Actualízate se renueva en su quinta edición

Hace cuatro años SEDIC quiso dar un paso adelante en la defensa de la profesión y la búsqueda de nuevos horizontes, esta vez adentrándose en el mundo universitario, ofreciendo a los alumnos la posibilidad de acercarse a la innovación y su aplicación en el mundo empresarial. Así arrancó, en colaboración con el Departamento de Biblioteconomía y Documentación de la Universidad Complutense de Madrid, Actualízate, un foro en el que empresas y estudiantes se dan cita para debatir sobre la gestión de la información y la documentación, en especial en torno a la innovación tecnológica

Con objeto de fomentar esta tendencia entre los universitarios, en el marco de la jornada se creó el Premio al proyecto universitario más innovador en el ámbito de la gestión de la información y la documentación, que, desde entonces, ha venido destacando aquellas iniciativas que, por una parte, resultan más innovadoras y, por otra, tienen una aplicación clara en el ámbito empresarial, premiando para ello los mejores trabajos de los estudiantes universitarios de facultades españolas (Trabajo Final de Máster o Trabajo Final de Grado).

Tras cuatro ediciones y un total de doce trabajos premiados, en las diferentes categorías que contempla el Premio, SEDIC y la Universidad Complutense han considerado necesario replantearse el formato y apostar por un marco de celebración aún más abierto en el que, además del mundo empresarial tome parte también el institucional, así como por la renovación de los temas abordados. La innovación en buscadores y comparadores, el tratamiento de datos, el trabajo desarrollado en archivos y bibliotecas… son algunos de los asuntos que se abordarán en esta quinta edición.

También cambiamos de fecha y Actualízate se traslada al mes de mayo. Será en ese momento cuando, durante el transcurso del encuentro, se convoque el premio que se entregará, en noviembre, en un marco incomparable: la Jornada de Gestión de la Información que, cada año, organiza SEDIC y en la que se dan cita profesionales de todas las disciplinas del sector.

Los premios, por último, también se renuevan y se ofrece a los tres ganadores una membresía a SEDIC, con la que se quiere fomentar el conocimiento de la entidad en el ámbito universitario, así como concienciar a los jóvenes de la importancia del asociacionismo para la representación de la profesión y la defensa de sus intereses. El ganador, además, obtendrá un premio de 500 euros y el segundo clasificado la matrícula en un curso de la Asociación.

 

Visita al Centro de Documentación de Música y Danza

En un precioso enclave, entre el Parque del Retiro y la plaza de Atocha, se ubica el Centro de Documentación de Música y Danza dependiente del INAEM (Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música), organismo perteneciente al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. El edificio de finales del XIX, diseñado por el arquitecto Mariano Carderera para ser la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, alberga, desde hace pocos meses, auténticos tesoros de la cultura musical y la danza del ámbito hispano, unos elementos culturales imprescindibles para el desarrollo de cualquier sociedad civilizada y que los ciudadanos y ciudadanas deberían conocer, valorar y respetar del mismo modo que se estudia inglés, matemáticas, lengua o historia.

El cielo plomizo del invierno madrileño no fue obstáculo para que un grupo de compañeros y profesionales de la documentación pudiéramos disfrutar de la visita rodeados de revistas, partituras (como el fondo del CDMC que estaba en el Museo Reina Sofía), libros, publicaciones extranjeras que refieren a artistas españoles, programas de festivales internacionales en los que se interpreta música o danza española, intérpretes u obras de otros países que han estrenado en España, legados como el de Alberto Lorca o fondos como los de la compositora María de Pablos y el bailarín Antonio Ruiz Soler.

Pilar Ledesma y Eugenio Gómez del Pulgar fueron nuestros cicerones y, desde aquí, nuestro más sincero agradecimiento por su atención y cariño, así como el reconocimiento a todos los profesionales de todo el departamento por la intensa y precisa labor que realizan, no exenta (como se pudo comprobar in situ) de dificultades por la ingente cantidad y variedad de materiales que pasan por sus manos, los vericuetos legales a los que tienen que hacer frente a la hora de manejarlos y las habituales e inexplicables carencias técnicas y humanas que se arrastran desde hace años en muchos servicios públicos como es este que visitamos.

Desde su creación en 1978, este centro de documentación –que nació con espíritu de servicio a los documentalistas– recopila, ordena y difunde todo lo relativo a la música y la danza, con una cuidada elaboración de bases de datos –de acceso abierto–, mantenimiento de fondos audiovisuales, servicio de referencia o edición de monografías entre otros servicios; además participa en instituciones tan importantes como la IAML (The International Association of Music Libraries, Archives and Documentation Centres) o AEDOM (Asociación Española de Documentación Musical) y gestiona, desde el año 2002, la Agencia Española del ISNM (International Standard Music Number), el “ISBN” de las publicaciones de música notada.

El acceso es libre y gratuito para cualquier persona interesada en investigar, visionar videos con fines didácticos o profesionales (los bailarines son asiduos a la hora de trabajar con las coreografías) o simplemente visitar sus instalaciones; durante la visita se incidió mucho en este aspecto, es decir que es un lugar muy poco conocido por la inmensa mayoría así que, desde este foro de SEDIC, aconsejamos vivamente a cualquier persona interesada que se acerque una mañana –desde las 9.00 h  – o incluso en horario de tarde hasta las 17.00 h, previa petición de cita – , para descubrir un mundo lleno de magia y pasión.

Otro hecho interesante es que tras el estreno de la web www.musicadanza.es las consultas on-line o a través de mail son cada vez más numerosas y el porcentaje de satisfacción en la respuesta y solución a las mismas, muy destacado. También el acceso virtual permite disfrutar de unas detalladas bases de datos que permiten recorrer, por ejemplo, los recursos de la música (festivales, cursos, auditorios, intérpretes…), los estrenos absolutos desde 1985 (en España o en el extranjero, de compositores españoles, de orquestas o intérpretes…), la bibliografía española musical desde 1991, los recursos de danza desde 1981 (cursos, compañías, estrenos…), las programaciones, festivales, documentación gráfica o las grabaciones del Centro de Tecnología del Espectáculo, así como los mapas del patrimonio musical y de danza.

Captura de pantalla de http://www.musicadanza.es/

El total de documentos ronda los 28.000, repartidos entre la sede de la calle Alfonso XII (monografías, partituras, publicaciones periódicas, fondos, donaciones…) y el de otro centro cercano, en la calle Argumosa, que alberga todo el material audiovisual. Según datos aportados por la propia institución, el catálogo de la Biblioteca se puede clasificar en siete tipos: monografías (5312 documentos), partituras (13521), efímera (376), grabaciones sonoras (6339), programas de mano (256), publicaciones periódicas (413) y videograbaciones (1948).

Decía Friedrich Nietzsche que “la vida sin la música es sencillamente un error, una fatiga, un exilio” e Isadora Duncan afirmaba que “danzar es sentir, sentir es sufrir, sufrir es amar; usted ama, sufre y siente: ¡usted danza!”. Personalmente añadiría que debemos seguir admirando y trabajando por estas tradiciones culturales que tanto nos transmiten y enseñan: ¡el Centro de Documentación de Música y Danza es un estupendo punto de encuentro para ello!

Socios de SEDIC visitan la Biblioteca del Ministerio de Agricultura. 20 febrero 2018

El Archivo y la Biblioteca  dependen del Ministerio de Agricultura según el reglamento, que establece su estructura,  publicado en 1902.

En 1908, aparece el Reglamento Interior de la Biblioteca de la Dirección General de Agricultura.

Actualmente la BIBLIOTECA se encuentra situada en la segunda planta del conocido Palacio de Fomento, situado en el Paseo de Infanta Isabel número 1. Es un edificio que data del siglo XIX. Su autor es el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco y está ubicado en el espacio que entonces ocupaba el Huerto del Botánico. Este detalle es importante por  los fondos históricos, documentos que proceden de esa época, actualmente conservados  en el Archivo.

La Biblioteca especializada en temas de agricultura, pesca, alimentación y fundamentalmente del desarrollo rural, contiene publicaciones desde 1604.

A la izquierda podemos ver un DETALLE de la escalera en la Sala de Lectura que da acceso a los libros conservados  en los tramos superiores.

Se accede  por unas fantásticas pero estrechas escaleras de caracol en hierro forjado de la época de construcción del edificio.

En el Palacio de Fomento, al estar declarado Bien de Interés Cultural, no se puede hacer ninguna intervención que facilite el acceso a la zona superior de la sala al personal que atiende las peticiones de los  lectores.

Este inconveniente es soslayado por el personal bibliotecario con sentido común y mucho cuidado por el riesgo de posibles caídas si no llevan un calzado adecuado.

ARCHIVO

En los dos archivos centrales del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, se custodian los documentos administrativos que transfieren los archivos de oficina de las distintas unidades del Departamento.

El Archivo Central del Área de Agricultura y Alimentación, aparte de las transferencias de documentos recientes, custodia documentación  anterior al siglo XX relativa a Pósitos, Agricultura y Montes y Aprovechamientos forestales, junto con gran cantidad de documentación administrativa fechada desde principios del siglo XX hasta nuestros días.  Esta documentación de incalculable valor histórico, actualmente en proceso de tratamiento archivístico en los depósitos de San Fernando de Henares.

En el Ministerio también existen Colecciones específicas de gran interés histórico como los archivos del Fondo Documental del Monte o los archivos de Vías Pecuarias.

Como todo el edificio, la singularidad y belleza de su biblioteca se enmarcan en un espacio que constituye un referente arquitectónico y bibliográfico de primer orden. Haber podido visitar algunas de sus áreas con la información y acompañamiento de los técnicos de dicho Ministerio, nos ha otorgado una visita muy esclarecedora de un fondo patrimonial de incalculable valor, no solo para los profesionales interesados en su conocimiento, sino también para toda aquella persona interesada en conocer una riqueza, muchas veces no suficientemente valorada, de la enorme importancia de nuestros campos y  costas y áreas marítimas propias.

Todo eso es lo que nos da esa situación de privilegio y primacía en el mundo en tantos epígrafes económico-agrícolas.

La página web del Ministerio ofrece visitas guiadas para conocer, incluso con visitas teatralizadas, el magnifico Palacio de Fomento.

Sobre la utilidad del Código de Ética

La existencia de un código deontológico, además de por lo que representa al promover la reflexión sobre los principios con los que los profesionales de la información pueden establecer políticas y afrontar dilemas, mejorar la autoconciencia profesional y proporcionar transparencia a los usuarios y a la sociedad en general, tiene para mí un valor específico en sí mismo, un trascendental montante suplementario en cuanto a la reafirmación que supone de una profesión. La identidad profesional es un tema muy recurrente en nuestro campo y contar con elementos de este tipo significa que la gestión y el acceso a la información representan  un papel relevante en la sociedad.

El marco ético de la profesión que nos ofrece la IFLA en el preámbulo de su “Código de ética de la IFLA para bibliotecarios y otros trabajadores de la información” ya rechaza explícitamente la censura y cualquier restricción en el acceso a la información. Ese documento formula normas y valores y regula un comportamiento del que ejerce la profesión. El problema está en que muchas veces es la organización, entidad o corporación a la que pertenece el profesional de la información, la que actúa contra los principios éticos del profesional. De ahí la importancia de que las bibliotecas y cualquier unidad de información haga todo lo que pueda por esmerarse en reproducir estos códigos éticos de manera personalizada. Los profesionales son responsables de convertir la deontología en un afán de la entidad en la que desempeñan su labor. Un ejemplo a seguir nos lo da la Biblioteca Universitaria de Valladolid, en cuya revisión en 2017 del código original de 2013, introduce como disposición final la pauta de renovar de manera permanente el documento como garantía de la validez del mismo.

En esta tarea de generación de documentos deontológicos, los profesionales cuentan, como no podría ser de otra manera, con la colaboración y, si lo desean, con las propuestas aportadas por las asociaciones profesionales como SEDIC. El “Código deontológico de SEDIC” fue una de las primeras manifestaciones formales, dentro del estado español, en este campo. El fruto de una labor muy bien articulada por el grupo de trabajo sobre ética creado a propósito, e integrado por profesionales y académicos.

Además de estos dos argumentos, la reafirmación de la profesión y la necesidad de replicar las normas deontológicas de manera particular, quisiera señalar una manifestación más del valor de los códigos, y es en todo lo que se refiere a los derechos de autor.

La defensa de la propiedad intelectual es cada vez más trascendente, por la llegada del entorno digital. A través de los códigos deontológicos los profesionales ponemos continuamente el foco en la necesidad de que los políticos actúen y los derechos de autor se regulen de acuerdo con los tiempos, y sean sensibles  a la falta de un equilibrio que de seguridad a todos los agentes implicados: creadores, bibliotecas y usuarios.

Os propongo daros una vuelta por este espacio del sitio web de IFLA: “Código de Etica Nacionales para bibliotecarios”, donde encontraréis decenas de muestras de códigos de ética profesiones para bibliotecarios, buscad la inspiración… en esos textos y en nuestro querido Forges.

 

Bibliografía recomendada:

CÓDIGO DE ÉTICA DE LA IFLA PARA BIBLIOTECARIOS Y OTROS TRABAJADORES DE LA INFORMACIÓN. IFLA. Disponible en: https://www.ifla.org/files/assets/faife/codesofethics/spanishcodeofethicsfull.pdf. [Consulta: 28.02.2018]

Rodríguez-Yunta, Luis (2014). “Dos códigos deontológicos globales para profesionales de información y documentación: IFLA Y SEDIC-FESABID”. Anuario ThinkEPI, v. 8, pp. 59-63. Disponible en: http://digital.csic.es/bitstream/10261/98845/1/059-063_Rodriguez-Yunta.pdf. [Consulta: 28.02.2018]

Pérez-Salmerón, Gloria (2014). “Las bibliotecas y su necesidad de protección ante los derechos de autor”. Anuario ThinkEPI, v. 8, pp. 126- 131. Disponible en: https://recyt.fecyt.es/index.php/ThinkEPI/article/viewFile/29566/15675 [Consulta: 28.02.2018]

SEDIC – Asociación Española de Documentación e Información (2013). Código deontológico de la SEDIC. Disponible en: https://www.sedic.es/codigo_deontologico_sedic.pdf [Consulta: 28.02.2018]

Bibliobuses: las mil y una anécdotas

El pasado día 7 de febrero, SEDIC ofreció una visita profesional a las instalaciones de Bibliobuses de la Comunidad de Madrid. la directora del Servicio, fue la cicerone y habló del trabajo que allí se desarrolla y lo que supone esta extensión bibliotecaria que se inició en 1986 bajo el mandado del entonces presidente de la Comunidad, Joaquín Leguina.

Toda la información recibida fue muy valiosa, sin embargo, mi interés se centró en el equipo humano; por eso, sirvan estas líneas para rendir mi particular homenaje a todos los profesionales del Servicio.

Cuando entré en las dependencias de Bibliobuses, sitas en la Av. Laboral, nº 11 (Madrid), la sensación que percibí fue la de taller de ilusiones, donde los diversos profesionales se mueven como laboriosos duendecillos por las oficinas, el depósito, el hangar y las salas de la gran nave. Nadie les ve, pero su actividad no cesa en pos del beneficio social de acercar la lectura allí donde los usuarios lo necesitan.

La plantilla de Bibliobuses está formada por treinta y nueve profesionales entre bibliotecarios y conductores, un auxiliar administrativo, un auxiliar de servicios generales y un jefe de equipo de los bibliobuses. En cada bibliobús sale un conductor y un bibliotecario para cubrir los 13 bibliobuses con que cuenta el Servicio,  más dos conductores suplentes y tres bibliotecarios suplentes.

Los bibliobuses tienen un total de 177 paradas (entre una y tres paradas cada día) y recorre un total de 119 municipios de la Comunidad de Madrid; incluido Madrid capital, considerada como un municipio más, donde se visitan 16 distritos y se efectúan 40 paradas, que traducido todo a medida de longitud, el viaje con retorno incluido, supone muchos kilómetros.

Villamanta es un municipio donde el bibliobús realiza su visita

 La excelencia del Servicio de Bibliobuses es conocida y reconocida, pero poco se sabe de las andanzas de los bibliotecarios. El día a día puede convertirse, a veces, en algo poco llevadero a causa del clima, pues por muy bien acondicionadas que están los bibliotecas móviles es inevitable que el frío y el calor les afecte; o del entorno, pues por bien ubicadas que estén las paradas, los aseos no siempre están cerca. O también, por muy acogedores que sean los municipios y distritos, y amables los usuarios, es inevitable que los bibliotecarios lleguen a estar desbordados por las necesidades de los mismos, olvidando sus propias necesidades, a bastante distancia de la unidad central del Servicio.

Por fortuna los bibliotecarios no van solos. Los conductores de los bibliobuses son sus compañeros de viaje, siempre pendientes del tráfico, la climatología y de cada ruido que emiten los motores de las bibliotecas móviles. Sin el visto bueno de los conductores y del jefe de equipo, en cuanto a estar todo en orden para realizar los desplazamientos rutinarios y exitosos, las  unidades móviles no pueden salir, por lo que se puede decir que son una parte muy importante del Servicio de Bibliobuses.

Sea como fuere, tanto trabajo, tantas horas, tantas rutas, dan para escribir un libro que bien podría titularse Bibliobuses: las mil y una anécdotas. Animo a ello, pues estoy segura de que siguiendo a Ranganathan en cuanto “a cada lector su libro” y “a cada libro su lector”, lectores y usuarios apreciarían todavía más la labor de los profesionales desplazados “que les ahorran tiempo” y les animan a “usar los libros”. Y es que “la biblioteca es un organismo en crecimiento”, pero quien la hace verdaderamente grande son las personas que trabajan en ella, en este caso, en el Servicio de Bibliobuses de la Comunidad de Madrid.

 

 

Los comparadores y la Documentación

La Documentación es más conocida por su vinculación al entorno bibliotecario y archivístico, que por su directa relación con los servicios de información en la nube que están transformando la economía digital y que nos hacen la vida más fácil. Es el caso de los comparadores. ¿Quién no ha usado el famoso comparador de hoteles, vuelos, seguros, viajes…? Probablemente se piense que son aplicaciones que nada tienen que ver con la Documentación, pero eso no es cierto. Si aprendemos su método de funcionamiento, observaremos que tales programas realizan tareas de consulta, tratamiento, almacenamiento y gestión de la información, similares a las que realizaría un bibliotecario con una colección bibliográfica. Pero, diseccionemos mejor el objeto de este artículo, “los comparadores”.

Un comparador es un programa diseñado para recolectar información sobre un determinado “ítem” u objeto, que consta de unas propiedades informativas y descriptivas concretas, que pueden ser en mayor o menor medida enfrentadas o comparadas cuantitativa o cualitativamente. Por regla general, el objetivo es obtener el precio de un mismo producto en distintos sitios web, o fuentes de información, con el fin de determinar el proveedor más económico. Sin embargo, esta técnica también puede emplearse para comparar libros, artículos, catálogos bibliográficos, recursos de información… lo que convierte a los comparadores en verdaderos buscadores, altamente especializados. Pensemos por un momento que se pudieran comparar las distintas ediciones de un libro y señalar sus diferencias, o bien entre dos o más artículos científicos, identificar sus influencias temáticas, comparar sus referencias bibliográficas y aparato crítico, extensión, palabras clave, conclusiones, o bien comparar la composición bibliográfica de un catálogo en relación al de otras bibliotecas. Ello representa una mínima parte de lo que se puede hacer sólo en el sector bibliotecario. En el sector mediático, podría compararse una misma noticia en los distintos medios de comunicación, determinarse la orientación de la misma a través de sus palabras clave, el análisis de sentimiento e incluso relacionarla con los eventos económicos. Si lo indicado hasta ahora, ya resulta interesante, podemos afirmar que la capacidad para comparar los datos, la información y la documentación son la antesala de la verdadera inteligencia artificial. Dicho de otra forma, una inteligencia artificial compleja es aquella capaz de medir y obtener datos, compararlos y establecer relaciones complejas de forma predefinida, aleatoria o por medio de técnicas de aprendizaje automático. En la práctica, esto ha supuesto que existan programas autónomos capaces de invertir en bolsa, tomar decisiones sobre el tráfico de una ciudad, gestionar puertos y aeropuertos, organizarnos un plan de ocio para el fin de semana, programar un viaje e incluso simular la toma de decisiones gubernamentales según el factor geopolítico y económico. Cuanta mayor es la capacidad para comparar, mayor es el conocimiento de causa y mejores decisiones se pueden tomar.

Ahora bien ¿Cómo funciona un comparador? En primer lugar, se determinará el objeto de comparación. Un “ítem” que figure en diversas fuentes de información o catálogos. Al estar presentes en la web, constan de una estructura HTML que puede ser analizada mediante un programa, denominado “parser”, que rastrea el contenido en el que estamos interesados. Este programa se encarga de extraer toda la información, organizarla y almacenarla en la base de datos. A esta operación, se la puede denominar minería de datos y es fundamental para dotar de una base de conocimiento al programa comparador. La capacidad para identificar los datos e informaciones es clave para realizar operaciones más complejas. Por ejemplo, puede diseñarse un programa parser que consulte una lista de libros a partir de su código ISBN en el catálogo OPAC de una biblioteca y, además, sea capaz de extraer sus campos de descripción, título, autor, editorial, fecha, materia, descripción física, precio, etc. Pero el programa puede mejorarse si utiliza estos datos para realizar una búsqueda más avanzada en los catálogos comerciales, comparando el precio del libro, la edición, o las distintas editoriales que han publicado una obra en particular. En cualquier caso, la información obtenida por los programas parser es registrada mediante consultas SQL, en bases de datos como MariaDB, MySQL, PostGree SQL, Oracle, et.al. Las bases de datos disponen de tablas con una estructura específicamente diseñada para alojar cada dato e información obtenida. Por regla general, albergan capacidad para registrar resultados de búsqueda para un ítem en distintos catálogos, haciendo efectiva cualquier comparación.

Completada la fase de recopilación y minería, el siguiente paso es la fase de inteligencia comparativa, en la que se tiene un programa de comparación, encargado de procesar las consultas del usuario sobre un “ítem” cualquiera, presente en la base de datos. En este punto, se aplican los métodos de recuperación de información para una búsqueda eficaz de los contenidos demandados y, por otra parte, los algoritmos de discriminación y ordenación de resultados según economía, compleción, grado de actualización o adecuación a las necesidades del usuario. Ello puede diseñarse en lenguajes de programación como PHP, con los que establecer el comportamiento, reglas y condiciones de la comparación, así como la identificación de características añadidas mediante reconocimiento por patrones. El resultado de la comparación suele ser una tabla ordenada en la que se destaca el ítem más adecuado en torno a los puntos de comparación indicados por el usuario. Por ejemplo, si se trata de comparar un libro, qué edición proporciona más ilustraciones, cuál tiene mejores críticas, cuántas referencias bibliográficas, aparato crítico. En el caso de los portales de recursos multimedia o “stockfootage media”, qué repositorio gráfico proporciona mejores precios, condiciones de acceso y uso, cuántas imágenes o recursos pueden utilizarse, con qué resoluciones, calidad, etc. Otro hipotético caso, las licitaciones públicas, pueden ser tratadas con el mismo principio. Qué empresa proporciona mejor precio, materiales, qué aspectos del contrato o checklist cumple y cuáles no, cuál es el número de incidencias que tuvo esa empresa, retrasos, contratos cumplidos en tiempo y forma, datos de la empresa, en relación a otras del sector. Otros ejemplos; la comparación de precios de materias primas, commodities, datos fiscales de empresas por sectores, la publicación científica a nivel macro y micro, comparación de patentes y modelos de utilidad, análisis automático de plagios, etc.

En conclusión, los comparadores son una herramienta esencial para convertir la Documentación en una ciencia para la transformación y aprovechamiento inteligente de la información. Nos enfrentamos a un reto sin precedentes, en el que nuestros profesionales tendrán que adaptarse al cambio de paradigma. La actitud proactiva y la capacidad creativa serán el principal valor diferencial, que marcará el desarrollo de modelos de información más eficientes. La información y los contenidos ya se encuentran disponibles en la Web y sólo es necesario aprender la forma de aprovecharlos, organizarlos y relacionarlos para generar nuevos servicios de información. En este sentido el documentalista deberá convertirse en un perfil altamente cualificado con conocimientos de Documentación y Biblioteconomía, pero también y especialmente, en programación orientada a objetos, web dinámica, bases de datos relacionales, recuperación de información, desarrollo de buscadores, minería de datos, procesamiento y clasificación automática de textos, sin olvidar conocimientos en gestión y administración de empresas, desarrollo de servicios web, desarrollo Frontend y Backend, metrías y estadística. Las oportunidades en este contexto son enormes y queda de nuestra parte hacer lo necesario para aprovecharlas.