Fonografía, patrimonio y memoria sonora

La exposición Máquinas parlantes: el arte de atrapar el sonido propone un recorrido por los orígenes de la grabación y reproducción sonora, reivindicando un patrimonio que, durante mucho tiempo, ha sido menos visible que otros tipos de documentos: los registros sonoros y las máquinas que hicieron posible su existencia.

Comisariada por Áurea Domínguez y María Jesús López, la muestra aborda la fonografía no solo como un avance tecnológico, sino como un fenómeno cultural, social y documental que transformó profundamente la forma de conservar y difundir la voz, la música y los sonidos del mundo que nos rodea.

Desde el ámbito de la información y la documentación, esta propuesta resulta especialmente relevante porque invita a considerar el sonido como objeto documental, con características propias y con problemáticas específicas en su identificación, descripción, conservación y acceso.

Figura 1. Biblioteca del Parlament

El sonido es un documento con entidad propia, condicionado por su soporte, su contexto y sus formas de conservación.

El nacimiento de las máquinas parlantes

Desde finales del siglo XIX, la aparición del fonógrafo y, posteriormente, del gramófono, marcó un punto de inflexión en la historia del sonido. Por primera vez, la palabra hablada y la música podían fijarse en un soporte, reproducirse y circular más allá del momento de su interpretación. Estas máquinas parlantes inauguraron una nueva relación entre tecnología y cultura, abriendo el camino a la industria discográfica y a nuevas formas de consumo sonoro.

La exposición permite acercarse a estos dispositivos desde una perspectiva histórica y material, mostrando su funcionamiento, su evolución técnica y su impacto en la vida cotidiana. Desde esta mirada, los objetos expuestos no se presentan como meras piezas de museo, sino como documentos que hablan de una sociedad en transformación.

En paralelo, la muestra insiste en una idea que conviene subrayar: hablar del sonido también es hablar de los dispositivos que lo hacen posible. La manera en que escuchamos está ligada a cómo lo hemos podido guardar. Del cilindro de cera al archivo digital, cada formato ha cambiado la tecnología y también la experiencia cultural de la escucha.

Preservar registros sonoros implica preservar memoria cultural, social y lingüística.

Sonido, consumo y cultura visual

Uno de los ejes de la muestra es el análisis del consumo sonoro y de la importancia de la publicidad en la difusión de estas nuevas tecnologías. A través de anuncios y materiales gráficos, se muestra cómo el fonógrafo y el gramófono se integraron en los hogares y cómo se construyó un imaginario en torno a la escucha doméstica y al ocio sonoro en la España de principios del siglo XX.

Este enfoque resulta especialmente interesante desde el punto de vista documental, al evidenciar la relación entre los registros sonoros y otros tipos de documentos —gráficos, textuales y fotográficos— que contribuyen a contextualizar y enriquecer su interpretación.

Las máquinas parlantes permiten entender cómo la tecnología transformó nuestra forma de escuchar y de conservar el sonido.

El patrimonio sonoro como documento

El recorrido de Máquinas parlantes: el arte de atrapar el sonido se estructura como una invitación a comprender el sonido desde múltiples perspectivas. A lo largo de la exposición, el visitante transita desde los primeros dispositivos de grabación y reproducción —fonógrafos, gramófonos y sus registros— hasta los contextos sociales, culturales y comerciales que hicieron posible su difusión y uso.

Las distintas secciones permiten aproximarse a la tecnología de la grabación, a los modos de consumo sonoro y a la construcción de un imaginario visual y publicitario en torno a las máquinas parlantes. Al mismo tiempo, el recorrido pone el acento en las colecciones sonoras, tanto institucionales como privadas, y en la diversidad de contenidos conservados en cilindros de fonógrafo y discos de surco ancho que conservan voces, músicas populares, discursos y testimonios que constituyen una fuente esencial para el estudio de la historia cultural, musical y social.

Llegados a este punto, resulta útil subrayar que preservar el sonido implica preservar memoria. Las grabaciones sonoras recogen matices de la voz, modos de hablar, formas de expresión y prácticas musicales que reflejan contextos sociales y culturales concretos. Al igual que sucede con otros patrimonios especialmente vulnerables, su conservación requiere unir saber técnico, rigor documental y un compromiso institucional sostenido.

La gestión del patrimonio sonoro plantea retos específicos en identificación, conservación, digitalización y acceso.

Colecciones, custodia y retos profesionales

La exposición concede un papel central a las colecciones de registros sonoros y máquinas parlantes, reuniendo fondos institucionales de la Biblioteca Nacional de España junto a materiales procedentes de la Biblioteca de la Comunidad Autónoma de Madrid, el Museo Etnográfico Joaquín Díaz, Eresbil (Archivo Vasco de la Música), el Museo de la Escuela de Ingenieros de Telecomunicaciones, el Museo de Ingenios Musicales, el Museu de la Música, el Museo del Traje y la Colección Luis Delgado, así como colecciones privadas de gran valor histórico, entre ellas la de Áurea Domínguez, José Luis Mur, Carlos Martín Ballester y Pedro Martínez, cuyas colecciones y trabajos han contribuido de forma decisiva a la preservación y estudio de este patrimonio.

Desde la perspectiva de la documentación, la muestra subraya la complejidad del qué y el cómo en las grabaciones fonográficas, así como los retos asociados a su conservación, catalogación y acceso. El sonido se reivindica, como un documento con entidad propia, cuya gestión requiere conocimientos técnicos específicos y una mirada interdisciplinar.

En la práctica profesional diaria, estas cuestiones se concretan en tareas muy específicas que atraviesan todo el ciclo de gestión del documento sonoro. Implican identificar y describir adecuadamente los distintos soportes y ediciones, atender a sus características técnicas y a su estado de conservación, aplicar medidas de conservación preventiva que tengan en cuenta la fragilidad de los materiales, el desgaste derivado de la reproducción y las condiciones ambientales, y definir criterios claros para la digitalización y la restauración que garanticen la trazabilidad, la calidad y la correcta diferenciación entre copias maestras y de consulta. A todo ello se suma el reto de facilitar el acceso y la difusión sin poner en riesgo la preservación, aportando además el contexto necesario para que los sonidos puedan ser comprendidos. Al vincular de manera explícita el aparato con el registro, la exposición ayuda a visibilizar una idea fundamental: el documento sonoro no es únicamente un contenido, sino también un soporte y una cadena de mediaciones técnicas y culturales.

Bibliotecas, archivos y museos desempeñan un papel clave en la custodia y transmisión de la memoria sonora.

Infancia, coleccionismo y nuevas sonoridades

Otros ámbitos abordados en la exposición amplían la mirada sobre la fonografía y su impacto social: la relación entre infancia y sonido, el coleccionismo como forma de preservación de la memoria sonora o la aparición de nuevos paisajes sonoros vinculados a los cambios sociales y tecnológicos.

Estos enfoques contribuyen a construir un relato plural en el que el sonido se entiende como parte de la vida cotidiana, pero también como patrimonio cultural que merece ser estudiado, conservado y difundido.

Un proyecto expositivo y editorial

Máquinas parlantes: el arte de atrapar el sonido se acompaña de un catálogo que reúne textos de especialistas en fonografía, patrimonio sonoro y colecciones, así como un catálogo fotográfico de las piezas expuestas, elaborado por las propias comisarias. Esta publicación refuerza la vocación investigadora y divulgativa del proyecto, ofreciendo herramientas para profundizar en los contenidos de la exposición

Para los profesionales de la información y la documentación, esta iniciativa resulta especialmente relevante, ya que pone de relieve la importancia de los registros sonoros como documentos y su papel en la construcción de la memoria colectiva. La exposición invita, en definitiva, a escuchar el pasado y a reflexionar sobre cómo conservamos y transmitimos los sonidos que forman parte de nuestra historia.

Reconocer el valor documental del sonido implica ampliar la mirada más allá del documento escrito y asumir una concepción más rica y diversa del patrimonio. Escuchar el pasado, comprender sus soportes y contextualizar sus usos es también una forma de garantizar su conservación y preservarlo para el futuro.

Los socios de SEDIC visitaron la exposición el pasado 22 de enero.

Áurea Domínguez

Academia de la Música de Basilea, Universidad de Ciencias Aplicadas y Artes del Noroeste de Suiza (FHNW)

María Jesús López

Biblioteca Nacional de España, Servicio de Documentos Sonoros y Audiovisuales

Comisarias de la exposición Máquinas parlantes: el arte de atrapar el sonido