Las bibliotecas de pacientes: la lectura como terapia

Desde los siglos XVIII y XIX los europeos entendieron la lectura como una terapia auxiliar para mejorar la salud mental de los ingresados en los hospitales psiquiátricos. Siguiendo esta tendencia, a raíz de los grandes conflictos bélicos del siglo XX, se fomentó la creación de bibliotecas en los campamentos y hospitales militares cuya finalidad era aportar entretenimiento y formación a los soldados heridos.

La American Library Association (ALA), entre otros organismos reputados, se ha referido a esta utilización de la lectura como coadyuvante terapéutico como biblioterapia, entendiéndola como una disciplina en sí misma que hace uso de la relación de las personas con los libros con el objetivo de beneficiar la salud. Esto es porque la palabra escrita nos evade de una realidad que a veces es demasiado difícil de afrontar al mismo tiempo que nos invita a viajar más allá de las cuatro paredes de la habitación de un hospital, haciéndonos padecer menos las dolencias, mejorándonos el estado de ánimo y, por ende, cambiando nuestra actitud ante la recuperación.

Las evidencias científicas sobre los efectos positivos de esta curiosa metodología en la superación de los distintos estados de la enfermedad,  fomentó que lo largo del siglo XX se crearan en los centros hospitalarios bibliotecas para pacientes, una terminología más acertada que bibliotecas de hospital que pueden referirse también a las especializadas dedicadas al personal médico-sanitario.

En España durante la Guerra Civil ya habían surgido múltiples iniciativas que, inspiradas en los proyectos estadounidenses de la Primera Guerra Mundial, intentaban llevar la lectura a los frentes para subir el ánimo de los combatientes. Si bien, no fue hasta 1984,  a raíz del Plan de Humanización de la Asistencia Sanitaria, cuando tuvo lugar el verdadero punto de inflexión para la creación y desarrollo de las bibliotecas de pacientes en los hospitales públicos españoles.

A partir de este momento surgieron diferentes propuestas que trataron de acercar los libros a los centros hospitalarios. Entre ellas destaca el Convenio entre el Ministerio de Sanidad y el Ministerio de Cultura entre 1989-1993 que implantó más de 32 bibliotecas para pacientes e inspiró otros acuerdos entre los ministerios y las comunidades autónomas. Asimismo, muchas entidades privadas y bibliotecas públicas negociaron con los centros hospitalarios a fin de seguir reforzando la lectura como parte complementaria de la medicina.

Sin embargo, como bien expresó la bibliotecaria Teresa Andrés Zamora, directora de las bibliotecas del frente durante la Guerra Civil, no basta con poseer libros ni con tenerlos organizados hay que insuflar vida a la biblioteca. Esto es ir más allá de la mera recopilación y clasificación de las obras, utilizando el espacio bibliotecario para programar actividades de extensión cultural que ayuden a los pacientes a mejorar su estado de ánimo y superar el aislamiento. En un sentido parecido, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró en 2019 los beneficios que presentaban el arte y la cultura en la salud, motivando a que las bibliotecas de pacientes se implicaran en la promoción de clubs de lectura, talleres de memoria, escritura creativa o pintura, sesiones de musicoterapia, celebraciones especiales como la del Día del Libro e incluso otras actividades como los guiñoles o los cuentacuentos más enfocadas a los pacientes de pediatría.

A todo ello deben sumársele las cualidades específicas del personal, pues el bibliotecario de este tipo de centros debe contar con habilidades como la empatía o la flexibilidad que le permitan adaptar su trabajo a las necesidades específicas de cada usuario. Esto es, por ejemplo, contribuyendo a iniciativas como el Carrito de las Letras, una biblioteca móvil que lleva libros a los pacientes encamados; o la Lectura a pie de cama, que intenta acercar la lectura a los usuarios que no pueden disfrutar de ella por sí mismos.  Además, existen una gran variedad de cursos orientados a estos trabajadores que buscan especializarlos, por ejemplo, en el fomento y la puesta en valor de la lectura hospitalaria. No obstante, como profesionales de la información no deben intentar suplantar a los sanitarios, pues los libros suponen un apoyo al tratamiento no una sustitución de este.

La expansión de la idea de la lectura como técnica terapéutica auxiliar motivó en 2003 la creación de la Red Estatal de Bibliotecas para Pacientes que se ha instaurado como un servicio fundamental incluido en el cuidado global del paciente, cuyo objetivo fundamental es que las personas hospitalizadas puedan acceder a la lectura como cualquier otro ciudadano sin que su circunstancia de ingreso suponga un obstáculo. En la actualidad 47 de las 56 bibliotecas para pacientes que existen en los hospitales de España forman parte de esta interesante Red de Bibliotecas que presta servicio a más de siete millones de usuarios con aproximadamente 140.000 mil ejemplares.

En definitiva, los libros se han utilizado desde hace siglos como una herramienta indispensable para fomentar la recuperación de los enfermos en los centros hospitalarios, donde ha sido necesario reservarles un espacio no solo para almacenarlos, sino también para construir en torno a ellos todo un universo de cultura, sin duda beneficioso para la salud de los pacientes y sus familiares.

Es por todo ello por lo que una de las iniciativas más valoradas del recientemente medicalizado pabellón del IFEMA ha sido la construcción de la Biblioteca Resistiré, una pequeña colección confeccionada gracias en gran parte a donaciones de organismos públicos, cuya labor ha sido reconocida con el Premio Antonio de Sancha por fomentar la lectura entre los pacientes afectados por la pandemia.

Quizá este componente sanador de la cultura es lo que también ha incentivado que la compra de libros electrónicos aumente exponencialmente durante el confinamiento, así como que múltiples museos y bibliotecas hayan abierto virtualmente sus puertas a todos los ciudadanos que nos encontramos encerrados en nuestras casas.

Sin duda, la lectura se ha convertido estos días en nuestra válvula de escape ante la incertidumbre y la dureza de la situación. ¿Estáis de acuerdo? ¿creéis que la crisis sanitaria ayudará a incrementar, más si cabe, el reconocimiento social sobre las propiedades terapéuticas de la lectura?

 

Xaverii Docampi in mediaevi artibus peritissimi in memoriam

Fotografía: Soledad Cánovas del Castillo

El 27 de marzo de 2020 fallecía Javier Docampo Capilla, dejándonos a quienes le conocimos y tratamos sumidos en una profunda tristeza. Desde SEDIC queremos recordarle por su profesionalidad y ejemplar servicio a la comunidad bibliotecaria. Su marcha nos cogió desprevenidos y el impacto fue tremendo. En cierta manera se fue de este mundo con la discreción que siempre le caracterizó, sin que nos diera tiempo a despedirnos de él. También a él le cogió por sorpresa, cuando estaba preparando la exposición Luces del Norte que iba a comisariar próximamente en la Biblioteca Nacional y de la que tanta ilusión habló la última vez que le vi, mes y medio antes de su desaparición.

Javier inició y terminó su trayectoria profesional en la Biblioteca Nacional. Entre 1987 y 1990 trabajó en la biblioteca de la Universidad de Santiago de Compostela, y al año siguiente ingresó en el Cuerpo facultativo de Bibliotecas. Desde 1990 hasta el 2002 trabajó de nuevo en la Biblioteca Nacional, adscrito al Servicio de Dibujos y Grabados del Departamento de Bellas Artes. En esos años desarrolló una fructífera actividad en torno al estudio y la automatización de los fondos del material gráfico, dedicando especial atención a las obras de Hogarth y Goya, comisariando dos exposiciones sobre el primero de ellos. Entre 2002 y 2005 fue asesor de Libro y Bibliotecas en la Junta de Castilla-La Mancha, años en los que, según confesaría años más tarde, aprendería mucho de la mano de su admirado Juan Sánchez Sánchez sobre gestión y planificación de redes autonómicas de bibliotecas públicas.

En 2005 Miguel Zugaza, conocedor de las aptitudes de Javier desde que en 1997 éste comisariara una exposición dedicada a Hogarth en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, le puso al frente del Área de Biblioteca, Archivo y Documentación del Museo del Prado en un momento clave en el que se proyectaba la ampliación del Museo. Y no se equivocó; es más, acertó de pleno. Javier superó con creces el difícil reto de crear una biblioteca en consonancia con la categoría de sus colecciones, y fue el hacedor de una magnífica biblioteca que le gustaba mostrar con orgullo. Durante los once años que estuvo al frente de ese área gestionó la adquisición de importantes bibliotecas privadas y se integraron procesos para ofrecer servicios polivalentes a profesionales de archivos, bibliotecas y centros de documentación, convirtiéndola en referente obligado para los historiadores del arte. En 2016 regresó a la Biblioteca Nacional como director del Departamento de Manuscritos, Incunables y Raros, coronando una exitosa y fructífera carrera.

Fotografía: María Prego de Lis

Conocí a Javier en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense cuando cursábamos los dos últimos años de especialidad en Historia del Arte. En aquella época no tuve un trato cercano con él, pero no pasaba desapercibido; le recuerdo acompañado de su amigo Javier Jordán de Urríes asistiendo con aplicación a las clases. Terminamos la carrera en 1985 y en los años siguientes le perdí la pista, reencontrándome con él en los años noventa cuando iba a investigar a la Sala Goya de la Biblioteca Nacional. Le recuerdo como una persona servicial, laboriosa y diligente.

Nuestra relación de amistad se forjó a partir del 2005, recién llegados él al Prado y yo al Thyssen. Como compañeros y profesionales al servicio de instituciones vecinas bien avenidas organizábamos de vez en cuando, solos o con otros colegas, lo que jocosamente llamábamos “comidas de trabajo”, sin otro ánimo que el de ponernos al día de nuestro entorno laboral. Todo el que haya tratado de cerca a Javier coincidirá conmigo en que se disfrutaba oyéndole hablar, no solo porque tenía una vasta cultura, sino porque, se hablara de lo que se hablara, era lúcido y perspicaz en sus razonamientos. Tenía la capacidad de sintetizar y de poner el dedo en la llaga sobre los temas que se trataban con una claridad encomiable.

Mención aparte merecen los congresos de la IFLA (International Federation of Library Associations), pues sirvieron para consolidar nuestra amistad. Coincidimos en 1993 y en 2009 en las Pre-Conferencias de Bibliotecas de Arte en Barcelona y Florencia respectivamente. En esta última se creó un entrañable grupo de bibliotecarios que bautizamos con el nombre de Los florentinos y que sentaría las bases de una sólida relación de cariño. Los florentinos de adopción éramos Rosa Chumillas, Eugenia Insúa, María Prego de Lis, Javier y yo. A partir de entonces las llamadas “comidas de trabajo” se ampliaron en número de comensales, prolongándose a veces con visitas a exposiciones temporales. Las florentinas rememoraremos de forma especial las visitas guiadas que nos organizó Javier de las muestras que comisarió en el Museo del Prado (Bibliotheca Artis en 2010-2011, y La biblioteca del Greco en 2013) y en la Biblioteca Nacional (el Libro de horas de Carlos V en 2019-2020). Y recordaremos en particular la magnífica exposición de ¡Extra, Moda! en el Museo del Traje que comisarió María Prego de Lis y que nos congregó a todos el 13 de febrero. Fue la última vez que le vimos -¡quién nos lo iba a decir!-. Me quedo con el recuerdo de lo mucho que disfrutó nuestro amigo ese día.

Fotografía: Biblioteca Nacional de España

Entre 2013 y 2016 Javier formó parte por segunda vez del Comité Permanente de la Sección de Bibliotecas de Arte de la IFLA, y en esos años tuve ocasión de tratarle más, pues éramos los únicos españoles en dicho comité. Asistimos juntos a los congresos internacionales de Singapur (2013), Lyon (2014) y a la Pre-Conferencia de Bibliotecas de Arte de Chicago (2016), en la que presentamos una ponencia conjunta (Museum Libraries in the Prado-Recoletos Axis in Madrid, 2005-2015: Spaces for New Services). Mis recuerdos de esos viajes son excelentes, y en buena parte gracias a Javier, pues fue un magnífico compañero de viaje; compartimos intereses y aficiones y nuestra amistad terminó de consolidarse. Poco antes de ese último viaje me confesó que estaba pensando en volver a la Biblioteca Nacional para dirigir el Departamento de Manuscritos, Incunables y Raros. En un principio me sorprendió, pues en apariencia perdía con el cambio; pero enseguida le comprendí, sabiendo que su vocación de investigador pesaba más que la opción de mantenerse en un puesto magnífico en el que ya había conseguido convertir la Biblioteca del Museo del Prado en una de las más importantes en materia artística de Madrid.

Los florentinos

Javier fue siempre capaz de compaginar su trabajo con lo que más le gustaba, que era el estudio y la investigación de manuscritos iluminados medievales y renacentistas, el grabado y la encuadernación; sus numerosas publicaciones recogidas en el enlace al final de este texto dan testimonio de ello. Su carácter polifacético le permitió abarcar con éxito otras líneas de investigación, como las bibliotecas de museos -recordemos que fue parte activa en la creación de la Red de Museos Estatales BIMUS- y las bibliotecas de artistas. Además, organizó varios congresos profesionales en los que se puso de manifiesto su eficaz capacidad de gestión.

No fue amigo de las redes sociales y, sin embargo, la noticia de su muerte ha provocado enorme eco en ellas. No nos debe de extrañar que haya habido tantas sentidas despedidas y muestras públicas de cariño, porque Javier se hacía querer. Le recordaremos con inmenso cariño. Descanse en Paz. Hasta siempre, querido amigo.

Fotografía: Museo Nacional del Prado

Publicaciones de Javier Docampo

Página de la Universidad Complutense en memoria de Javier Docampo

 

El patrimonio bibliográfico, herencia de la sociedad

El patrimonio bibliográfico es, por sus características, el menos conocido de los que conforman el patrimonio histórico. Sin embargo, está repartido en un amplio y variado número de instituciones, pues a la gran cantidad de bibliotecas públicas y privadas, se unen archivos y museos.

El Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico Español, herramienta de control regulada por la Ley de Patrimonio, describe y localiza más de tres millones y medio de ejemplares sitos en 859 instituciones (a 7 de octubre de 2019). Faltan instituciones y muchos ejemplares, pues hay bibliotecas de las que no están todos sus fondos, bibliotecas privadas que no están recogidas, así como los que están en manos de los libreros anticuarios, pero nos hacemos una idea bastante aproximada de su volumen e importancia.

Se trata de la memoria heredada por nuestros antepasados, de un registro del pensamiento secular: la ciencia, los acontecimientos históricos, la religión, el derecho, el entretenimiento, la creación… Son, en definitiva, los peldaños que el hombre ha ido subiendo y que nos ha permitido llegar al presente. Nos ha llegado en diversas formas, desde rollos hasta hojas sueltas, pero predomina el formato que denominamos libro, término que todos conocemos muy bien, pero que tan difícil es definir. Pues bien, una parte sustancial de esa memoria todavía se conserva y la obligación de todos los profesionales relacionados con ella es preservarla y, especialmente, hacerla accesible al resto de la sociedad.

¿Cómo podemos hacerla accesible? Desde luego, no es fácil frente a un edificio histórico, una escultura o una pintura, pero no por ello menos estimulante e importante. Algo básico es el desconocimiento de su existencia por muchos ciudadanos y su escasa repercusión en los medios de comunicación. Bien es cierto que cuando llegan noticias (algún hallazgo o venta espectacular) o se organizan exposiciones y otros actos de difusión, el interés es perceptible. Ahí están las grandes (y más pequeñas) bibliotecas en las redes sociales haciendo llegar unos contenidos sobre sus fondos y la infinidad de información que de ellos se puede extraer. Son muchos sus seguidores (se cuentan por miles, sobresaliendo los casi 300.000 la Biblioteca Nacional), no todos especialistas ni profesionales, lo que multiplica su difusión. Se trata de hacerles llegar la importancia no solo de los fondos, sino de las bibliotecas y de la existencia de profesionales que se encarguen de su tratamiento. Mi experiencia en las redes es muy positiva (2.235 en la página de Facebook “Incunables españoles”) y considero que es el camino que hay que seguir, sin olvidar las exposiciones, presenciales o virtuales, las publicaciones y, siempre que se pueda, la difusión en los medios de comunicación. Esto último no es fácil, pero hay que hacer lo posible por llevar noticias de interés, que siempre las hay.

Sinodal de Aguilafuente

Que un libro antiguo pueda ocupar portadas y espacio en los medios es posible; que un libro antiguo puede generar una recreación histórica, una fiesta, en una localidad, es posible; que la historia de un libro puede formar parte de una comunidad, también lo es. Pongo el ejemplo del primer libro impreso en España, el Sinodal de Aguilafuente (Segovia, Juan Párix, 1472), motivo, desde hace ya casi veinte años, de una fiesta los primeros fines de semana de agosto en la villa segoviana de Aguilafuente. Un incunable se ha integrado en una sociedad que ha sido consciente de la importancia de un gran acontecimiento histórico y que, a su vez, está generando ingresos y dando visibilidad y prestigio a una población.

Otro ejemplo es el de la edición de Las Edades del Hombre de 2017 en Cuéllar (Segovia), que ha tenido como protagonistas unas bulas de indulgencias impresas halladas en un sepulcro. Hubo 172.449 visitas que pudieron comprobar la importancia del patrimonio bibliográfico y que generaron ingresos en toda la comarca.

Bulas para Catedral de Segovia, 1498

En definitiva, se trata de mostrar la importancia de su función social, lo que conlleva un presupuesto y la correspondiente inversión. Como contrapartida, una buena gestión puede llevar incluso a generar ingresos, además del prestigio y de los resultados que puede tener la investigación para la sociedad.

Pudiera parecer frívolo hablar de inversión en este campo en un momento de emergencia en que es bastante palpable la urgencia sanitaria. No obstante, la inversión en cultura es prioritaria para tener una sociedad formada, consciente del peso de su historia y de su patrimonio, en definitiva, una sociedad culta y con valores. Soy consciente de que es difícil y que los recursos son limitados, pero una sociedad que da la espalda a su patrimonio y a su historia está desnortada.

Fondo antiguo en Biblioteca Pública de Segovia

Ahora bien, todo esto no será posible si ni siquiera los profesionales son conscientes de su importancia. La disparidad de instituciones que conservan nuestro patrimonio bibliográfico supone una dificultad para un tratamiento uniforme, pues no todas disponen de medios ni de personal; otras sí, pero el fondo antiguo ocupa un pequeño espacio en el día a día frente a una mayor atención a otro tipo de fondos y de usuarios. A veces no se sabe bien lo que se conserva porque apenas hay tiempo para ello, o por no contar con personal especializado. Esta es otra de las líneas que, en este caso, corresponde a las universidades como centros de formación, sin olvidar a las asociaciones profesionales, que están haciendo una gran labor con sus cursos.

La formación es básica para acometer un mejor tratamiento y para potenciar todo lo que llevo dicho: preservación, buen conocimiento de los fondos, su análisis e identificación, su digitalización, difusión, etc. Incluir la formación en planes de estudios oficiales es complejo, pero posible, y en la Facultad de Documentación de la UCM vamos a implantar un Máster en Libro antiguo y Patrimonio bibliográfico que ayude a la formación de nuestros futuros (y presentes) profesionales e investigadores. Se trata de una formación amplia que faculte para el trabajo y la investigación en patrimonio bibliográfico.

No es fácil, siempre hay quien considera que esto es “anticuado”, pero el fondo antiguo no es ajeno ni a la modernidad ni a la tecnología, siendo el gran protagonista de la digitalización. La tecnología no es un fin, sino un medio para facilitar la recuperación de la información, sin unos correctos análisis e identificación de los libros difícilmente se podrá hacer más que multiplicar errores. Cualquiera que se haya aproximado al libro antiguo conoce las dificultades que implica su análisis, determinadas por su forma de elaboración, tipo de letra, lengua, estructura de la información, y un largo etcétera. También es muy gratificante por lo que uno aprende y por esa responsabilidad de tratar con patrimonio para hacerlo accesible a la sociedad.

Así pues, el objetivo de profesionales, docentes e investigadores, así como de la administración, ha de ser potenciar la formación, el conocimiento y el tratamiento de un patrimonio que es herencia de toda la sociedad.

 

Cómo ser un buen bibliotecario confinado

Llevamos ya cuatro semanas de confinamiento y aún no sabemos seguro qué día podremos salir, qué día podremos volver a trabajar y, ni mucho menos, qué tendremos que hacer con los libros y los documentos que nos vayan devolviendo los usuarios.
Y sí, han habido malas noticias y seguramente seguirán habiéndolas. Han muerto familiares y amigos, han rescindido contratos y el sector cultural sale más dañado que nunca. Pero intentaremos en este post hacer un poco de humor y reírnos de nosotros mismos.

5 ideas para ser un buen bibliotecario confinado

1. Leer todos los libros que tenemos en casa

Lo sabes: Llevas media vida acumulando libros. Los que te compras, los que tomas en préstamo, los que te dejan, los que quizá hayas salvado del expurgo… ¿Cuándo vas a tener más vida que ahora para poder leer todas estas páginas? ¡Déjalo todo y ponte a leer! Olvídate del teletrabajo y ponte a leer. Olvídate de los hijos y ponte a leer. Olvídate de limpiar la casa y ponte a leer.

2. Participar en todos los retos y propuestas

A ver, ¿ya has hecho un “Instagram live” para tu biblioteca? ¿cómo que no? Pues deberías: debes participar en todos los retos y propuestas que te lleguen de otras bibliotecas a través de las redes sociales… ¡y no solo eso! Debes asistir como telespectador a todas las actividades de todas las bibliotecas del país. Haz fotos, haz vídeos, explica cuentos, todo. ¡No te dejes nada!

 

3. Revisión de morosos

No solo hay morosos en las bibliotecas, y lo sabes bien. Esta época de encierro debe servir para repasar aquellos libros que antes poblaban tus estanterías y ahora ya no. ¿A quién se los dejaste y por qué aún no han regresado a casa? Es el momento de bloquear y de replantear muchas amistades.

4. Ordenar todos los libros

Todos lo sabemos: el principal objetivo de un bibliotecario es ordenar libros (bueno, eso y hacer callar). No hace falta que salgamos al balcón para hacer callar a los vecinos, pero sí que podemos reordenar los libros que tenemos en casa. Y digo reordenar porque vamos a dar por sentado que ya los teníais ordenados.

 

5. Ordenar el resto de las cosas

A ver, ¿cómo vamos a ordenar SOLO los libros? No podemos ser bibliotecarios de pacotilla, hay que seguir hasta el infinito. Todo lo ordenable y clasificable que tengas en casa, deberá pasar por tus manos. Establece unos criterios y empieza. Que no sea dicho que en esta casa no vive un bibliotecario.

 

¡Y hasta aquí! No repetiremos lo de “todo saldrá bien” porque ya ha caído demasiada cosa por el camino… pero… ¿qué tal si nos contáis alguna cosa que estéis haciendo por casa? Por ejemplo, mirad que ha hecho Luisa Santamaría con los libros infantiles que tenía por casa…. ¿tenéis alguna idea que aportar? Somos todo oídos 🙂

La literatura infantil: el mejor alimento para niños

 

Quizás hasta ahora no habíamos sido tan conscientes de la importancia de las palabras. Esas palabras que desde que nacemos vamos aprendiendo y van formando parte de nuestro día a día. Palabras que vienen de nuestros seres más queridos para darnos fuerzas y esperanza, pero también esas palabras escritas que primero aprendemos a deletrear y más tarde nos acercan a otras vidas, otros universos. Así, las palabras se convierten en alimento, en alimento “para el espíritu y para el alma”. Con esta metáfora Peter Svetina nos invitaba a celebrar el pasado 2 de abril el Día Internacional del Libro Infantil, bajo el lema “Hambre de palabras”.

Abril, el mes de los libros y las bibliotecas, lo estrenábamos conmemorando el nacimiento del escritor danés Hans Christian Andersen, y unos días después ya tenemos la cabeza puesta en la celebración el 23 de abril del Día Internacional del Libro. En este día conmemoramos el día en que nos dejaron dos de las más grandes figuras de la literatura universal: Cervantes y Shakespeare. Ahora, que vivimos confinados en nuestras casas y que las bibliotecas de todo el mundo están cerradas, más que nunca los libros deben estar abiertos para dejar que las palabras inunden nuestra vida y nos permitan imaginar un futuro con esperanza.

Sin duda, en estos días de incertidumbre la palabra se ha convertido en nuestro bien más preciado. La palabra de un amigo que te dice que todo va a salir bien. La palabra de una madre preocupada por los suyos o el simple saludo de tu vecino cuando cada día a las 20:00 salimos a aplaudir como acto de reconocimiento y de vida. Las palabras nos ayudan a sobrellevar este encierro y a acercarnos a aquello que más añoramos: nuestra cotidianeidad. Junto a estas palabras, hoy más que nunca, necesitamos de la palabra escrita ya que es la que nos devuelve nuestra libertad.

Las páginas de cualquier libro se convierten en nuestra particular “Isla del tesoro”, en ese refugio del que no queremos salir. Crecemos rodeados de historias y libros que nos ayudan a entender que alguien ya pasó por esto primero, que a pesar de las dificultades el ser humano tiene la capacidad de sobrellevar y aprender de las adversidades. Así lo hemos aprendido y así debemos transmitirlo. Además, no podemos olvidar que los cuentos que nos contaban de pequeños, los que nos leyeron posteriormente y los que hemos ido leyendo nosotros mismos nos han ayudado en nuestra construcción como personas.

Por ello, la narración y los libros infantiles deben ayudar a nuestros pequeños a sobrellevar esta situación, ya que para ellos es algo nuevo a lo que deben adaptarse, no con pocas dudas y preocupaciones. No debemos olvidar que la lectura amplía significativamente el diálogo entre los niños y la sociedad, y puede ayudarles a analizar y entender que otros antes que ellos pasaron por momentos difíciles, presentando situaciones que pueden ayudarles a cono¬cer, entender y sobrellevar sus propias dificultades. Las obras literarias plantean distintos conflictos personales y sociales, que permiten al niño ejercitar su creatividad e imaginación, al tiempo que desarrollan habilidades como la toma de decisiones y la resolución de situaciones problemáticas, convirtiéndose en un instrumento privilegiado para desarrollar el propio pensamiento crítico.

Desde el CEPLI, Centro de Promoción de la Lectura y Literatura Infantil, de la Universidad de Castilla-La Mancha, llevamos más de 20 años trabajando para acercar la lectura y, especialmente, la literatura infantil y juvenil a los más jóvenes. Nuestra tarea como centro de investigación se ha orientado especialmente en la formación de mediadores (familias, maestros, bibliotecarios, educadores sociales, etc.) y en el desarrollo de materiales de promoción lectora, con los que hemos querido no solo acercar la buena literatura infantil, sino sobre todo lecturas que nos ayuden a leer el mundo. Muchos de estos materiales se han integrado con éxito en programas educativos y sociales con los que hemos querido invitar a los más jóvenes a reflexionar sobre la igualdad de género, sobre la importancia de desarrollar hábitos saludables y actitudes responsables, pero también a sobrellevar situaciones de violencia de género o acoso escolar. En estos años hemos podido comprobar a partir de nuestras investigaciones cómo la lectura y la literatura infantil pueden ayudar a superar situaciones difíciles, convirtiéndose en una herramienta excepcional de diálogo y reflexión.

Ilustración de Paco Roca para el Congreso “Sociedad y cultura letrada”

Dentro de nuestras actividades, con el objetivo de dar mayor visibilidad tanto a nuestras investigaciones como a las de los principales grupos e investigadores nacionales e internacionales, la organización de congresos y jornadas se han convertido en otra de nuestras líneas de actuación. Bajo el título “Sociedad y Cultura letrada” se celebraba en noviembre el último de nuestros encuentros hasta la fecha, en el que especialistas como Roger Chartier, Michèle Petit, Paolo Tinti, Elisa Yuste o Araceli García nos hacían reflexionar sobre la necesidad de acercar la lectura a los más jóvenes como una exigencia vital, entendiéndola como un arte que nos permite vivir lo cotidiano y que nos ayuda a conocer el mundo en el que estamos inmersos.

 

Número 19. 01.2020

En cualquier caso, la investigación se convierte en una herramienta clave para hacer evolucionar la ciencia y todas las áreas del saber. Por ello, desde el CEPLI hemos querido ofrecer a todos los investigadores vinculados con la lectura y la didáctica de la lengua y la literatura una herramienta de comunicación académica y científica. Con este objetivo se crea en 2005 Ocnos: revista de estudios sobre lectura, una revista científica accesible actualmente en acceso abierto y gratuito, que publica cuatrimestralmente investigaciones que presentan la lectura como denominador común, intentando dar una visión multidisciplinar e internacional. Con más de 20 números publicados se ha convertido en la publicación de referencia sobre estudios de lectura en el ámbito español y latinoamericano.
De esta forma la lectura y el acercamiento a los libros infantiles y juveniles están presentes en todas nuestras líneas de actuación, entendiendo que todos los profesionales vinculados con estas áreas debemos intentar facilitar a los niños, además de a sus familias, la posibilidad de leer el mundo, a partir de los textos, pero también desarrollando en ellos las estrategias y competencias necesarias para entender las relaciones sociales y los acontecimiento que nos tocan vivir desde la curiosidad y el pensamiento crítico. Los más pequeños en estos días de incertidumbre tienen hambre de libertad, por ello ofrezcámosles las palabras de la poesía y de las narraciones para poder viajar a ese lugar lejano dónde la imaginación y la fantasía les arropen cada noche, abrámosles las puertas de “El País de Nunca Jamás”.

Por Sandra Sánchez-García
Directora Técnica Biblioteca General del Campus de Cuenca
Secretaria Académica del CEPLI, Centro de Estudios de Promoción de la Lectura y Literatura Infantil
Universidad de Castilla-La Mancha
Orcid

Semblanza póstuma a la archivera Carmen Salas Larrazábal

Carmen Salas Larrazábal (Burgos, 1921 – Madrid, 2020)

Fuente: PARES (Portal de Archivos Españoles)

El pasado martes 24 de marzo, fallecía la archivera Carmen Salas en Madrid. Desde SEDIC nos queremos unir al dolor de su familia y de los archiveros en estos duros días de grandes pérdidas.

Carmen ejerció su profesión en una época donde el papel de la mujer en el mundo laboral era muy complejo ya que implicaba elegir entre vida personal o profesional. Carmen era Licenciada en Filosofía y Letras, Sección de Historia, por la Universidad de Madrid. Adquirió el Diploma de los Cursos de Formación Técnica de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos (1953). Asistió al I Congreso Iberoamericano de Archivos, Bibliotecas y Propiedad Intelectual (1951).

Entre 1950 y 1960 trabajó en el Archivo Histórico Nacional en la Sección de Consejos Suprimidos, en la que colaboró en el Catálogo de Títulos y Grandezas. Carmen fue miembro del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos desde el año 1961, desempeñó su carrera profesional en el Archivo General de Indias, su primer destino desde enero de 1961, posteriormente asumió la dirección del Archivo y la Biblioteca del Presidencia a partir de 1979, plaza que obtuvo en las resultas del concurso correspondiente tras el traslado de María Luisa Fernández Noguera a la Biblioteca y el Archivo de la Universidad de Zaragoza. A raíz de su ejercicio en dicho archivo publicó: El Archivo y Biblioteca de la Presidencia. 1812-1992. El Arte de Gobernar. Historia del Consejo de Ministros y de la Presidencia del Gobierno. TECNOS, Madrid, 1992. Págs. 250-271. Colaboró también en el Prólogo a la Guía del Ministerio del Interior de Pilar Serra Navarro. Ministerio de Cultura, 1981. Después de muchos años de labor continuada en dicho archivo se jubiló en el año 1986, tras cumplir 35 años de servicio público.

A pesar de su labor concienzuda y callada en una época de poco aperturismo de los archivos, dicha dedicación se muestra sobre todo en los agradecimientos de las investigaciones que se han publicado basados en fondos documentales de Presidencia. En uno de los pésames publicados en las redes sociales, concretamente de twitter de Archivos Estatales, se comentaba que su trabajo en el Archivo Central del Ministerio de la Presidencia sigue dando hoy sus frutos.

Carmen además ejerció como secretaria de redacción del Boletín de Archivos desde 1970, Boletín que es íntegramente consultable en las salas de la Biblioteca Nacional. El Boletín de Archivos fue el órgano de expresión de los Archivos, Bibliotecas y Museos en España durante el siglo XIX y XX. A través del Boletín vemos múltiples colaboraciones de Carmen, antes y durante su etapa de Secretaria del mismo. También participó como profesora en los Cursos de Organización y Administración de Archivos de la Organización de los Estados Americanos (OEA).

Aparte de su dedicación al mundo archivístico, Carmen poseía una gran humanidad y solidaridad al colaborar durante muchos años en las organizaciones de Cáritas y Manos Unidas, con su hermana Mary Salas, labor que siguió realizando incluso después de su jubilación.

Nos gustaría destacar algunos retazos de su vida familiar que permiten entender más su propia trayectoria profesional. Carmen, fue hija del militar Emerico Salas Orodea y de María Jesús Larrazábal Echeguren, familiar de monseñor Echeguren, obispo de Oviedo. Hermana de Ángel, Ramón, Jesús y Mary Salas Larrazábal. Sus tres hermanos al igual que ella destacaron en sus ámbitos profesionales y en el mundo de las letras. Ángel, Jesús y Ramón fueron militares destacados del ámbito de la aviación y sus hermanos Jesús y Ramón destacaron además como historiadores con una amplia bibliografía. Su hermana Mary Salas destacó por su labor como escritora, periodista, especialista en educación de adultos y pionera del laicado femenino español, además de ser la primera presidenta de la ONG Manos Unidas y de ser pionera en la lucha por la igualdad impulsado desde 1986 el Foro de Estudios sobre la Mujer que presidió.

Sit tibi terra levis, Carmen

Linked Open Data:

Carmen Salas en el Catálogo de autoridades de Pares

Hemana: María Salas Larrazábal

Hermano: Ramón Salas Larrazábal

Hermano: Jesús María Salas Larrazábal