“Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad…”

Partituras electrónicas: lectoescritura musical en el ámbito digital
Javier Merchán-Sánchez-Jara
Barcelona : UOC, 2019
136 p. ; 18 cm– (El profesional de la información ; 48)
ISBN 978-84-9180-468-0

 

“Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad” le dice Don Sebastián a Don Hilarión en la zarzuela La verbena de la Paloma. Habría que haber visto la reacción de D. Tomás Bretón, compositor de esta insigne obra, si, en su momento, hubiera podido tener entre sus manos y entre sus materiales de trabajo un iPad o programas como el Finale o el Encore o cualquier editor y trascriptor digital: pareciera como si su libretista, D. Ricardo de la Vega, estuviera adelantándose unos cien años a su tiempo, viviendo una especie de Ministerio del tiempo en sentido inverso, del pasado al futuro.

Es una realidad que las ciencias informáticas han volado en los últimos decenios y permiten maravillas como las que nos explica Javier Merchán-Sanchez-Jara en su conciso y clarificador libro Partituras electrónicas: lectoescritura musical en el ámbito digital, perteneciente a la colección El profesional de la información, dirigida por Javier Guallar. El profesor de la Universidad de Salamanca y miembro del grupo de investigación reconocido (GIR) E-Lectra, Grupo de Investigación sobre Lectura, Edición Digital, Transferencia y Evaluación de la Información Científica desgrana en tres grandes bloques todo lo relativo al desarrollo tecnológico y estándares para la codificación musical, con sus respectivas herramientas para la lectura, edición, clasificación o difusión. Es evidente que con la eclosión de la web y las aplicaciones especializadas se han conseguido mejorar las prestaciones de todo lo que rodea el maravilloso mundo de la música y se ha facilitado un mayor y mejor acceso a un público, no solo especializado, sino cada vez más universal. El paso de lo impreso a lo digital es un proceso natural y lógico en pleno siglo XXI y la música no es ajena a ello.

En el primer gran apartado, Caracterización de las partituras electrónicas, se analizan las características principales, las prestaciones y las formas de acceso y formatos más habituales desde los inicios de estas herramientas –con el legado impreso convertido en una especie de “facsímil digital” en PDF–, a las nuevas partituras digitales (e-scores) pasando por la codificación y edición que permiten la trasposición, edición, notación o recreación sonora. El autor pone de manifiesto que las nuevas funcionalidades no deben limitarse al solo avance tecnológico de los dispositivos sino a la clasificación y gestión de contenidos, asistencia a la lectura, estudio, interpretación…La visualización, la gestión de una biblioteca personal, el acceso al texto con la posibilidad de la reproducción sonora de la pieza seleccionada, el paso de página automatizado o la trasposición del discurso musical y estandarización de formatos son elementos fundamentales a tener en cuenta a la hora de introducirse en este bello y complejo mundo.

Este último punto es analizado con detenimiento con la distinción de tres grandes grupos de formatos digitales: genéricos (PDF), EPUB (que permiten la integración de materiales multimedia o sistemas de protección de derechos digitales DRM) y propietarios/especializados (de plataformas comerciales, menos accesibles, pero con mayores prestaciones). Algunos de los ejemplos de este último grupo son, entre otros, LilyPond, Music 21, MEI (lenguaje XML desarrollado por informáticos y documentalistas) y, sobre todo, MusicXML, el estándar más aceptado en todo el mundo para leer e intercambiar información en dispositivos móviles, usado por aplicaciones como Finale, Sibelius, Encore, Cubase (entornos DAW), SmartScore (escaneo) o Notion y Notate (notación musical). En todo momento, el estilo del autor es claro, esquemático y muy académico, apoyándose incluso en algunos gráficos para presentar un tema nada sencillo y que, por su especificidad, puede parecer abrumador desde el punto de vista técnico.

En el segundo bloque el autor analiza Los dispositivos para lectoescritura. Entramos en un mundo que evidentemente ha evolucionado a una velocidad de vértigo y no es nuevo el día en que no se conozcan novedades en este campo: la aparición de los dispositivos móviles, sobre todo del IPad (tablets), claramente ha cambiado las reglas de juego. Dos son las ventajas principales: una buena visualización y manejo y el uso en atriles o lugares de ensayo. Con la descarga de app’s se puede componer, grabar, reproducir archivos de audio y video, corregir documentos…En pocas palabras: ¡una maravilla! El profesor Merchán señala dos tipos de dispositivos: genéricos y específicos. Entre los dedicados exclusivamente al uso musical destaca Guido Music (de tinta electrónica con un efecto de partitura antigua), PadMu (se puede anotar y pasar automáticamente de hoja) o Music Scora (atriles virtuales, magníficos en cuanto a prestaciones, pero muy voluminosos y costosos).

En un segundo espacio, el autor describe los dispositivos de sobremesa, con grandes prestaciones para la edición, creación y modificación de textos musicales. Es la forma de acceso más habitual para quienes utilizan Finale, Sibelius o GuitarPro. Otras aplicaciones como MuseScore –en su versión escritorio– representan una gran herramienta, ya que permite crear una comunidad de usuarios (una especie de mini red social musical) y disfrutar de funcionalidades gratuitas y de pago o Premium. Esta web permite navegar a través de una importante biblioteca de partituras perfectamente organizadas por géneros, autores, instrumentación o tipos de licencia, y muy accesibles gracias a un estupendo buscador.

Otro apartado fundamental que se analiza, pienso yo que, con buen criterio, es todo lo relativo al mundo de las partituras electrónicas en el mundo de la educación. Aquí, el profesor Merchán, buen conocedor dado su rango académico, señala algunas de las plataformas y aplicaciones más comunes como SmartMusic que permite organizar aulas virtuales y aplicar recursos para la interpretación con instrumentos, Tonara o Music Monitor, especializada, esta última, en el seguimiento de un instrumentista durante su formación. También hace un rápido repaso a aplicaciones para la interpretación como Newzik, integrado en orquestas o grupos que deben tocar en tiempo real y son conectados en red para que cada uno sepa su situación y el momento exacto a la hora de tocar.

El tercer y último bloque trata sobre Distribución y acceso a contenidos. En su primer apartado se analizan las bibliotecas digitales y repositorios de acceso abierto y la novedad que han supuesto por facilitar la difusión y el acceso libre a las obras. Uno de los más utilizados en la actualidad entre la comunidad de músicos y aficionados es IMSLP/Petrucci Music Library, con un repositorio de unas 430.000 partituras de unos 15.000 autores (cifras absolutamente espectaculares) que se pueden descargar en formato PDF y que son enriquecidas continuamente por las aportaciones de usuarios pertenecientes a esta red; otros ejemplos de este tipo son Mutopia Project o 8-Notes. El libro finaliza con el análisis de movimientos como los foros y los blogs especializados, creados por comunidades que recaudan y reciben materiales, creando verdaderas autopistas informativas, con una clara orientación pedagógica. Y, por último, la digitalización de bibliotecas personales, que son gran mayoría aún hoy en día con un sistema de escaneado e informatización de material tradicional impreso.

En definitiva, un libro muy interesante, necesario, escrito con lenguaje claro y convincente y con gran afán didáctico, pensado no solo para especialistas en la materia sino también, pienso, para personas que aún se rehúsan a adentrarse en las nuevas tecnologías, en este caso, dentro del campo musical. Hay que felicitar, de nuevo, a Javier Guallar y a la editorial UOC por su colección y por apostar por un tema aún por descubrir y desarrollar en muchos aspectos. ¡Siempre hay un libro nuevo en el que aprender algo!

 

El inmenso encanto de lo pequeño. Libros en miniatura: 2.000 años de ediciones minúsculas

Puede parecer absurdo que se publiquen libros con un tamaño tan reducido que leerlos se convierte en un ejercicio incómodo y, en ocasiones, imposible. Pero como el ser humano siempre ha querido realizar réplicas pequeñas de su entorno, son muchos los editores que se han dejado seducir por el encanto del formato diminuto. Su delicadeza y la dificultad en su realización hacen que estas pequeñas obras tengan un valor y un poder de atracción inversamente proporcional a su tamaño. 

Se cataloga de “libros en miniatura” aquellos volúmenes que no sobrepasan los 75 mm de alto. Aunque esta descripción cambia según los países. Así, en Europa y en gran parte de Hispanoamérica suelen aceptarse bajo esta denominación incluso las ediciones que alcanzan los 100 milímetros referidos a la mancha impresa; mientras que en los Estados Unidos, donde se encuentra la principal sociedad internacional de editores, coleccionistas y autores de mini libros (Miniature Book Society), sólo admiten como miniatura los que no sobrepasan los 75 milímetros referidos a su encuadernación.

La evolución del formato minúsculo

Los libros en miniatura han existido siempre. Plinio, en su Tratado de Historia, menciona la existencia de un manuscrito de La Iliada que cabía en una cáscara de nuez. Y son numerosos los ejemplares de tabletas de arcilla sumerias que no superan los 40 milímetros de tamaño. Igual que “los libros amuleto”, tan populares en las civilizaciones egipcia y etíope. O los “codicillus” (pequeños manuscritos) y “pugillare” (tablas de madera recubiertas de cera que se usaban en la antigua Roma como soporte para escribir), sustantivo latino derivado de “pugillus”, que a su vez es el diminutivo de “pugnus” (puño o mano cerrada), cuya etimología enfatiza que es de un tamaño tan diminuto que puede guardarse en la palma de la mano. 

Sin embargo, hace siglos no se reducían los libros con el ánimo de “conseguir el más pequeño todavía” sino por una cuestión práctica: su portabilidad. Los ejemplares minúsculos suponían un soporte pequeño y compacto en el que almacenar mucha información y poder transportarse con mayor comodidad y menor esfuerzo en una época en la que los medios de locomoción dejaban bastante que desear y los viajes se hacían interminables. 

En otras palabras, durante siglos, los libros en miniatura perseguían el mismo objetivo que las actuales tabletas, móviles y demás automatismos: albergar muchos datos en poco espacio.

Por otro lado, como la gran mayoría de los primeros libros eran de temática religiosa y tenían un importante elemento simbólico y espiritual, también se destinaban y diseñaban para ser llevados en la mano, enganchados a un cinturón o colgados del cuello, convirtiéndose en una especie de amuleto. De hecho, muchos devocionarios, libros de horas y breviarios redujeron su tamaño para hacer posible el tener sobre uno mismo la “palabra de Dios”… y de paso facilitar su manejabilidad y soportar su peso. Con ese espíritu, en la Alta Edad media se popularizaron los “libros de cintura”, que usaron fundamentalmente frailes y sacerdotes con el objetivo de poder orar ellos mismos en cualquier momento o como guía para adoctrinar a sus discípulos. 

En cuanto a los libros colgante hay ejemplos excepcionales. Uno de los más lujosos es el Credo de Carlos V, un precioso libro joya custodiado por el Museo Nacional de Artes Decorativas de Madrid; ó Las Misas de San Francisco y Santa Ana, que es el códice más pequeño que se conserva en la Biblioteca Vaticana.

Pero este principio de miniaturizar la palabra de Dios no sólo se utilizó con los textos católicos: los coranes, torás y demás libros sagrados de otras religiones fueron reducidos con el mismo fin. De hecho, es una tradición en muchas comunidades escolares islámicas realizar copias manuscritas en miniatura con versículos del Corán.   

Los mini almanaques y calendarios que tanto se popularizaron desde principios del siglo XVII en Inglaterra y a partir del XVIII en Francia, Alemania y Austria (y que no sólo contenían el santoral, las fiestas de guardar y los fechas señaladas del año sino que además ofrecían muchísima información práctica cotidiana y resúmenes históricos), también se realizaban en un tamaño pequeño tanto por lo efímero de su contenido como para ser portados en los bolsillos de los chalecos de los caballeros o en las limosneras de las damas. Tanto gustaban estos pequeños almanaques, que se convirtieron en el regalo de moda en aquellos tiempos. Se comercializaban en primorosos estuches, acompañados de una lupa de dimensiones proporcionales a los libritos, que a su vez se encuadernaban a todo lujo en piel, nácar, marfil, carey, plata, esmalte, seda… Convirtiéndose en verdaderas joyas.

A finales del siglo XVIII, la aparición de las teorías de Rousseau tuvo como una de sus consecuencias directas que se pensara en la educación de los niños también de manera lúdica. Empezaron entonces a publicarse libros de cuentos o didácticos destinados al público infantil en formato miniatura para hacerlos más atractivos a sus gustos y también más apropiados al tamaño de sus manos.

Hoy, sin embargo, el objetivo de los libros minúsculos se encamina más a valorar la habilidad en el proceso de fabricación y “miniaturización” tanto como en la belleza del producto acabado y su originalidad.

Personajes históricos seducidos por el formato diminuto

Ana Bolena (Kent, 1501-Londres, 1536) encargó un pequeñísimo libro de salmos en formato de joya. El librito en cuestión la acompañó de camino al cadalso y se lo entregó a su dama de compañía justo antes de su ejecución. Ahora se conserva en la Biblioteca Británica.

Napoleón Bonaparte  mandó formar una biblioteca portátil con sesenta títulos clásicos que se guardaba en una caja con forma de libro y que llevaba siempre a sus campañas militares.

Isabel I de Inglaterra (Greenwich, 1533-Richmond, 1603) llevaba siempre consigo un libro miniatura con oraciones traducidas al francés, griego, italiano y latín. 

Benjamín Franklin (Boston, 1706-Filadelfia, 1790) tenía su propia biblioteca portátil de viaje con libros minúsculos e incluso imprimió una versión reducida del almanaque de Poor Richard. 

Abraham Lincoln (Kentucky, 1809- Washington 1865) llevaba consigo un libro en miniatura de oraciones que le acompañó durante todo su recorrido como abogado en Illinois.

Eugenia de Montijo (Granada, 1826-Madrid, 1920), esposa de José Bonaparte, se convirtió en una ávida coleccionista de libros con una especial predilección por este apartado tan particular de la bibliofilia llegando a atesorar más de 2.000 ejemplares de formato minúsculo. Desgraciadamente fueron destruidos durante una revuelta política.

Theodore Roosvelt (Nueva Cork, 1858-Oyster bay 1919), vigésimo sexto presidente de los Estados Unidos, era tan aficionado a los libros en miniatura que, además de coleccionarlos, editó un librito en este formato para promocionar su candidatura a las elecciones presidenciales de 1904. 

María de Teck (1867-1953), esposa del rey Jorge V del Reino Unido, fue propietaria de una maravillosa casa de muñecas, en la que destaca la biblioteca, que cuenta con 170 micro libros manuscritos por los mejores autores de la época, como Kipling o Conan Doyle, quienes crearon relatos inéditos para tal ocasión. 

Emily, Charlotte y Anne Brontë, durante su infancia y adolescencia, escribían relatos en libros en miniatura que confeccionaban ellas mismas y que ahora pueden verse en la Houghton Library.

La Biblioteca del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza como recurso de investigación de su colección: 1992-2020

Soledad Canovas el Castillo, responsable de su Biblioteca desde 2004, responde a las preguntas que le realiza Lucía Villanueva, técnico de Comunicación de ese museo.

Fotografía de Hélène Desplechin

¿Cómo y cuándo se  creó esta biblioteca?

La biblioteca comenzó a gestarse en la década de los años 90, tras la apertura del Museo Thyssen-Bornemisza en Madrid en 1992. En los primeros años se adquirieron publicaciones que sirvieron de soporte al personal del museo para el estudio de la colección. Pero fue en el año 1999 cuando la biblioteca cobró entidad por sí misma al incorporarse un importante fondo en depósito de cerca de 8.500 libros procedentes de la biblioteca de la familia Thyssen-Bornemisza de Villa Favorita en Lugano.

¿Cuál es su objetivo principal?

El objetivo de la biblioteca es el dinamizar las investigaciones de los diferentes departamentos del Museo en torno a su colección permanente y la de Carmen Thyssen-Bornemisza; la preparación de exposiciones temporales y otras actividades encaminadas a impulsar su difusión.

¿Cómo llegan los libros a la biblioteca?

Además de las adquisiciones por compra, ingresan publicaciones por préstamo de obras de la colección del museo a exposiciones temporales, por derechos de reproducción de imágenes, donaciones y canje con museos e instituciones culturales nacionales y extranjeras. Esta última fuente de ingreso se ha potenciado de forma significativa durante los últimos años.

¿Qué número de ejemplares tiene en la actualidad?

El número de ejemplares en circulación de nuestro  fondo bibliográfico es de 32.740 registros. En estos últimos veinte años su fondo se ha multiplicado casi por cuatro.

¿Además de libros, de qué otros fondos dispone?

Posee también un fondo de publicaciones periódicas, folletos, y materiales audiovisuales -que incluyen conferencias asociadas a las exposiciones temporales del museo-.

¿Qué es lo que la diferencia de otras bibliotecas de museos de España?

Como ya he dicho, el fondo bibliográfico de la biblioteca guarda una estrecha vinculación con las obras del Museo, que abarcan las principales escuelas pictóricas del arte occidental desde el siglo XIII hasta la primera mitad del siglo XX, las vanguardias rusas y una representativa colección de pintura norteamericana de los siglos XIX y XX. Y éste es su principal valor diferencial, pues posee publicaciones sobre los movimientos artísticos de las vanguardias experimentales de principios del siglo XX y centroeuropeas del período de entreguerras que no se encuentran en otras bibliotecas españolas.

Fotografía de Hélène Desplechin

 

¿Quién puede hacer uso de ella?

Hasta la fecha su uso se ha restringido al personal del museo; guías y voluntarios, profesores y personal investigador adscrito a las actividades que organiza. También se permite el acceso a los investigadores externos acreditados (previa cita concertada por correo electrónico) que estén realizando estudios sobre la colección permanente y la de Carmen Thyssen-Bornemisza.

 

 

¿Cuáles son las obras más destacadas? ¿Y las más demandadas?

Ciñéndonos a los libros de Lugano, contamos con publicaciones de referencia sobre pintura de carácter general de Charles Blanc, André Michel y Adam von Bartsch. En lo que respecta a la pintura flamenca y holandesa, tenemos obras esenciales de Alfred Michiels, Hofstede de Groot y Max Friedländer; y en pintura italiana, señalaremos las publicaciones de Crowe y Cavalcaselle, Raimond van Marle y Richard Offner y Klara Steinweg. Existe también un conjunto de publicaciones de enorme interés sobre importantes colecciones. Algunos de los nombres de los coleccionistas más destacados son M. George Blumenthal, Camilo Castiglioni, Goudstikker, Gualino, Henry Edwards Huntington, Frits Lugt, Marczell de Nemes, Rotschild, Leopold Seligmann y Somzée.

En cuanto a las obras más demandadas, sobresalen las publicaciones sobre nuestra colección, seguidas de los catálogos razonados y las monografías de artistas a quienes se les han dedicado exposiciones temporales en el Museo: Camille Pissarro, Claude Monet, Henri Toulouse Lautrec, Max Beckmann, etc.

Fotografía de Hélène Desplechin

¿Cómo ha ido cambiando con el paso de los años?

Yo diría que en su corta vida ha pasado por tres etapas diferenciadas que vienen a coincidir con sus casi tres décadas de existencia: una primera de formación, la segunda de consolidación y desarrollo, y la tercera encaminada a la divulgación exterior.

En los primeros años la política de adquisición por compra se basó principalmente en ingresos puntuales en función de las necesidades del museo. En 1997 se inició la informatización del fondo con un programa específico de gestión de bibliotecas. El ingreso a finales de 1999 de los libros de la familia Thyssen-Bornemisza procedentes de Lugano marcó un punto de inflexión, pues constituye el núcleo más importante de su fondo tanto por su volumen como por su interés. De hecho, a partir de su incorporación es cuando la biblioteca aparece por primera vez en la Memoria de la Fundación Colección Thyssen-Bornemisza (1998-1999).

Con el cambio de siglo el fondo experimentó un crecimiento considerable. Se abordaron entonces tareas esenciales como la catalogación retrospectiva de los libros procedentes de la biblioteca histórica de Lugano; la revisión y corrección de toda la catalogación hasta entonces realizada; el expurgo de ejemplares duplicados y la descatalogación de aquellos títulos que no encajaban con el perfil de su fondo bibliográfico. El trabajo realizado permitió que en el 2009 se inaugurara oficialmente la biblioteca dando a conocer su contenido.

A comienzos de la última década se facilitó el acceso al catálogo en línea u Opac (Online public access catalog) a través de la Intranet del Museo. A nivel de la organización y control de fondos, a partir de 2014 se sistematizaron los inventarios anuales, y en el 2016 se realizó un importante trabajo retrospectivo de elaboración de manuales de procedimiento de la biblioteca –procesos de ingreso de obras, normativa del servicio de circulación, tratamiento técnico y físico, y procedimientos administrativos-. Por otra parte, su personal ha tenido un proceso de formación continuada que ha permitido una puesta en valor de nuestra biblioteca. Todo este importante esfuerzo ha dado como resultado el que en el 2017 se publicara por primera vez un apartado en la web del Museo dedicado a la biblioteca.

Fotografía de Hélène Desplechin

¿Cuál es la última actualización que ha incorporado?

Con el fin de estar a la vanguardia de las tecnologías, acabamos de implementar el acceso al catálogo en línea para smartphones y tabletas o Mopac. Se trata de una WebApp del Opac de AbsysNet, nuestro Sistema Integrado de Gestión Bibliotecaria, que permite la consulta al personal del Museo del catálogo de la biblioteca y de los recursos electrónicos incorporados desde cualquier lugar y en cualquier momento. Desde el espacio personal de cada usuario se accede al estado de los préstamos activos en tiempo real, pudiendo hacer una reserva o renovar un préstamo, comunicarse con la biblioteca o dejar comentarios en las referencias bibliográficas de los libros leídos.

¿Qué novedades presenta con respecto al Opac que veníais utilizando?

Con objeto de facilitar el acceso de todos los usuarios y optimizar los recursos disponibles, hemos establecido los siguientes apartados que prevemos que tengan buena acogida:

  • En portada. Este apartado va a permitir consultar Información actualizada sobre nuestra biblioteca y el Museo Thyssen-Bornemisza, así como noticias destacadas de actualidad cultural y avisos sobre nuestra actividad
  • Novedades. Se incluyen las publicaciones ingresadas en la biblioteca en los tres últimos meses incorporando la visualización de portadas
  • Destacadas. Se ha creado este apartado para destacar las publicaciones de la colección de Lugano, la del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, y la de Carmen Thyssen-Bornemisza
  • Nuestra selección bibliográfica. Se recogen las secciones más consultadas y las lecturas recomendadas de los libros de nuestra biblioteca en relación con las próximas exposiciones que prepara el Museo, herramienta que prevemos que será de gran utilidad para el equipo del museo involucrado en esos proyectos
  • Enlaces de interés. Aunque ya existía este apartado en la versión “de escritorio” del Opac, se ha mejorado sustancialmente. Contiene catálogos de bibliotecas españolas y extranjeras, recursos digitales y revistas electrónicas

Estaremos abiertos a recibir cualquier propuesta de mejora de los lectores que pueden quedar recogidas en un buzón de sugerencias para optimizar la operativa y funcionalidad de nuestros servicios.

¿Juega el diseño un papel importante?

Sí, sin duda. Hemos trabajado en la parametrización de la interfaz teniendo presente las necesidades de nuestros usuarios y adaptándola al diseño gráfico de la web del Museo, incorporando imágenes que incrementan el atractivo y dinamizan su presentación.

¿Por qué se ha implementado este nuevo Opac? ¿Consideras necesario el acceso al catálogo desde dispositivos móviles?

El crecimiento de los iPhones, Androids, tabletas e iPads aconseja el uso de estas herramientas por su agilidad e inmediatez. Entendemos que es de gran utilidad que nuestros usuarios tengan acceso a esta interfaz desde sus dispositivos móviles y puedan consultar el catálogo, hacer uso de las herramientas de mejora introducidas y contactar con la biblioteca en todo momento y lugar. Y desde el punto de vista del trabajo interno de la biblioteca, permite a su personal acceder al catálogo desde cualquiera de sus salas y hacer comprobaciones puntuales de datos in situ.

¿Cuáles son los retos a los que se enfrentará la biblioteca en el futuro?

El uso restringido de la biblioteca ha sido en buena parte la razón por la que su visibilidad en la web se haya limitado hasta ahora a una presentación de su contenido y servicios y a una reseña histórica. Continuando con la labor de apertura de repositorios del Museo, el siguiente paso debería ser la incorporación del catálogo de la biblioteca en la web como complemento a lo que ya se ha hecho. Actualmente estamos trabajando en enlazar las obras de la colección del Museo estudiadas en las publicaciones de la biblioteca con la información que se recoge de ellas en su web.

Adicionalmente, se abordaría después la integración de nuestro catálogo en la Red de Bibliotecas de Museos (BIMUS). Este catálogo colectivo en línea desarrollado por la Subdirección General de Museos Estatales del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte permite desde el 2009 el acceso al patrimonio bibliográfico de todos los museos estatales. Sería una gran oportunidad poder incorporar nuestro catálogo en esta red estatal.

En una fase posterior, nuestra estrategia de difusión de contenidos debería estar enfocada a dar a nuestro catálogo una proyección internacional mediante su inclusión en el catálogo Art Discovery Group (ADGC). Este proyecto parte del modelo del Karlsruher Virtueller Katalog y de artlibraries.net. OCLC, la cooperativa que lidera este proyecto, nos ha ofrecido incorporarnos a dicho catálogo, en el que todavía no está presente ningún museo español. Con el trabajo ya realizado y sin valor añadido marginal de esfuerzo, nuestra incorporación a este proyecto permitiría colaborar con las bibliotecas de arte más importantes del mundo, incrementando el Museo Thyssen-Bornemisza su ya importante presencia internacional.

Por otra parte, la biblioteca deberá estar presente en la gestión de activos digitales para controlar de forma adecuada el ciclo de vida de los documentos, imágenes y archivos multimedia, de acuerdo con la Directiva de la Unión Europea sobre la reutilización de la información del sector público.

En línea con lo que hemos hablado hasta ahora, es importante mantener e incrementar su presencia en foros y encuentros profesionales. Para este recorrido, es conveniente continuar formando parte de asociaciones como la International Federation of Library Associations and Institutions (IFLA), y la Junta Directiva de la Sociedad Española de Documentación e Información Científica (SEDIC) participando en proyectos encaminados a desarrollar la colaboración con museos y entidades culturales.

¿Te gustaría añadir algo que no hayamos comentado?

Yo creo que con todo lo dicho ha quedado claro el importante papel que juega la biblioteca y el más importante que puede jugar en un futuro. Todo el esfuerzo de estos años se ha producido con un reducido personal (solo dos bibliotecarias) y hay mucho recorrido de futuro para seguir incorporando las tecnologías de vanguardia al desarrollo de la biblioteca y de esta manera ayudar a difundir la importancia que el museo merece. En este sentido, hay una puesta de futuro decidida que esperemos que sea una realidad con el esfuerzo de todos.

Entrevistada

Soledad Cánovas el Castillo Sánchez-Marcos
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Entrevistadora

Museo Francisco Sobrino, ante un 18 de mayo cerrado

Este museo público nació por voluntad de Francisco Sobrino Ochoa (GuadalajaraEspaña, 1932–Bernay-Francia, 2014), que negoció con el ayuntamiento de su ciudad la apertura de un espacio donde mostrar su obra y donde establecer un ambiente propicio para el diálogo entre creadores y públicos; tal y como había concebido el arte desde su llegada a París a finales de 1958 de la mano de Julio Le Parc.

Allí, en la capital del Sena, estos amigos encontraron como aliados a François Morellet y Jean-Pierre Vasarely, con los que abrirían el Centre de Recherche d’Art Visuel, y fundarían el Groupe de Recherche d’Art Visuel. Finalmente, el GRAV quedaría integrado por Sobrino, Le Parc, Morellet, Yvaral, Julio García Rossi y Jöel Stein. En su taller colgaron el Essai d’Appréciation de nos Recherches, un documento en el que detallaban los ideales que les movían, que no eran otros que abrir vías de expresión negando el individualismo y apostando por una obra centrada en lo visual, en el anonimato y la homogeneidad, y con un marcado compromiso social.

Fue el GRAV una de aquellas agrupaciones de los sesenta que dotó a las artes plásticas de un carácter lúdico, hasta entonces desconocido, gracias a los Laberintos que desplegó en los certámenes internacionales, y de las experiencias creativas propuestas en la calle donde era imprescindible y necesaria la interacción de los viandantes.

Sobrino prosiguió por esos derroteros durante toda su carrera independiente, preocupado por la claridad y por la accesibilidad, apelando a fórmulas sencillas: “El uso de formas geométricas no es por gusto estético, sino por claridad, por tratar de buscar vocabularios nuevos. Mi obra quiero que sea comunicable, comprensible. No me interesan los monólogos“.

Es esta doctrina la que nos ha inspirado desde la apertura del museo en 2015. Laura García Martín-Gil, responsable de actividades culturales, y este programador, hemos elaborado una estrategia plural con el propósito de llegar a todos, organizando acciones para la ciudadanía con cabida para cualquier colectividad y manifestación de autor, con el espíritu de ser un contenedor de contenidos heterogéneos –incorporando conciertos de música, sesiones con técnicas de relajación, presentaciones de libros, conferencias, muestras de moda, etc.–. Pero también, procurando que el “Laboratorio Grav” acoja los fines de semana talleres orientados a los públicos infantil, juvenil y familiar, impartidos por especialistas, mediadoras, y asociaciones de mujeres. E incluyendo en el calendario jornadas reivindicativas, como el Día Mundial de la Poesía, del Libro, del Medio Ambiente, y, por supuesto, el Día Internacional de los Museos; así como otras manifestaciones de vanguardia, como el Festival Internacional de Videoarte CUVO.

Otro de nuestros pilares es la connivencia con el sistema educativo de la ciudad y de su entorno. Para ello, se ha establecido un plan plural dirigido al alumnado de Educación Infantil, “El color de las formas”, y de Educación Primaria, “Diseña tu museo” y “Del cole al museo”, con la intención de convertir la experimentación plástica en una herramienta formativa eficaz en su trayectoria curricular, adaptando los contenidos al nivel y las características de cada grupo. Para su consecución, recurrimos a una metodología activa, basada en la observación, en el diálogo, en la investigación y en el descubrimiento.

También tendimos puentes de participación bidireccional con la Universidad de Alcalá, facilitando las prácticas con los estudiantes de Audiovisuales, Arquitectura, Magisterio y Turismo, en las que se fomenta el análisis y el juicio crítico a través de proyectos elaborados por los profesores que luego se exponen y debaten en el museo. Además, organizamos seminarios de verano dedicados al arte geométrico, en el que comparten experiencias artistas, críticos, comisarios, galeristas y el público interesado.

Con un criterio análogo se lanzó “Somos dinámicos”, una iniciativa para los matriculados en las Escuelas Municipales de Danza, Música y Artes Plásticas y en la Escuela de Arte de Guadalajara, que les permite intervenir en este espacio común mostrando los conocimientos adquiridos y las experiencias vividas a lo largo del curso, allá, en las aulas, y aquí, en las salas de exposiciones.

Pero, además de todo esto, y de concretar un calendario de exposiciones temporales con creadores ligados a la abstracción geométrica, lo óptico y lo cinético –como Cruz Novillo, Monika Buch, Enrique Salamanca, María Lara, Tomás García Asensio, Carlos Evangelista, o Carmen Otero, entre otros–, en el que estos invitados contactan directamente con los jóvenes a través de la fórmula “Encuentro con el artista”, tenemos vigente otra actividad de diseño propio que encaja con el lema fijado por el ICOM para de este año: Museos por la igualdad: Diversidad e inclusión.

“Integrarte” nació en los primeros compases de nuestra andadura como una apuesta decidida a colaborar con las instituciones y organizaciones que trabajan con nuevas estrategias para la inclusión de menores y de personas adultas con dificultad de integración. Con esta iniciativa, para nosotros de enorme relevancia, ponemos en valor la labor de esos profesionales en el contexto del museo, permitiendo generar roles activos-creativos y actitudes críticas participativas entre los asistentes. Así, por medio de unos y de otras potenciamos el grupo como elemento educativo y de socialización, propiciamos un ambiente idóneo para se muestren libremente y de forma espontánea, atendemos a la construcción de la identidad a partir de la innovación como expresión interior, proponemos el reconocimiento a través de la acción plástica, y contribuimos a aumentar la autoestima y la confianza en los demás.

En nuestra andadura hemos trabajado con colectivos de migrantes, refugiados, jóvenes en riesgo de exclusión, mayores y adultos con otras capacidades. “Integrarte” se estructura en varios momentos en los que los participantes toman contacto con el museo; protagonizan una visita dinámica y participativa en la que extraen ideas e impresiones; seleccionan la obra que más les interesa, exponiendo sus razones y argumentos; elaboran una pieza; y, una vez finalizada, se muestran al público en exposición temporal.

Para el 18 de mayo de 2020, además de “Integrarte”, habíamos dirigido nuestro foco a la población magrebí residente en Guadalajara, poniendo de relieve las concomitancias existentes entre las geometrías de Sobrino y la estética andalusí a través de talleres y de la
interpretación de música tradicional en directo. Pero, también, abriendo la mirada a manifestaciones de otras culturas, con una exposición de la vanguardia artística en Japón.

Estas jornadas de puertas abiertas, ahora cerradas, tenían como colofón la presentación de nuestra última inversión en el ámbito de la infancia: la edición del cuaderno de actividades “Un paseo con Francisco Sobrino. Guía imaginaria de viaje”, desarrollado en colaboración con el profesorado del aula hospitalaria “La pecera” y con el alumnado de la Escuela de Arte. En la introducción señalamos como principal argumento la premisa “cuidar y sanar a través del arte”, y advertíamos de esta condición benéfica, capaz de generar “una vida más saludable para todos desde una vertiente imaginativa y participativa, favoreciendo así la relación entre unos y otros, y el desarrollo en comunidad”.

Precisamente ahora, en este estado de alarma, resuenan con mayor fuerza estos pensamientos que, obligatoriamente, tendrán su difusión a través de las redes sociales.

Literatura confinada

El confinamiento debido al virus COVID-19 ha tenido efectos inesperados para la sociedad. No sólo hemos tenido que aprender a vivir en un estado de reclusión inimaginable hace algunas semanas, sino que hemos desarrollado una serie de habilidades que, en nuestro anterior estilo de vida, ha estado algo abandonadas. Una de ellas es la capacidad para llevar a cabo actividades creativas en un entorno cerrado, como la pintura, la cocina o la escritura; en el caso de esta última, se trata de una capacidad que también se ha puesto en práctica en otras situaciones de confinamiento, y que ha dado lugar a algunas de las grandes obras de la literatura universal. A continuación, vamos a realizar un breve viaje por las obras literarias que se gestaron en situaciones excepcionales.

Uno de los casos más conocidos es el de la novela “Frankenstein o el moderno Prometeo”, de Mary Shelley. Curiosamente, en el mismo entorno en el que concibió esta obra se creó otro de los mitos modernos del terror: el vampiro, protagonista de la obra del mismo nombre de John Polidori.

En el año 1815 el volcán Tambora, en la actual Indonesia, entró en erupción modificando el clima hasta el punto de que el año siguiente fue conocido como el “año sin verano”, con temperaturas muy bajas. En este contexto, en Ginebra, el aristócrata y escritor Lord Byron se reunió con sus amigos Percy Bysshe Shelley, su futura esposa, Mary Godwin, la hermana de esta, Claire, y su médico personal, John Polidori. En una noche de confinamiento debido al clima, en la lujosa Villa Diodati, Lord Byron propuso, como juego, que los participantes escribieran un relato de terror. Los dos autores consagrados no pudieron terminar el suyo, pero Mary -que entonce sólo contaba con dieciocho años- escribió el relato que dio origen a la célebre novela. Por su parte, el doctor Polidori escribió “El vampiro”, que establece el arquetipo de vampiro moderno y sirvió de inspiración para Bram Stoker.

Otro clásico de la literatura tiene su origen en un contexto muy similar al nuestro: el confinamiento debido a la peste negra. El Decamerón, de Boccacio. Esta obra cumbre de la literatura italiana tiene como argumento la reclusión de siete mujeres y tres hombres en una villa a las afueras de Florencia huyendo de la peste que asola la ciudad, donde cuentan historias que se convierten en el corpus de los cien cuentos que forman parte del Decamerón.

En esta misma línea, podemos encontrar el origen de algunas de las obras más conocidas de Shakespeare: “Macbeth”, “El rey Lear” y “Marco Antonio y Cleopatra”. La epidemia de peste de 1606 obligó al cierre de teatros y otros lugares de reunión social, y forzó a la población inglesa a entrar en cuarentena. Fue una epidemia terrible, que mató a entre 70.000 y 100.000 personas. La influencia de esta tragedia en la vida del autor inglés no sólo se evidencia en el hecho de que estas obras fueran escritas cuando estaban en cuarentena, sino que la peste aparece de forma recurrente en algunas de sus obras de teatro y poemas.

Dentro de la literatura confinada, las obras escritas o concebidas en prisión son todo un subgénero. Uno de los casos más conocidos es el de “El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha”, que comenzó a escribirse mientras su autor, Miguel de Cervantes, se encontraba en prisión acusado de apropiación indebida de impuestos. El caso del Marqués de Sade es similar: autor de clásicos de la literatura erótica como “Justine o los infortunios de la virtud” o “Los 120 días de Sodoma”, escribió parte de sus obras mientras cumplía condena en la célebre prisión de La Bastilla, habiendo sido acusado de conducta disoluta, si bien sus actos no era muy distintos a los de otros nobles de la época.

Otro clásico escrito en obligado confinamiento por encontrarse su autor en la cárcel es “De profundis”, de Oscar Wilde. Se trata de una obra epistolar dirigida a su amante, Lord Alfred Douglas. Wilde fue acusado por el padre de este del delito de sodomía, y Douglas –llamado Bossie- utilizó su relación con Wilde para escandalizar a su padre y obtener reconocimiento social, ya que Oscar Wilde era un autor muy famoso. En esta bella obra somos testigos del dolor de Wilde por el abandono de su amado, ya que este lo dejó a su suerte cuando fue encarcelado. “De profundis” se publicó en 1905, después de la muerte de su autor.

Por supuesto, no podemos dejar de lado otro libro clave en la Historia del siglo XX que se escribió durante uno de los encierros más terribles que se puedan imaginar: el “Diario de Ana Frank”. Se trata de una colección de cuadernos personales que Ana Frank, de trece años, redactó mientras estaba encerrada con su familia y otra familia en una buhardilla de Ámsterdam, escondiéndose de los nazis. En este caso podemos ver el uso de la escritura como consuelo y autodescubrimiento en una situación muy difícil para cualquiera, y sobre todo para una niña. Su encierro duró dos años, hasta que fueron descubiertos y enviados a los campos de exterminio. La tragedia personal de Ana Frank ha servido, desde su publicación, para sensibilizar a la población sobre los horrores del nazismo.

Estos son sólo algunos ejemplos de literatura surgida del confinamiento. Las circunstancias duras pueden servir para dar lugar a la creatividad, llegando a ser origen de obras que forman parte de la literatura universal. La escritura es tanto creación como terapia, además de servir de evasión más allá de las cuatro paredes en las que el autor está encerrado. Desde este blog, animamos a nuestros lectores a poner en práctica sus habilidades literarias. Quién sabe si este confinamiento puede llegar a ser, como ha sucedido con anterioridad, el origen de obras que cambiarán el mundo.

 

Bibliotecas útiles, cercanas y humanas

“Las bibliotecas malas hacen colecciones. Las buenas bibliotecas realizan servicios (de los cuales una colección es solo una de ellas). Excelentes bibliotecas crean comunidades “. R.David.Lankes

Las bibliotecas como espacios de Libertad, Igualdad y Fraternidad actualmente enfrentan importantes limitaciones que podemos enfrentar como problemas o desafíos.

A lo largo de nuestra larga y diversa historia, ha habido muchos de estos momentos en los que más que nunca tenemos que reflexionar y actuar de la mejor manera para servir a aquellos de quienes dependemos, ya que somos Bibliotecas Públicas y, como tales, abiertas a todos, para todos y para todos.

Sin perder todas sus raíces funcionales, las bibliotecas están obligadas a escuchar y comprender cuáles son las verdaderas necesidades, deseos, temores de quienes utilizan nuestros servicios todos los días. ¡Las personas siempre lo primero!

Esta mirada fuera de las cuatro paredes ciertamente nos permite estar más atentos y adaptar nuestros servicios de información y conocimiento (en diferentes soportes y formatos) y adaptarlos a una ola de nuevas necesidades, lo que puede atraer a nuevos usuarios creados por esta situación: crisis pandémica.

Este vínculo umbilical entre Biblioteca / Comunidad y que en algunos casos fue (es) el garante de su supervivencia y resistencia contra amenazas poderosas a su viabilidad y existencia, está garantizado y reforzado con la adecuación de los servicios prestados a las necesidades reales de la población que utiliza o que puedes usar dentro de la Biblioteca.

Las bibliotecas siempre lo han hecho y han estado en este “campo de batalla” difuminando las desigualdades en el acceso a la información y al conocimiento validados y verificados. En un momento de inmensas dudas, intensas campañas de desinformación, niveles muy altos de desempleo, preveo más oportunidades para que las bibliotecas se destaquen y vuelvan a ser importantes en la sociedad, relevantes en las comunidades y principalmente útiles para las personas.

Las bibliotecas tienen la necesidad de reinventar espacios y funciones, apostando por servicios en línea, comida para llevar, postales, videoconferencias, una panoplia de ideas con un solo objetivo, no perder contacto y enfocarse con sus usuarios.

¿Es extraño escribir un texto sobre Bibliotecas y aún no haber dicho nada sobre libros? Pensar y ejecutar la Biblioteca pensando exclusivamente en promocionar libros y leer es similar a ir a un restaurante gourmet, ordenar el menú de degustación de diez platos y comer solo los entrantes. Los boletos son de excelente categoría y brindan un inmenso placer, viajan a través de inmensas rutas, algunas distantes y otras más cercanas proporcionadas por las páginas de un libro.

Pensar, planificar y ejecutar la Biblioteca es ir más allá, sin escapar de su enfoque ancestral: la difusión de información y conocimiento (en diferentes formatos y formatos). En las llamadas sociedades de información y entretenimiento, todavía hay grandes sectores de la población excluidos del acceso o del dominio de las nuevas tecnologías que les permiten ser más, conocer mejor y saber más sobre lo que nos rodea y que pueden influir en tareas tan importantes como la búsqueda de empleo, recalificación laboral, asistencia en investigación académica y científica y preocupación por la recopilación, difusión y defensa de elementos de la identidad de su comunidad, generalmente designados como patrimonio cultural e inmaterial.

Ciertamente, las bibliotecas también desarrollarán acciones que ayuden a recuperar el tejido económico y social como espacios de encuentro (virtuales y reales) entre personas, familias e individuos en busca de estímulo y comodidad. En ellos encuentran una sala de estar, una oficina, un laboratorio abierto, disponible y sensible. ¿Tenemos los espacios, tenemos los recursos humanos y técnicos? Sí. ¿Necesitan ser mejorados y actualizados? Además ¿Somos portadores del deseo de ser útiles y presentes? Siempre.

Como un defecto profesional, obviamente no puedo olvidar las bibliotecas móviles porque son precisamente eso, muebles que en lugar de esperar a que sus usuarios vengan a sí mismos, van, son y dan la biblioteca pública a sus usuarios / visitantes / amigos.

Como ejemplos de esta multifuncionalidad, me gustaría presentar los servicios prestados por la Bibliomóvel de Proença-a-Nova (Portugal). A pesar de este período de confinamiento y aislamiento social, hizo todo lo posible para no perder el contacto con su red funcional y con todas las limitaciones existentes que adaptó a esta nueva realidad.

Bibliomovel Proença A Nova

El primer cambio importante se debió al reemplazo del vehículo habitual, el Bibliomóvel fue cambiado por un automóvil más pequeño que permite un viaje más rápido, más eficiente y más seguro porque evita el riesgo de que las personas se reúnan. El bibliotecario, se integró como un elemento más de los equipos de apoyo a la población.

furgoneta de apoyo

Nuno Marçal bibliotecario con protección

 

Las personas mayores que no pueden abandonar sus hogares para ir a la farmacia, ir al mercado o al banco tienen un número de teléfono disponible al que pueden llamar y solicitar el envío de este equipo cuya función es comprar y llevar productos de primera necesidad: medicinas, información útil, exámenes de salud (colesterol, tensión arterial y diabetes), cajeros automáticos para el pago de facturas, además del préstamo hipotecario de libros y revistas.

 

La vida diaria de este equipo de apoyo se ocupa del suministro electrónico de las recetas médicas enviadas por el Centro de Salud a la farmacia, ir a los supermercados para comprar productos esenciales (alimentos y otros) y viajar a los hogares donde surgieron las solicitudes de ayuda.  Cuando se establece contacto con personas, se intenta comprender su situación emocional y descubrir si hay algún otro problema que pueda resolverse: contacto telefónico con la familia, pago de facturas, lectura de consejos, información útil, etc. .

Medicinas e historias clínicas para los ciudadanos

Libros, dibujos y datáfono para uso de los ciudadanos

 

 

 

 

 

 

 

¡Las bibliotecas resisten!

libros y kit de limpieza

¡Las bibliotecas insisten!

¡Las bibliotecas existen!

Las bibliotecas continuarán su gloriosa historia, llena de momentos desafiantes que pondrán a prueba su voluntad indomable de ser espacios verdaderamente democráticos y libres que puedan contribuir a un mundo mejor y más justo.

¡Vivan las bibliotecas vivas!