de los usuarios actualmente no pueden superar los treinta minutos. Coincidía en que los usuarios echan de menos estar y sociabilizar y que para los que no tienen internet la no presencialidad es un problema. Cécile Swiatek por su parte indicó que la situación en las bibliotecas académicas de Francia es un poco distinta, puesto que están abiertas a diferencia de las públicas. Explicó que en muchos países están abriendo salas virtuales para estudiar en entorno silencioso, aunque no sea presencial. Consideraba que un rol para los profesionales estaba siendo facilitar la lectura con iniciativas que ayudaran a que el conocimiento editorial estuviera en abierto.

En línea con lo que había expuesto en su presentación, se le consultó a Zoë Beck qué hacer si un libro fuera políticamente neutral pero su autor es conocido por su pertenencia a partidos extremos. Para ella no había una respuesta universal, habría que ver qué libro es y quizás como alternativa aportar más información sobre el autor junto con el libro. Se le consultó si conocía cómo estaba el tema en España y pese a no tener detalles reconoció que es un debate habitual en muchos países, sobre todo en aquellos donde la extrema derecha está creciendo más rápido. Como colectivo les han contactado editoriales del mundo anglosajón, pero no de España.

Volviendo al tema de los “sintecho” se les consultó a las ponentes locales (Silvia, Ana y María Luisa) si les parecería buena idea integrarles en un club de lectura. Las profesionales del Samur consideraban interesante la propuesta si incluyeran una parte de debate en la que de algún modo pudieran contar sus vivencias para empatizar mejor con otros.

Siguiendo con este colectivo, se les consultaba sobre la manera de abordar a este tipo de usuario, en el que a veces confluyen problemas de higiene, de salud mental, incluso de agresividad. La recomendación fue que en un primer momento convendría llamarles a ellas para abordar no solo su problema en la biblioteca sino su situación en general. Pasada esa primera visita, si continuaran provocando molestias, les parecía que podían dirigirse a ellos de una forma cercana y respetuosa y ofreciendo alguna solución (información de baños públicos por ejemplo u otros recursos).

Paz le consultó a Suzanne por el procedimiento que en estos casos realizaban en su biblioteca y explicaba que son habituales y que realmente se les trataba como a los demás. El tema de la higiene personal solo lo abordan si han recibido quejas de otros usuarios y que disponen de cupones para ofrecer una ducha gratuita. Buscan la manera de tratarles a todos por igual, con equanimidad. También explicó que disponen del apoyo de una persona especializada para el trato con “homeless” y que recibían formación para el trato con personas con trastornos mentales.

Se le consultó a María Luisa si las actividades sociales que ofrecen son en abierto o solo para los colectivos a los que se dirigen, pues tenían a sensación de que no se conocían lo suficiente. Ella confirmó los esfuerzos que realizan por difundir sus servicios desde las bibliotecas reconociendo al mismo tiempo que no siempre se consigue. Para ella la pandemia ha hecho que quienes conocían la biblioteca la echen de menos y a su vez llegar a gente nueva.

Cuando el tiempo de la Jornada llegaba a su fin, Paz cerró con una reflexión sobre la importancia de la labor social de las bibliotecas en las grandes ciudades, como lugar de refugio y espacio de información. Recordó que el criterio ético del bibliotecario tiene que dejar a un lado las opiniones personales y destacó el valor de tener los codigos éticos siempre a mano.

No era fácil generar debate con un abanico de temáticas tan variado y perfiles profesionales tan diferentes, pero el resultado nos parece que fue interesante e inspirador. Siempre son muchas las posibilidades que se nos abren como profesionales en la comparación de lo que se expone con lo que conocemos, en el descubrimiento de nuevos referentes y otras formas de hacer y pensar. Confiamos en que el tema de las “problemaeticas” seguirá dando mucho que hablar y esperamos poder encontrarnos presencialmente en las próximas ediciones de la JIEB.

El Conjunto arquitectónico de “El Águila”. Un edificio sensato

El edificio que albergaba la fábrica de cervezas “El Águila” fue construido para tal fin según proyecto del arquitecto Eugenio Jiménez Corera en 1912 y cuya ejecución finalizó en 1914.

Inmediatamente se planteó una ampliación importante que debía albergar otras dependencias como cocheras, módulos de proceso, bodegas, silos y heladora. Esta ampliación fue proyectada por Luis Saínz de los Terreros, cuya construcción se prolongó hasta 1935.

Su acabado en fachadas de ladrillo, sigue pautas constructivas del neomudejar madrileño, surgido en el SXIX, pero su diseño responde a un concepto racionalista funcional que sigue pautas de las grandes instalaciones fabriles implantadas en Europa con la revolución industrial.

La racionalidad del conjunto, su concepción funcional era de una percepción inmediata y sus distintos pabellones tan vinculados a su uso inequívoco, conferían al conjunto un impacto singular: calles de distribución con sus andenes, vía férrea interior, sus enormes depósitos de malta  y los edificios periféricos administrativos, componían un resultado de enorme impacto visual y estético.

La fábrica dejó su funcionamiento como tal en los años 80 y aún en estado de abandono no perdió aquel atractivo de volúmenes, espacios, circulaciones, vacíos… que hicieron pensar a la Comunidad de Madrid en la implantación de un Centro de las Artes y la Cultura que empezó a denominarse  “Leguidú”, al modo del modelo parisino.

En 1990 se incoó como Bien de Interés Cultural y en 1994 se convoca un concurso internacional de ideas entre arquitectos para ese proyecto cultural. El concurso se falló a favor del estudio de arquitectura Tuñón&Mansilla. Al cambiar el objeto del proyecto, de centro de Cultura a sede de la Biblioteca y Archivo regionales, fue de cierta dificultad convencer a algunas instancias administrativas para que el proyecto, aún con otro fin, fuera redactado por el equipo ganador, pues sus premisas habían sido respetuosas con los edificios existentes y planteaban soluciones adaptables al uso definitivo.

Así se desarrolló y completó el proyecto en 1998. En este periodo, fueron muchas las reuniones, intercambio de criterios, estudio de normativa internacional y características que había de reunir  el futuro edificio. Más de una vez he oído comentar a los arquitectos autores, su sorpresa ante la poco habitual claridad de requerimientos de la Administración sobre el futuro edificio, y más concretamente con el Archivo Regional. Las innumerables visitas de obra a las que por mi trabajo en la Dirección General de Patrimonio, tuve la suerte de asistir, se celebraban con enorme rigor, respondiendo con detalle y exhaustividad a los planos de proyecto. Se cuidaban los detalles, calidades de acabados, señalética y todas las soluciones constructivas y estéticas que hacen de este complejo lo que es hoy: un edificio sensato, modélico en construcción y funcionalidad y por qué no decirlo: un edificio de una gran belleza que ha sido hasta el momento presente, motivo de orgullo para la Administración responsable. Es objeto de visitas constantes de profesionales de la Arquitectura y los Archivos por su calidad, dotaciones y funcionamiento.

Obtuvo en 2003 el Premio COAM de Arquitectura de Obra Pública Corporativa.

El estudio Tuñón&Mansilla ha obtenido numerosos premios nacionales e internacionales por su obra, entre otros Medalla de Oro a las Bellas Artes (2014), Premio de Arquitectura Contemporánea Mies Van der Rohe (2007).

Ese orgullo oficial y ciudadano por este modelo arquitectónico y funcional parece ha tocado a su fin.

En el momento presente, se pretende romper este equilibrio funcional y estético mediante el traslado de la Dirección General de Patrimonio, cuya sede actual en un edificio céntrico supone un desembolso en alquiler importante.

¿Pueden razones económicas, desvirtuar el sentido de un complejo que funciona?. ¿Puede justificar esta acción precisamente la DGPC, encargada de velar por nuestro patrimonio?, no olvidemos que el edificio esta incoado BIC y además merece tal consideración no sólo por su calidad monumental, sino por sus contenidos. Es el Archivo Regional. También lo sería la Biblioteca que parece de momento no es objeto de deseo.

La amplitud de espacios del Archivo, justificada por la peculiaridad de su propio trabajo, no puede servir de coartada para colmatar estos espacios necesarios con otras funciones que tienen sus propias necesidades espaciales: unos 100 funcionarios, con su mobiliario sus dotaciones propias  y sus propios archivos: expedientes administrativos, proyectos de restauración, Carta Arqueológica…

La carga de personal y material, modificará sensiblemente los parámetros de seguridad y control del edificio. Es presumible que la instalación de Seguridad y evacuación en caso de incendio no podrá cumplir la Normativa con la carga de personal incrementada. Este es un asunto muy delicado y que deberá supeditarse al dictamen de protección Civil, máxime tratándose de un edificio oficial y público.

¿Y el cómo?, ¿Quién se encargará de la división de espacios? ¿Se ha consultado al arquitecto coautor del proyecto Emilio Tuñón?. Nos consta que cuando han surgido problemas en los edificios, este estudio de arquitectura ha respondido a los requerimientos con total dedicación, sin embargo nada conocen de esta decisión.

La sensatez de este edificio se terminará con esta inadecuada y peligrosa ocurrencia.

El sistema de Archivos y Patrimonio Documental de la Comunidad de Madrid

Según reza el artículo 10 de la Ley 4/1993, de 21 de abril, de Archivos y Patrimonio Documental de la Comunidad de Madrid, se entiende por Sistema de Archivos de la Comunidad de Madrid “el conjunto ordenado de normas, medios y procedimientos con que se protegen y hacen funcionar los Archivos sobre los que la Comunidad Autónoma tiene competencias, al servicio de la Administración, de los derechos e intereses de los ciudadanos y de la investigación histórico-científica”.

Es decir, el Sistema de Archivos de la Comunidad de Madrid, está compuesto por los centros de archivo, los conjuntos de documentos denominados fondos documentales, el personal que los atiende, los medios económicos y materiales indispensables para desarrollar sus actividades, los procedimientos archivísticos para la gestión de los documentos analógicos y electrónicos, y la normativa jurídica que los regula.

La Administración Autonómica debe garantizar la conservación, acrecentamiento, difusión y uso adecuado del patrimonio documental, archivos y colecciones de interés de la Comunidad de Madrid, que no sean de titularidad estatal, así como de los archivos del Estado cuya gestión haya sido transferida mediante el correcto funcionamiento del Sistema. Actualmente, el órgano competente para llevar a cabo este cometido es la Dirección General de Patrimonio Cultural, adscrita a la Consejería de Cultura y Turismo, a través de la Subdirección General de Archivos y Gestión Documental.

Archivo Regional Comunidad de Madrid , tercera planta

Por Decreto 280/2019, de 29 de octubre, del Consejo de Gobierno, por el que se establece la estructura orgánica de la Consejería de Cultura y Turismo (Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid núm. 259, de 31 de octubre), se establecen nuevas competencias en materia de archivos, gestión de documentos y patrimonio documental de la Dirección General de Patrimonio Cultural y la nueva denominación de la Subdirección General. La novedad estriba en todo lo relativo a la gestión documental y es que, la mayoría de los profanos en la materia, identifican a los centros de archivo con otras instituciones de marcado carácter cultural, como las bibliotecas y los museos. En el caso de los archivos, como se señala en la definición de “Sistema de Archivos de la Comunidad de Madrid” de la Ley 4/1993, están al servicio de la Administración a la que pertenecen, de los ciudadanos y, por último, de la investigación. Esto es así porque, a diferencia de las bibliotecas y de los museos que se crean con cierta intencionalidad, el archivo nace de forma espontánea como reflejo documental de las funciones que tiene encomendadas la institución o persona a la que pertenecen. Por ello, los documentos de archivo pasan por varias fases desde que se originan hasta que se pueden eliminar o conservar indefinidamente para uso científico-cultural. Esto es lo que se denomina ciclo vital de los documentos, que se estructura en fase de archivo de oficina, fase de archivo central, fase de archivo intermedio y fase de archivo histórico.

En definitiva, hasta que los documentos no alcanzan cierta edad, su utilidad está más dirigida a la gestión que a la investigación, lo que no significa que haya que fracturar el Sistema, y, por ende, la política archivística es transversal y afecta a toda la Administración madrileña.

Por otra parte, también era necesario hacer frente a los desafíos ocasionados por la irrupción de las nuevas tecnologías en la generación, gestión, eliminación o conservación de los documentos de archivo.

Tercera planta del Archivo Regional de Comunidad de Madrid. donde se encuentra la Unidad de Inspección de Archivos

En consecuencia, las competencias establecidas en el mencionado Real Decreto son:

  1. La dirección y coordinación del ejercicio de las competencias de la administración relativas al Sistema de Archivos de la Comunidad de Madrid, de conformidad con lo previsto en la Ley 4/1993, de 21 de abril, de Archivos y Patrimonio Documental de la Comunidad de Madrid.
  2. Las competencias de la Comunidad de Madrid previstas en la Ley 4/1993, de 21 de abril, de Archivos y Patrimonio Documental de la Comunidad de Madrid, relativas la defensa, conservación, acrecentamiento, difusión y uso adecuado del patrimonio documental, tanto en soportes tradicionales como electrónicos, archivos y colecciones de naturaleza análoga de interés de la Comunidad de Madrid y los archivos de titularidad estatal cuya gestión haya sido transferida.
  3. La gestión del Archivo Regional de la Comunidad de Madrid y del Archivo Histórico de Protocolos de Madrid.
  4. La gestión de los servicios de archivo electrónico y de los repositorios de documentos y expedientes electrónicos de la administración de la Comunidad de Madrid, así como la administración, gestión y establecimiento de los requisitos funcionales y medidas organizativas del sistema informático corporativo de la Comunidad de Madrid de gestión de documentos y archivos, en colaboración con la Agencia para la Administración Digital de la Comunidad de Madrid.
  5. La política archivística y de gestión documental, así como la coordinación, dirección técnica y elaboración de normativa específica sobre todas las fases de archivo y sobre la producción y gestión de los documentos, incluidos aquellos en soporte electrónico, respecto al Subsistema de Archivos de la Asamblea de Madrid, del Consejo de Gobierno y de la Administración de la Comunidad de Madrid, así como el impulso de los archivos autonómicos para la mejora de la gestión de la administración y del servicio a la investigación histórica y científica.
  6. La creación, modificación y supresión de los Servicios Delegados de Archivo en la Administración de la Comunidad de Madrid y sus organismos y empresas vinculadas o dependientes.

Para poder llevar a término las mismas, la Subdirección General de Archivos y Gestión Documental se estructura en varias unidades:

  • Unidad Técnica de Planificación y Programación Archivística: define las líneas de actuación en política archivística y coordina a las diferentes unidades.

También es responsable de dos Unidades:

  • Unidad de Gestión Económico – Administrativa y de Formación, encargada de la tramitación y seguimiento de los procedimientos económicos; la realización y el mantenimiento del inventario de los bienes muebles de la Subdirección General de Archivos y Gestión Documental y de sus centros de archivo dependientes; la coordinación de la elaboración del borrador de los anteproyectos de presupuestos, la gestión de personal, la coordinación de las propuestas de formación impartidas por el personal adscrito a la Subdirección General y el control de la formación del personal.
  • Unidad de Difusión y Divulgación, cuyos objetivos son hacer llegar los archivos y los documentos a la población de todas las edades, para lo que prepara muestras de documentos y otros eventos culturales y realiza actividades educativas en colaboración con las escuelas, institutos y universidades de la Región; y llegar al mundo de los profesionales españoles y extranjeros mediante publicaciones, intercambios, etcétera.
  • Unidad de Inspección de Archivos: planifica y ejecuta las actuaciones relacionadas con la gestión de los documentos generados por la Administración de la Comunidad de Madrid; supervisa y coordina los Servicios Delegados de Archivo en las Consejerías; órganos de gestión sin personalidad jurídica, Organismos Autónomos, empresas y entes públicos; realiza la inspección superior del funcionamiento técnico de los archivos y canaliza las peticiones de apoyo técnico que los archivos del sistema formulen y, mediante el Servicio de Acceso y Valoración de Documentos, coordina las tareas de identificación y valoración de los documentos que forman parte del Patrimonio Documental madrileño para determinar su régimen de acceso y todo lo referido a su expurgo.
  • Unidad de Protección y Promoción del Patrimonio Documental: gestiona las incorporaciones de documentos y fondos documentales que se realizan por ingreso extraordinario (compra, depósito, legado, etcétera); gestiona la ayuda técnica y económica a los archivos municipales y a las entidades privadas de la Región; colabora con la Subdirección General de Protección y Conservación de la Dirección General de Patrimonio Cultural en la incoación de los Expedientes de protección del Patrimonio Documental madrileño y confecciona el Censo del Patrimonio documental y el Directorio y Estadística de Archivos de la Comunidad de Madrid.
  • Unidad de Normativa y Calidad de los sistemas Archivísticos: actúa como interlocutora con la Agencia Española de Protección de Datos y con la Agencia para la Administración Digital de la Comunidad de Madrid; participa en los proyectos de Administración Electrónica, Calidad de los Servicios y Atención al Ciudadano de la Comunidad de Madrid; elabora normas técnicas y lleva a cabo actuaciones de mejora de la calidad de los servicios y de la gestión de usuarios y servicios en relación con las tecnologías de la información y la comunicación.
  • Unidad de Restauración y Reproducción de Documentos: elabora directrices de conservación, restauración y reproducción de los documentos que conforman el Patrimonio Documental madrileño; asesora a los titulares de dichos bienes sobre las buenas prácticas en la ejecución de dichas directrices y a los técnicos de archivos; diseña, coordina y ejecuta los planes de microfilmación y digitalización de los Archivos de la Comunidad de Madrid; es responsable de la coordinación y mantenimiento del Taller de Restauración y Encuadernación y del Taller Reproducción de Documentos y es responsable del archivo de seguridad analógico y digital.

Sala de trabajo, tercera planta Archivo Regional Comunidad de Madrid

En la actualidad la ejecución de todas estas actividades está siendo llevada a cabo por 14 Facultativos de Archivo, 3 Ayudantes, de los cuales 9 son funcionarios de carrera y 8 funcionarios interinos, un Técnico Superior, laboral fijo, 3 Administrativos y 3 Auxiliares Administrativos, y aunque han finalizado recientemente los procesos selectivos relativos al Cuerpo Superior Facultativo y al Cuerpo de Técnicos Especialistas en Archivos, varios funcionarios interinos van a ser sustituidos por funcionarios de carrera y numerosas plazas van a continuar vacantes, por lo que el incremento real de la platilla no va ser notorio.

Debido a esta situación, la Subdirección General de Archivos y Gestión Documental acude asiduamente a la contratación de servicios externos que realizan el trabajo de campo, principalmente, del tratamiento de los documentos acumulados por los órganos de la Administración madrileña y de una parte importante de los documentos ingresados de modo extraordinario; de la elaboración de los Estudios de Identificación y Valoración de series documentales, del Censo del Patrimonio Documental y del Directorio y Estadística de Archivos; y de las tareas de restauración, encuadernación y reproducción de bienes integrantes del Patrimonio Documental regional, en este último caso por carecer de personal en plantilla especializado.

Todo ello implica un importante trabajo de planificación y de esfuerzo logístico (actualización de los accesos externos a las aplicaciones propias de la Comunidad de Madrid, mantenimiento de equipos informáticos y electrónicos y del aparataje de los talleres, organización de los espacios de trabajo, control de acceso al centro de trabajo de personal externo y de vehículos para el traslado de documentos, etcétera), pues dichos contratos, en su mayor parte, se ejecutan en la sede de la Subdirección General de Archivos y Gestión Documental de la Comunidad de Madrid, ya que los documentos se custodian o trasladan a los depósitos del Archivo Regional, y suponen un incremento de personal anual promedio de 25 trabajadores durante la fase de ejecución.

A la falta de personal en plantilla habría que añadir otras carencias como el bajo presupuesto.

No obstante, a pesar de las carencias señaladas, la Subdirección General de Archivos y Gestión Documental ha conseguido importantes logros, entre los que cabe destacar:

  • La elaboración de planes y programas de archivos
  • La implantación del Sistema de Información Gestión de Archivos – SGA
  • La participación en las actividades de instituciones archivísticas nacionales e internacionales.
  • La implantación de 7 Servicios Delegados de Archivo en distintas Consejerías
  • La aprobación de 52 tablas de valoración y de la eliminación de más de 34.092 m/l de documentos (de los cuales se han destruido 29.697)
  • La transferencia al Archivo Regional de 46.000 m/l de documentos
  • El depósito de 67 Archivos Históricos Municipales en el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, el ingreso extraordinario varios fondos y colecciones privados, entre los que destacan las colecciones fotográficas de Martín Santos Yubero, Cristóbal Portillo, Nicolás Muller y Pablo Pérez – Mínguez
  • La gestión de subvenciones a entidades públicas y privadas poseedoras de Patrimonio Documental madrileño, para el tratamiento archivístico y la restauración de documentos y el equipamiento de sus centros de archivo.
  • La impartición de Cursos de Archivos de Oficina para gestores y otros cursos sobre temática archivística para empleados de la Administración Local y de Universidades.
  • La difusión del Patrimonio Documental madrileño a través de exposiciones, visitas guiadas dirigidas estudiantes, incluida la enseñanza universitaria, apoyo a los profesores en la preparación de clases curriculares, tutorización de las prácticas de másteres y cursos de postgrado, participación en el Día Internacional de la Infancia, preparación de Jornadas Técnicas y de actividades para el Día Internacional de los Archivos; restauración y reproducción de documentos de gran valor histórico – científico, etcétera.

Fuentes:
Portal de transparencia de la Comunidad de Madrid

Portal de archivos de la Comunidad de Madrid

Portal del contratante

 Ley 4/1993, de 21 de abril, de Archivos y Patrimonio Documental de la Comunidad de Madrid (Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid núm. 101, de 30 de abril).